Autor: POR JORGE SALOMÓ FLORES, HISTORIADOR
Columnas de Opinión: Valparaíso, el regreso del cine
Columnas de Opinión: Valparaíso, el regreso del cine Selo funcionando de maneraregular las salas “Insomnia Condell”, en un esfuerzo digno de elogio por el romanticismo que impulsa asus gestores. Ahora, laciudad recibe una noticia positiva, con la apertura de cuatro salas de Cineplanet en el Mall Paseo Ross. trata de una gran responsabidad por lo que implica devolver el séptimo arte al porteño.
Los caramelos y golosinas comolos “Sueño Dorado”, las gomitas de fruta, los dulces de miel, menta, anís y licor, son reemplazados por cajas de pop corns y promociones, apostando a revitalizar el interés del público por gozar dela pantalla grande, los efectos de sonido y ambiente, yla llegada de títulos que incluyen exitosas piezas remasterizadas para darles el aggiornamento exigido porla gente.
Puede ser una señal de optimismo que permitarevitalizar el ánimo porteño y devolver el culto que fomentaronrecordadas personas co-OmmidvarmoFarhadi, Elba Gatica, AldoFrancia, Natalio Pellerano, Or-lando Walter Muñoz, oapartir delos años noventa con Poldy Valenzuela y Alfredo Barría, entre tantos que incentivaron la admiración por lacinematopes grafía. Abdullahmente en su casco antiguo. Sin duda, leseguía Valparaíso, que promovía la programación en la prensa y con letreros, afiches, carteleras y vitrinas, queincluían frases como “Pronto”o “Próximo Estreno”... algunos no llegaban nunca. El conteni do paraniños seofrecía principalmente en los cines Metro, Velarde y Valparaíso. Las censurasjuveniles llegaban al Brasilia y al Real, los continuados al Rialto, Imperio y Victoria. Condell, Central y Pacíficorecibían de preferenciafilmes para mayores de edad. Los continuados enel cine Lux, enelentorno de Plaza Echaurren, y en elcineChile, incluían películasde contenido erótico que despertaban los primeros descubrimientosen la pubertad. La proliferación de video clubesen la década del ochenta y los sistemas de televisión por cable con canales exclusivosde películas, anunciabanel fin delas salas cinematográfitener sócas. Valparaíso llegón los años de infancia yValparaisoE Juventud, tuitas en universidadeso en dependencias reducidas pero acogedoras como el InstitutoChileno Francés, el Goethe Institut o el Chileno Norteameri-cano.
Las películas para “todoespectador” permitían disfrutar de lamatiné o la vermouth con estrenos de Disney y cintas de acciónsla clasificación poredades distinguía filmes para mayores de 14 y 18 años, con conla etapa tenidos orientados a adolescente y juvenil respectivamente; finalmente, la censura más rigurosa se aplicaba a aquellas que autorizaban para 'mayores de 21 años. Las radios en frecuencia onda larga sorteaban invitaciones que servían de propaganda. Existían funcionescontinuadas popula: res, que habitualmente se dedicaban a las cintas de western mexicanos. Un gong grabado anunciaba el comienzo de la jornada, seguido de un cortoinformativo con una voz nasalinconfundible: “El mundo al instante”. Luego, un breve alto parala llegada de los especta-dores atrasados. Los cortes decinta provocaban la rechifla y el pataleo. Altérmino de la función, muchos de losasistentes aplaudían siel filme agradab: Santiago lideraba los reci tos dedicados alcine, especial-ofrecía muchas salas de cine. En el pasaje Quillota quedanlos restos en ruina del popular Cine Chile; desde el Cerro Lecheros se puede observar parte de sus instalaciones, arrasadas por terremotos e incendios. En calle Victoria, entrecalles San Ignacio y Francia, funcionó el Cine Rivoli.
Enavenida Pedro Montt proliferaban seissalas importantes: Velarde enlaza O'Higgins; Metro frente al Parque Italia en esquina con calle Freire; Imperio y Victoria, en la vereda norte entre calles Rodríguez y Las Heras; Brasilia y Real, en la cuadra siguiente, entre Las Heras y Carrera.
Laruta de película porteña llegaba a la gran sala Valparafso, alos pies del cerro Espíritu Santo dominando el sur dela Plaza Victoria; Condell, en la galería del mismo nombre en el paso de El Almendral a Bellavista; Central, en la galería Prat; Lux y Pacífico, en el bario Puerto. A estas salas se sumabanaalgunas enloscerros de la ciudad: en Playa Anchael Iris y el Odeón, el Teatro Mauri en Bellavista. El cambio de sistema de registro, del carrete de celuloide al Betamax y al VHS, incentivólas proyecciones gra-. ALFREDO LARRETA.