Autor: Marlene Bohle, escritora puertomontina
Columnas de Opinión: Cuando los padres se van
Columnas de Opinión: Cuando los padres se van E scribo estas líneas mientras papá lucha por retener un poco de aire en sus pulmones, a través de los tubos, mangueras, agujas, bolsas y medicamentos. Ya habiendo fracasado todo tratamiento médico, la ciencia permite los elementos que arranquen toda conciencia y posibiliten partir sin dolor ni angustia. En justicia, debo dejar escrito el sentimiento por la enorme validación humana y profesional que hemos hallado en la salud pública. Médicos jóvenes, varios extranjeros, muy humanos, cercanos y fraternos. Enfermeros, asistentes, paramédicos, kinesiólogo; todos en una línea de acción deferente y respetuosa del paciente. La infraestructura apropiada para atender los fallos cardíacos, la medicación, los distintos procedimientos que se realizan para salvar la vida del paciente. La tremenda posibilidad de que la familia pueda hacer turnos y atenderlo de día y de noche y que cada situación médica sea conversada y evaluada. Aun estando el hospital a tope, es maravilloso contar con todo esto que nos posibilita el Estado y nuestra salud pública.
En estos días distintos, cuando se valora tanto la mano que se extiende, la palabra que se nos allega como bálsamo bienhechor, cuando las horas pierden el sentido y no se distingue ni importa la noche del día, es cuando nos volvemos más humanos. Es cuando avanzamos otro peldaño en la escalera de la humanización. Toda experiencia límite convoca lo más noble que guardamos en la caja personal, porque cuando todo se aquiete y torne a su naturaleza, seremos distintos. Seremos otros, porque ahora conocemos la verdadera orfandad. No se es huérfano sólo cuando los padres se van en nuestra infancia, adolescencia o primera juventud.
Con más de sesenta sobre el espinazo, el sentimiento de orfandad se nos viene como niebla y con la brutal certeza de que somos los próximos y de que el mundo, las cosas, los actos, los hechos, la responsabilidad total sobre nuestras vidas y la de cada uno de los nuestros, es trabajo que nos convoca en primera persona. Puedo dar certera cuenta de aquello, porque nuestro padre será figura imprescindible entre los nuestros. Con esto no apunto nada nuevo, porque casi todos los padres serán únicos y distintos, pero igualmente padres.
Sin embargo, cuando la muerte nos llama la atención, nos convoca y arrastra al más grande de todos, quedamos desnudos de esa figura a la que podíamos consultar cómo sembrar zapallos, podar el pasto o sacar las papas.
Puede parecer iluso, incluso torpe; pero me quedo con el hacha de fierro que me trajo una tarde de luminoso verano. "Era de tu bisabuelo y vino desde Holanda en 1898"; así sencillamente tal como era él, me la extendió en los brazos.
Poeta, al fin, supe que este acto era su memoria personal y así también la legaré, para honrar la valía de ese Cornelio Branje Derk, que estuvo en esta tierra, que la sembró, la respetó y amó y posibilitó esta rama de sangre.
Finalmente, decir que mi padre ha sido un hombre sencillo; hermanado desde siempre con la tierra y la madera y que su mayor mérito puede haber estado en su valentía por vencer los defectos y sitios oscuros que estuvieron en su existencia y enseñarnos la decencia y la honestidad para andar la vida. Autor: Marlene Bohle, escritora puertomontina. C Columna