Autor: María José Naudon Abogada
Columnas de Opinión: Kast no es Milei
Columnas de Opinión: Kast no es Milei os problemas del gobierno han estado en el centro de la discusión política, pero reducirlos a un error de coordinación, diseño o comunicación es simplificador. La tensión de fondo es L otra: no radica en si el gobierno quiere cambiar las cosas, sino cómo hacerlo desde el poder. El Partido Republicano creció y se consolidó como una fuerza impugnadora. Con un lenguaje muchas veces polarizador, performativo e incluso deslegitimador de la derecha tradicional. Así, logró capturar la frustración ciudadana frente a un establishment al que acusaba de ser incapaz de impulsar transformaciones arrojadas. Pero cuando accedieron al poder, el impulso impugnador chocó con las exigencias de gobernar. Esa tensión fracturó la homogeneidad. Algunos sectores mantienen la lógica maximalista: si no estás dispuesto a quebrarlo todo, estás traicionando el proyecto. Otros, optaron por una lógica de gobernabilidad: riesgos, cambios profundos y necesarios, pero construidos políticamente. Ese debate no puede quedar suspendido: en un sistema presidencial, quien debe zanjarlo es el Presidente. Y si algo parece claro, es que Kast no es Milei. No hay nada que lamentar en eso, simplemente, nunca lo ha sido: no tiene su estilo, ni su temperamento, ni su forma de ejercer el liderazgo. Y porque, además, gobierna otro país. Chile no vive el drama argentino: no está al borde del precipicio, no tiene el tren descarrilado ni se cae a pedazos. No hay una crisis que justifique dinamitarlo todo. Y, por si fuera poco, los chilenos tampoco somos argentinos: ni en carácter, ni en tolerancia al caos, ni en apetito por el espectáculo político. Pero, aun así, para quienes soñaron con un Milei chileno, y varios de ellos están en el gobierno, eso huele a traición. Si la posición maximalista no se impone (cosa que sería lo deseable) aparece una segunda tensión: construir una coalición. Hoy apenas existe una versión embrionaria, nada más. El diseño acotado y cerrado del Partido Republicano fue, en su momento, muy eficiente: le dio coherencia, agilidad y réditos políticos. Pero una política levantada sobre la desconfianza al diálogo y la primacía de la convicción como virtud suficiente, enfrenta ahora un límite evidente: gobernar exige una coalición. La incorporación de figuras como Alvarado o García Ruminot ayuda, pero apenas eso. Alguien podrá decir que, hasta ahora, con sus más y sus menos, los votos han estado y el fuego amigo ha sido acotado. Pero gobernar exige mirar más lejos: anticipar escenarios más complejos, caídas de popularidad, crisis imprevistas y problemas de mayor escala. Ahí, para sostener las transformaciones, se necesita una coalición real, construida y forjada; no un disfraz. Gente que defienda el proyecto no solo porque le conviene, sino porque lo siente propio. Y, sobre todo, porque la meta no es administrar un periodo, sino abrir un ciclo político. En definitiva, el desafío de fondo es uno solo: transitar del gobierno del Partido Republicano al gobierno de José Antonio Kast. Y esa transición solo pueden liderarla quienes ya entendieron que la transformación se construye. Los maximalistas pueden ser aliados, pero no pueden ser sus arquitectos. Autor: María José Naudon Abogada. ESPACIO ABIERTO