Editorial: Diplomacia cómoda y autoindulgente
Editorial: Diplomacia cómoda y autoindulgente na, pero en realidad es un ejemplo de diplomacia cómoda y autoindulgente. En el caso de Chile, Gabriel Boric y su canciller, Alberto Van Klaveren, se erigen como portavoces de principios que se diluyen frente a la urgencia de la crisis.
Mientras hablan con solemnidad de respeto a la soberanía y de procesos pacíficos, omiten que la inacción y la neutralidad también son formas de intervención, cuyos efectos recaen sobre millones de venezolanos que sufren hambre, represión y deterioro institucional.
Peor aún, el régimen de Maduro es acusado de asesinar y enterrar al exteniente Ojeda en suelo patrio, expulsó al exembajador Gazmuri, nunca ha colaborado con Chile en la gestión del creciente problema migratorio y desafia constantemente a nuestras autoridades. Estos hechos evidencian que la retórica de Boric y Van Klaveren no se traduce en defensa de la seguridad, en protección de los derechos humanos o en el interés nacional.
La condena a las acciones estadounidenses suena más a gesto ideológico que a propuesta seria; critican el "control externo" de recursos estratégicos, pero guardan silencio frente al saqueo sistemático, la corrupción endémica y la represión brutal. Su insistencia en que "únicamente un proceso político inclusivo liderado por los venezolanos" puede resolver la crisis resulta un elegante mecanismo de evasión. El énfasis en la "unidad regional" y en que América Latina es una "zona de paz" termina sonando vacío. La política exterior chilena, respaldada por Van Klaveren, prioriza la corrección diplomática sobre la defensa tangible de derechos humanos. Mientras Chile exhibe buena conciencia y marca distancia frente a EE.UU., los venezolanos pagan el costo de una moderación que se traduce en complicidad con el statu quo. Boric y Van Klaveren presentan tal moderación y diálogo como virtudes, pero su prudencia se lee como indiferencia frente al desastre humanitario. La retórica sin acción concreta no salva vidas; solo consolida la impresión de que la diplomacia chilena prefiere los comunicados elegantes a soluciones efectivas, convirtiéndose en un espectáculo de principios sin impacto real.
L a declaración de Brasil, Chile, Colombia, España, México y Uruguay sobre la detención de Nicolás Maduro y su esposa pretende mostrarse como un gesto de apego al derecho internacional y la soberanía venezola-. Entre declaraciones solemnes y moderación, Chile evita enfrentar la tragedia venezolana, mostrando que la prudencia puede llegar a ser indiferencia. E Editorial