Bochorno opositor
Bochorno opositor U na jornada para el olvido vivió la oposición ayer en el Congreso, dejando como saldo graves interrogantes sobre su capacidad de ejercer una acción política eficaz y ofrecer gobernabilidad al país. El día partió en la Cámara de Diputados con el fracaso de la acusación constitucional presentada por parlamentarios de Chile Vamos y Republicanos en contra de la exministra Maya Fernández. Así, por séptima vez, un libelo promovido por diputados opositores en contra de una autoridad o exautoridad de este gobierno terminó siendo rechazado por la Cámara. Siempre podrá discutirse respecto de la solidez de cada una de esas acusaciones y de las razones que llevaron a su fracaso, no necesariamente vinculadas con su mayor o menor fundamento.
El punto es que, al insistir sin éxito una y otra vez, se banaliza una poderosa herramienta constitucional y se deja en evidencia un actuar estéril, que tensa el funcionamiento de las instituciones sin lograr resultados políticos. Más aún, y muy contrario a los objetivos buscados por sus impulsores, estas acusaciones han terminado entregándole sucesivos triunfos al Gobierno y a menudo fortaleciendo la situación de quienes se quería cuestionar. Mucho más complejo es sin embargo lo que ocurrió en la tarde de ayer al elegirse la nueva mesa del Senado.
La oposición, pese a tener --gracias a los votos de Demócratas-lo que en teoría era una sólida mayoría, no logró imponer a su candidato para la testera, el senador Felipe Kast (Evópoli). Lo insólito es que la derrota le fue propinada por otro parlamentario de Chile Vamos, el RN Manuel José Ossandón, quien negoció el apoyo oficialista a cambio de llevar como compañero de fórmula al PPD Ricardo Lagos Weber. Es difícil imaginar un mejor ejemplo de personalismo extremo, que privilegia un interés individual aun al costo de causar una dura derrota a su propio sector. En los días previos, Ossandón había anticipado lo que haría, argumentando la inexistencia de acuerdo alguno que lo comprometiera a votar por Kast. Haya sido así o no, no era ese el punto relevante, sino el hecho de que su partido y el resto de las colectividades opositoras habían tomado la decisión de respaldar al senador de Evópoli. La política es esencialmente una acción colectiva y demanda de sus actores anteponer el interés común por sobre aspiraciones particulares, por legítimas que sean. En lugar de ello, el senador Ossandón optó por actuar individualmente para conseguir el cargo que buscaba. Y tan inexcusable como su actuación fue la de otros parlamentarios opositores que, movidos ya sea por malentendidas lealtades o por oscuros resentimientos, le entregaron al congresista RN votos que fueron decisivos. Llama particularmente la atención que uno de esos apoyos haya sido el de la senadora Aravena, hoy militante de republicanos, pero que llegó a la Cámara Alta arrastrada por la votación de Kast. El resultado ha sido la conformación de una mesa que parte debilitada, sustentada no en un acuerdo político, sino en una negociación personal, y sostenido su presidente en el respaldo de sus adversarios. Cómo afectará esto la conducción de Ossandón cuando se produzcan situaciones de tensión es una pregunta abierta. Él ha prometido una gestión ecuánime. Por el bien de la institucionalidad, es de esperar que así sea. Con todo, el senador inicia su presidencia habiéndole infligido un grave daño al resto de la oposición y arriesgando sentar un peligroso precedente. Producto de su actuación, un sector político que aparece como favorito para ganar la elección presidencial se ha mostrado incapaz de hacer efectiva la mayoría de la que en principio goza en la Cámara Alta. Inevitable es que ahora la ciudadanía se pregunte qué gobernabilidad pueden ofrecer quienes, siendo oposición, no logran dominar sus ambiciones ni ordenarse en torno a un objetivo común. Se suponía que el sector había aprendido la lección de lo vivido por el Presidente Piñera en su segundo gobierno, cuando parte de su propia coalición le restó apoyo en momentos decisivos. Hoy, ese recuerdo vuelve a emerger.
Los próximos meses serán determinantes en mostrar si lo ocurrido es el signo de un problema mayor o si la oposición logra entender que la responsabilidad de ofrecerle una alternativa política a Chile impone a todos el deber de una mínima disciplina. Ossandón inicia su presidencia habiéndole infligido un grave daño a la oposición y arriesgando sentar un peligroso precedente..