Autor: Daniel Rozas
"A la sociedad enchulada le importan un rábano la izquierda, la derecha y los clivajes"
"A la sociedad enchulada le importan un rábano la izquierda, la derecha y los clivajes" J uan Pablo Luna viene diciendo hace tiempo que la crisis democrática no se explica solo por liderazgos débiles o por la fragmentación política. A su juicio, hay cambios económicos, tecnológicos y del crimen organizado que han ido quitándole poder real al Estado. En ese escenario crece la nostalgia por el orden, y la promesa restauradora cobra vigencia. Pero esa idea choca con un Chile más moderno e individualista. Se piden soluciones rápidas, pero al mismo tiempo mucha gente se salta las reglas y desconfía de las instituciones. El triunfo de Kast, plantea el politólogo, profesor de la Escuela de Gobierno de la PUC y autor de «Democracia muerta» (Ariel, 2024), refleja esa tensión.
Entre un "gobierno de emergencia", una ciudadanía que cada vez más se organiza por fuera del Estado, y una juventud distante de la política, la pregunta es cuánto margen le queda hoy a la democracia para gobernar. -En 2021 hablaste de una coalición de nostálgicos del orden perdido y una reacción conservadora a cambios culturales. -Hay claves históricas y comparativas que permitían prever este desenlace. Vivimos en un mundo en que hay cada vez más liderazgos que prometen restaurar el orden perdido. La imposibilidad material de dicha restauración hace que haya cada vez más nostálgicos. En clave nacional, eventos como el de 2019 generaron un contramovimiento restaurador. Si tú conversabas con elites empresariales, a la incredulidad de los primeros días sobrevino la reacción.
Nunca cundió una reflexión sobre lo que había pasado en el país, primó la visión simplista sobre el "octubrismo" y el "estallido delictual". Y agrega: "El que esa lectura haya logrado ganar espacio en la sociedad refleja la debilidad estructural y el desvarío de las izquierdas. A su vez, eso tuvo una derivada positiva. Históricamente, las reacciones conservadoras en Chile habían implicado una respuesta aplastante y violenta por parte de las elites.
Esta vez, la reacción ganó las elecciones", sostiene el también director de la Cátedra Diamond Brown en Estudios Democráticos de la Universidad de McGill. "La gente se está saliendo del Estado con los pies" -Dices que el debate público está poblado por quienes añoran la moderación y la democracia de los acuerdos. ¿Cómo lees el lema "Make Chile fome again”? -Creo que asistimos a un debate público, del cual yo también participo, pautado por la disonancia cognitiva.
Cuando la realidad no cuadra con la visión de un Chile modélico, republicano, excepcional en la región, amarillo y con corbata, al que solo le hace falta volver a crecer, nos enJuan Pablo Luna: grupimos con sesudos análisis que lo hacen encajar. Hasta que cruje. -¿ Cuál sería ese espejismo? -Hace no más de seis meses repetíamos que Chile se había cansado de los experimentos y la radicalidad. La conclusión obvia era que la elección se jugaba entre Matthei y Tohá. La tesis de la normalización que ha empujado el Gobierno es otro ejemplo. Es evidente que ese relato no se condice con la realidad que percibe la ciudadanía. Esa disonancia refleja lo sistémico que ha sido este Gobierno, en tanto reprodujo el mismo tipo de desconexión que aqueja a la política hace años.
Y precisa: "Las elites de oposición, junto al Socialismo Democrático, siguen dudando de si Boric se moderó o no, cuando es evidente que al menos individualmente entró en caja, y tampoco dudan un minuto en afirmar que Kast no es como el resto de los líderes que participan de la CPAC, la internacional de la ultraderecha radical". Para muchos, dice Luna, Kast aparece como "un viejo UDI", "republicano e institucionalista". "Ojalá sea eso", plantea, pero por ahora lo que manda en el análisis es una lectura de "clase social, corbata, pertenencia generacional y la frecuencia de interacción que han tenido con él en sus círculos sociales". -Hablas de fuerzas económicas, sociales, tecnológicas y criminales que debilitan a los gobiernos.
En Chile, ¿ cuáles pesan más y qué puede hacer el próximo Gobierno frente a ellas? -Los problemas que hoy tiene la democracia a nivel global se originan en cambios estructurales asociados a la economía y a la sociología política contemporáneas. Identificar a la fragmentación parlamentaria como el cáncer de la democracia en Chile es no entender nada. DemoFOTOGRAFÍA: RICHARD SALGADO.
Autor: Daniel Rozas. "Esas son disquisiciones de sectores privilegiados que se miran el ombligo y que aunque son pocos, imponen los términos de una conversación pública que al resto les es ajena", dice el politólogo y académico de la Escuela de Gobierno UC. "A la sociedad enchulada le importan un rábano la izquierda, la derecha y los clivajes" cracias con reglas de juego muy diferentes, con sistemas de gobierno parlamentaristas o presidencialistas, con sistemas electorales mayoritarios o proporcionales, están todas en crisis.
Además, la crisis de la democracia ya no es típica de los países pobres, sino también de los más desarrollados. -¿ Qué cambios estructurales están debilitando hoy la democracia? -Los cambios a los que me refiero debilitan la soberanía del Estado-nación, en cuyo marco funciona la democracia. Si el Estado no es capaz de moverle la aguja a la gente en su vida cotidiana, los líderes democráticos que acceden al Gobierno tienen menos recursos para hacerse valer que en el pasado.
Y al mismo tiempo, estamos eligiendo líderes que prometen desmantelar el Estado. -Dices que el antiestatismo viene desde abajo, cuando la gente deja de seguir las reglas y se arregla por su cuenta. ¿Dónde se ve eso en Chile? -Antes, cuando un grupo de pobladores se tomaba un terreno y constituía un comité de vivienda, lo hacía para postular a un subsidio. Hoy, una proporción no trivial de las tomas está vinculada a organizaciones criminales. Cierran el terreno, lo lotean, lo venden y proveen servicios estatales como la seguridad, a cambio de un impuesto mensual. Y hay un número creciente de gente que decide irse a vivir ahí, donde construye viviendas permanentes. Esa gente se está saliendo del Estado con los pies. Ante esa realidad, el ministro de Vivienda, con sus subsidios, tiene mucho menos poder que en el pasado.
La salida del Estado, de la formalidad, de la legalidad, es un fenómeno que hoy tiene múltiples manifestaciones en cada sociedad. -Dices que las plataformas digitales prometen ingresos a los jóvenes. ¿Esa promesa está reemplazando al Estado y al mercado formal? -Hay una asociación creciente entre las nuevas tecnologías y la capacidad del Estado de regular actividades económicas cuya promesa de retorno orienta la acción de las nuevas generaciones. Muchos jóvenes en colegios ven más futuro en las apuestas online, en la especulación con crypto y en la venta de contenido en Only Fans, que en la educación. La promesa educativa como vehículo de movilidad social está interdicta. Y al igual que el emprendimiento tradicional, el tecnológico es fuertemente individualista, y en esa clave, es antipolítico y antiestatal.
Allí, el ethos antiestatal también entra en tensión con los proyectos restauradores de orden. ¿ Cómo vas a garantizar derechos básicos como la seguridad y el derecho de propiedad en un contexto posestatal? -¿ El primer choque de Kast será con la capacidad real del Estado para cumplir lo que promete? -La estridencia es la contracara de la impotencia. Pero la política no es matemática, ni la buena política pública necesariamente rinde en términos de popularidad. Por ejemplo, en seguridad sería más relevante continuar afianzando la coordinación interinstitucional y potenciando las labores de inteligencia. Sin embargo, eso es virtualmente invisible para la opinión pública. -¿ Qué es lo que rinde más en la tribuna? -Sacar a los Carabineros a la calle y desplegarlos a hacer controles masivos de identidad. En cárceles, las soluciones punitivas y el encarcelamiento masivo terminan empeorando todo. No obstante, a corto plazo pagan en popularidad.
Aunque el relato tiene límites y topa con la realidad, hay formas de mantenerlo vivo, aun haciendo las cosas mal. "Estamos estirando la agonía" -¿ Hasta qué punto el Gobierno puede sostener ese relato sin resultados? -Hay que reconocer que el Gobierno electo ha tenido un manejo comunicacional excepcional, con el que logró encubrir los ripios evidentes de su candidato. Y ese manejo comunicacional ha logrado sostener liderazgos en base a una performatividad del poder, que no se condice con resultados concretos de política pública. El nuevo Gobierno sabe que sobreprometió para ganar y ahora está reduciendo expectativas. Y cuenta a su vez con un contexto internacional favorable a sus intereses. También, se ha ganado la aquiescencia del establishment chileno. Todo eso le jugará a favor para sostener el relato.
Lo que está por verse es por cuánto tiempo eso termina convergiendo con la realidad y lo que de ella percibe la ciudadanía. -En un Chile modernizado, ¿es realista temer un retroceso en derechos con Kast? -Vivimos en un mundo en que los poderosos, aunque hoy tienen menos poder, y en buena medida por eso mismo, avasallan las instituciones y prácticas de la democracia liberal. Los que quedan expuestos son los más débiles. A nivel nacional, los débiles son los pobres, las mujeres, las minorías sexuales, los migrantes.
Creo que además de apostar al carácter republicano chileno que todo lo modera y canaliza institucionalmente, hay que estar atentos. -Se dice que mucha gente acepta perder libertad a cambio de seguridad. ¿Cómo convive la mano dura con una ciudadanía más celosa de su autonomía? -Las sociedades son fascinantes porque son complejas de entender. Al mismo tiempo que queremos salir del Estado, le demandamos soluciones y bienes públicos a los políticos.
En seguridad, muchas de esas contradicciones se reflejan en Bukele, quien, junto con aniquilar la democracia y la vigencia del Estado de derecho en su país, logró reelegirse con cifras increíbles, constituyéndose además en el liderazgo más admirado a nivel regional. Eso solo se explica porque quienes no están presos o exiliados, se sienten más seguros que durante los 30 años previos de alternancia democrática entre gobiernos que fallaron en mejorarle la vida a la ciudadanía.
Tras décadas de democracia violenta, desigual y corrupta, la gente votó contra la continuidad de todo aquello. -En el desapego democrático, ¿qué responsabilidad tienen los gobiernos de Bachelet, Piñera y Boric? -Más allá de los errores de cada uno, creo que hacemos mal en personalizar la crítica. Eso es fácil y cómodo porque desde cada una de nuestras trincheras hace sentido. A mí siempre me ha penado la desconexión brutal entre la clase política y la ciudadanía.
Pero a estas alturas, pensando más allá de Chile, hay que entender que el problema es sistémico e implica que la democracia, sus personeros, el Estado, la economía formal, ya no le hacen sentido a una parte relevante de la ciudadanía. -¿ Se quebró esa relación? -Esa incapacidad limita lo que cualquier Gobierno puede hacer. Y eso es explosivo en una sociedad que tiene un pasado reciente en que el sueño del desarrollo se veía cercano. Lidiar con la frustración del oasis perdido y canalizarla constructivamente, con tan poco poder, es muy complejo. Ese es el círculo que cada Gobierno, por ahora sin suerte, ha debido cuadrar. Quienes adherimos al ideal democrático debemos intentar entender por qué aquello ya no hace sentido, y debemos pensar qué se puede hacer, más allá de intentar comprar algo más de tiempo.
Porque en eso nos la hemos pasado, estirando la agonía, mientras proyectamos la culpa en el que tenemos en frente. -Muchos jóvenes ya no se ordenan por izquierda-derecha y buscan salidas rápidas. -El medio «Tercera Dosis» publicó dos artículos que motivaron discusión pública, porque al igual que la votación de Parisi en la pasada elección, tomaron por sorpresa al establishment. La entrevista a DJ Lizz y una nota sobre los narcozorrones.
Creo que en ambos, así como en las letras de la música urbana, y en las dinámicas de negocio que han emergido en nuestros colegios como los mercados de préstamos, apuestas, inversión en shitcoins y trabajos sexuales en plataformas, están varias de las claves para leer este fenomeno. También lo están en la realidad del denominado "precariado" o en los recurrentes casos "aislados" de corrupción que afectan a nuestras fuerzas de orden o al sistema judicial.
Y para eso, de nuevo, nos pena la desconexión. -¿ Qué tan desconectada está hoy la conversación política de la vida real? -A la sociedad enchulada le importan un rábano la izquierda, la derecha, y los clivajes. Esas son disquisiciones de sectores privilegiados que se miran el ombligo y que aunque son pocos, imponen los términos de una conversación pública que al resto les es ajena.
Muchos jóvenes en colegios ven más futuro en las apuestas online, en la especulación con crypto y en la venta de contenido en Only Fans, que en la educación". El Gobierno reprodujo el mismo tipo de desconexión que aqueja a la política hace años". Autor: Daniel Rozas.
Muchos jóvenes en colegios ven más futuro en las apuestas online, en la especulación con crypto y en la venta de contenido en Only Fans, que en la educación". El Gobierno reprodujo el mismo tipo de desconexión que aqueja a la política hace años".