Autor: FUENTE: INFOBAE
Alfredo Yabrán, el final del empresario más buscado: la huida entre estancias, el disparo final y las dudas que conmovieron a Argentina
Alfredo Yabrán, el final del empresario más buscado: la huida entre estancias, el disparo final y las dudas que conmovieron a Argentina I empresario postal Alfredo Yabran, el hombre más buscado de la ArE gentina, apareció muerto de un escopetazo en el baño de una estancia del sur entrerriano a las 12,45 del 20 de mayo de 1998.
Los policias que habían entrado al casco de San Ignacio escucharon el disparo del otro lado de la puerta y lo encontraron tendido en el piso, vestido con un jogging azul, remera blanca y zapatillas Adidas grises. La cara estaba irreconocible. Así finalizó la historia de quien durante años había sostenido que el poder es la impunidad. Esa mañana se había suicidado. El juez de Dolores, José Luis Macchi, que investigaba el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas, habia ordenado la captura de Yabrán el 15 de mayo de 1998.
El detonante fue la declaración de Silvia Belawsky, esposa del excomisario bonaerense Gustavo Prellezo, quien aseguró que el empresario le había pedido a su marido que se encargara de matar al reportero gráfico que en 1996 lo habia fotografiado caminando por las playas de Pinamar. Desde el momento del dictado de la captura, Yabrán fue el hombre más buscado del pais. Pero las autoridades no lograban encontrarlo. Lo que siguió fueron cinco dias de fuga entre estancias propias en Entre Rios, la provincia donde habia nacido 53 años antes, en la ciudad de Larroque. Según reconstruyó en su libro Don Alfredo (Planeta, 1999) el periodista Miguel Bonasso, antes de refugiarse definitivamente en San Ignacio el empresario hizo una escala en su mansión de Martinez, en el Gran Buenos Aires.
Bonasso relató que los guardias conocian bien a ese muchacho amable y sencillo que andaba de arriba para abajo con el Jefe y le franquearon el acceso por el portón enrejado de la calle Pueyrredón, sin sospechar que, acostado en el piso del asiento trasero de una camioneta 44, viajaba Don Alfredo. Esa noche Yabrán entró de incógnito a su propia casa. La madrugada del 14 al 15 de mayo repitió la maniobra en sentido inverso.
Según el mismo libro, a pesar de ser uno de los tres hombres más ricos del pais. sólo llevaba un pequeño bolso con un jogging azul, un attaché y dos mudas de ropa, además de algunos CDs. Recorrieron a toda velocidad la distancia que separaba Martinez de San Ignacio. San Ignacio era un campo de 2.800 hectáreas, sembrado y en orden, a nombre de la firma Yabito S.A. Tenía más de 2.000 cabezas de ganado vacuno, tietras con maiz, girasol y lino, y un arroyo hacia el fondo. Era la primera vez que la policia lo allanaba. Yabrán pasó esos días con apenas tres personas: su ayudante Leonardo Aristimuño, la esposa del asistente, Andrea Biordo, encargada de las tareas domésticas, y un custodio. Llevaba una vida austera y, según versiones de la época, fue visto en Larroque y en Gualeguaychú a bordo de un modesto Fiat Duna de vidrios polarizados. Solía repetir una frase que sus acompañantes tomaban casi como una broma: "Ya vas a ver que hoy viene a buscarme la policia". La decia seguido, como quien adelanta una jugada que ya conoce. El 19 de mayo, el dia antes del desenlace, Yabrân escribió cartas de despedida.
Una dirigida a su familia, otra a su secretaria, con instrucciones sobre sus negocios, La jueza Graciela Pross Laporte, que tuvo a su cargo la causa del suicidio, interpreto esas cartas como un indicio de que la decisión habia sido tomada con anticipación, mucho antes de que la policia llegara a buscarlo.
Esa misma noche, según Bonasso, en el equipo de música de la estancia sonaba Céline Dion con "My Heart Will Go On", el tema de la pelicula Titanic que se había estrenado en la Argentina en febrero de 1998. El 20 de mayo, cerca del mediodia, Yabrán se preparaba para comer una picada junto a Aristimuño y Biordo. La mesa estaba servida para tres personas cuando una comisión de la Policia entretriana avanzó por el camino de tierra que llevaba al casco de San Ignacio. Al advertir la presencia de los efectivos, el empresario se retiró al cuarto donde dormia y se encerró en el baño contiguo. Uno de sus hombres les anticipo a los policias: "No abra esa puerta. Adentro está don Alfredo y se va a pegar un tiro si la abre". El comisario principal Victor Ceves, jefe de la División Departamental de Concepción del Uruguay, fue quien tomó el picaporte. El disparo de la escopeta calibre 12.70 cargada con perdigones retumbó de inmediato. La tomografia realizada horas después en el sanatorio Cometrade Gualeguaychú determinó que había entre 30 y 35 perdigones alojados en la cabeza. El médico Antonio Robles, a cargo del peritaje, respondió con pocas palabras: "El cráneo habría estallado. La cara está totalmente deformada". El cuerpo fue trasladado cubierto con un manto rojo. Cuando la ambulancia llegó a la morgue del cementerio de Gualeguaychú, ya había unas 300 personas esperando afuera, muchas en bicicleta, otras a caballo. La noticia llegó a todo el pais por una placa roja del medio Crónica pasado el mediodia. En las redacciones la información cotrió rápidamente. El periodista Hernán Brienza, editor en el primer diario Perfil, fue enviado esa noche a cubrir el velatorio en la casa de sepelios La Previsora de Gualeguaychú. Brienza pasó más de veinte minutos frente al cuerpo junto a otros dos periodistas, Manuel Lazo y Facundo Pastor, Apuntó que en el aire habia un olor inexplicablemente ácido. Primero emergió una mano entre los cortes de nylon; luego, un cuerpo laxo, amarillento. Ese cadáver era igual a Alfredo Yabrán. Su torax era inconfundible. También su frente y su pelo cano. Su rostro no estaba destrozado sino deformado. Parecía de látex, su cara estaba hinchada por los 35 perdigones que habian estallado dentro de su cabeza, según publicó en Perfil el 22 de mayo de 1998. El reconocimiento fue intetrumpido cuando avisaron que llegaba un hermano del empresario. Los periodistas se esconAutor: FUENTE: INFOBAE. Un magnate en fuga rodeado de secretos y persecuciones policiales. Los últimos días en el campo San Ignacio y las teorías conspirativas que aún perduran. Alfredo Enrique Nallib Yabran habla nacido en Larroque, Entre Rios, el 1 de noviembre de 1944. Fue acusado de ser el "autor intelectual" del asesinato del fotografo José Luis Cabezas. El empresario Alfredo Yabrán se suicidó en mayo, hace 28 años. La familia de Alfredo Yabran se radicó en Uruguay luego del suicidio del empresario. La tumba de Alfredo Yabran en el Cementerio Parque Memorial de Pilar. El empresario se suicidó a los 53 años. Alfredo Yabran fue fotografiado por el periodista José Luis Cabezas en la playa de Pinamar en 1995. Su cara era desconocida hasta entonces. En la foto, junto a su esposa Maria Cristina Pérez. En la foto Alfredo Yabran, dentro de su auto, luego de una reunión que mantuvo en la Casa Rosada. El vidrio trasero aparece destrozado. Alfredo Yabrán fotografiado a la salida del Palacio de los Tribunales.
En mayo de 1998 estuvo prófugo por cinco días Luego del asesinato del fotógrafo de la editorial Perfil una frase se instaló en la sociedad argentina: "No se olviden de Cabezas". El empresario Alfredo Alfredo Yabrán, el final del empresario más buscado: la huida entre estancias, el disparo final y las dudas que conmovieron a Argentina dieron detrás de unos coches fnebres.
Lo único que escucharon decir a Miguel Yabrán esa noche fue: "Espero que no haya ningún periodista aqui dentro porque le pego un tiro en la cabeza", Segundos después los descubrió y los fulminó con la mirada. Recién a las 4,25 de la madrugada lograron salir del lugar. Pese a los testimonios directos, la incredulidad se extendió por todo el pais. Una encuesta publicada por Perfil en los dias posteriores reveló que sólo el 26% de la opinión pública creía en la versión oficial del suicidio.
El abogado de la familia, Pablo Argibay Molina, fue parco al salir de la morgue: "Todo aparenta ser un suicidio". Para entender qué llevó a Yabrán hasta ese baño hay que retroceder al verano de 1996. Gobernaba el pais Carlos Sául Menem.
Hasta entonces, el empresario habia logrado mantenerse en el anonimato absoluto mientras controlaba negocios en depósitos fiscales, logística, concesiones en rampas aduaneras y aeropuertos a través de un entramado de firmas, entre ellas Oca y Ocasa. Era el dueño de un imperio que había crecido a las sombras de las licitaciones estatales.
El quiebre llegó en agosto de 1995, cuando el entonces ministro de Economia Domingo Cavallo lo acusó ante el Congreso, en una exposición de once horas, de liderar "una mafia enquistada en el poder". Esa denuncia le otorgó una visibilidad que Yabrán no quería y que él mismo describió con una frase que pasaria a la historia: "Sacarme una foto a mi es como pegarme un tiro en la frente". En el verano de 1996, el fotógrafo José Luis Cabezas, de la revista Noticias, lo fotografió caminando por la playa de Pinamar. La imagen llegó a la tapa del semanario el 3 de marzo de ese año. Un año después, el 25 de enero de 1997, Cabezas fue asesinado en las afueras de Pinamar: maniatado, con dos balazos, dentro de un Ford Fiesta incendiado. La cadena de responsabilidades que estableció la Justicia fue precisa. Yabrán dio la orden a su jefe de seguridad, Gregorio Rios, quien se contacto con el policia bonaerense Prellezo, y este a su vez con la banda conocida como "Los Horneros" para ejecutar el crimen. El periodista Gabriel Michi, compañero de Cabezas en aquella cobertura veraniega, lo sintetizó: "La metodologia bajo la cual se ejecutó el asesinato de José Luis quedó muy clara. Yabrán daba las órdenes, Rios lo secundaba y Prellezo mandaba a los Horneros. Eso es lo que se probó en la Justicia". A raiz de las acusaciones en su contra por el asesinato de José Luis Cabezas, Yabran otorgó por primera vez un reportaje. Fue entrevistado por los periodistas Julio Blanck, Maria Seoane (ambos fallecidos), Fernando González y Omar Lavieri. La nota se publicó en el diario Clarín el domingo 16 de marzo de 1997. En aquella ocasión Yabrán había dicho: "El poder es tener impunidad". Yabrán tenia 53 años cuando murió. Su esposa, Maria Cristina Pérez, y sus tres hijos, Pablo, Mariano y Melina, heredaron su fortuna y se radicaron en Uruguay. La familia costeó la defensa legal de Gregorio Rios en el juicio oral por el crimen de Cabezas, en un intento de desligarlo del asesinato. No funcionó: Rios fue condenado como instigador. La hermana del empresario, Beatriz Yabrán, publicó en 2001 el libro Yabrán, la otra campana, editado de forma independiente. Alli sostuvo que la idea del suicidio no nació con la orden de captura del 15 de mayo: "Esta idea venia desde hacía tiempo.
Y puedo fundamentar lo que digo". Las teorias que circularon después de su muerte fueron muchas: que el fallecimiento fue fraguado, que el empresa rio escapó y vivió en algún paraiso con su fortuna, que no se suicidó sino que fue asesinado en San Ignacio. Brienza, que vio el cuerpo esa madrugada del 21 de mayo en La Previsora, siempre sostuvo lo mismo: "El cuerpo que yo vi era igual al de Alfredo Yabrán. Nada indica lo contrario". Las grandes conspiraciones son un deporte nacional de los argentinos. Autor: FUENTE: INFOBAE.