Autor: Joaquín Trujillo Investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP)
COLUMNAS DE OPINIÓN: Medea y los veraneantes
COLUMNAS DE OPINIÓN: Medea y los veraneantes OPINIÓN Medea y los veraneantes Porlo general, se habla delasvacaciones desdeel punto de vista de los invasores, quienes salen de viaje y llegan a algún lugar, sea la cordille ra, el mar, el valle central, los lagos o ríos del sur, los desiertos luminosos del norte. Poco se habla de los invadidos, quienes ven larelativa paz(sí, relativa, pues nunca lo es del todo, menos ahora) interrumpida. Los veraneantes se mueven en grandes grupos que transforman esos lugares.
Sus lugareños muchas veces se quejan, pero también gustan comprobar que ellos mismos, pese a las molestias, disfrutan durante todo el año de un lugar sobre la Tierra que tantos envidian y al que corren apenas pueden. Por lo mismo, cuando en marzo Por lo mismo, cuando en marzo los visitantes, por no llamarlos otra vez invasores, se retiran, regresan ajetreados a sus mundos de trabajo, los localessienten una cierta nostalgia. Claro está, muchos de ellos lo negarán: ¡ Jamás extrañaremosa gentetanruidosa! Es posible, La mitología griega habla de una mujer llamada Medea. Su caso es famoso en los catálogos de patología psiquiátrica porque ella mató asus hijos para vengarla infidelidad de Jasón, el padre delos mismos. Pocose habla, en cambio, de ella en un caso menos dramático. Su situación antes de su crimen. Medea fue también la que acogió a visitantes, los argunautas, que eran liderados porJasón. Ella se enamoró de él y le colaboró en el robo del vellocio deoro, una piel de carnero sagrada que pertenecía al rey de aquellos territorios.
Pues bien, si no fuera por ese acto criminal que la hizo famosa, Medea lo habríasido simple, aunque tal vez "Cuando en marzo los visitantes, por no llamarlos otra vez invasores, se retiran, regresan ajetreados a sus mundos de trabajo, los locales sienten una cierta nostalgia". discretamente, como la anfitriona y hospitalaria mujerde un lejano destino turístico. Así, cada vez que seretiran los visitantes, una Medease quedará pensando en ellos, en cuánto más pudo serles útil. Y también, un tanto enojada de que no se la hayan llevado con ellos al gran mundo. ¡No! Si alguna vez fue de esta manera, ya nolo es. El tiempoes un distorsionadorde figuras clásicas, especialmente en lo que tienen de estereotipos. La Medea viaja por sí sola, va desde un pueblo chileno a una playa mexicana. Nonecesita invitación. Atiborra los balnearios con su comercio informal, sus comidas y refrescos al paso. Su antigua barbarie, que tanto le fue reprochada, hoy conforma una inmensa economía informal y la desborda. Jasón y sus argonautas apenas se abren espacio en las playas repletas de Medea. Ella ya no es una salvaje exótica que los exploradores trasladaron ala civilización, pues ella en tamaño de multitud la repletó. Es más, Medea recibe a otras Medea, se hace huésped y anfitriona a la vez. ¿Ha triunfado definitivamente? No, pero por ahora, sí.
Deahíque haya quedado obsole (( to, mientras tanto, vale la pena insistirlo, ese relato romántico de la mesera provinciana que pudo haber vistoa su amor sentarse ala mesa de un restaurante en un remoto rincón del mundo. Joaquín Trujilo Investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP) (CEP).