Autor: Ricardo González LEAS UAI
Columnas de Opinión: La paradoja del orden
Columnas de Opinión: La paradoja del orden A casi dos meses de iniciado el gobierno de José Antonio Kast, los datos de seguridad muestran una paradoja política.
La percepción de que la delincuencia ha aumentado en los últimos dos meses cayó de manera importante, al igual que la idea de que está más violenta, según una encuesta de Cadem publicada el 3 de mayo. Son cifras que, en principio, podrían favorecer a un gobierno que llegó a La Moneda con el orden como su principal capital político. Sin embargo, esa mejora parcial no se ha traducido en un aumento de la aprobación presidencial. Por el contrario, en esa misma encuesta, Kast se mantiene bajo el 40% de aprobación, con una desaprobación cercana al 60%, mientras sus atributos de autoridad y liderazgo también retroceden. La pregunta, entonces, no es solo si el Gobierno logra producir señales de orden, sino si es capaz de apropiarse políticamente de esa percepción. Ahí está el problema central. En opinión pública, no basta con que algunos indicadores dejen de empeorar. Para que una mejora parcial se convierta en respaldo político, debe ser atribuida a la acción del gobierno y asociada a una sensación más amplia de control. Menos deterioro no equivale automáticamente a control. Si una mayoría cree que el Estado sigue sobrepasado por la delincuencia, una baja en la percepción de aumento del delito no necesariamente se lee como una victoria del gobierno. Puede verse, más bien, como una pausa dentro de una crisis que todavía está en desarrollo. El orden, por tanto, no es solo un resultado. Es también una experiencia política. Requiere conducción, relato y credibilidad. También requiere que la ciudadanía entienda qué está haciendo el gobierno, por qué lo hace, cuánto tiempo tomará y cómo esas decisiones mejorarán su vida cotidiana. Sin ese marco, incluso las cifras menos malas pueden pasar desapercibidas, sin convertirse en mayor confianza ciudadana. Pero esa apropiación política del orden exige, antes, orden interno. Un gobierno que transmite dudas sobre su conducción y tiene dificultades para ordenar a sus ministros y parlamentarios reduce su capacidad de proyectar autoridad hacia fuera. No se puede construir una percepción estable de control estatal si, al mismo tiempo, la coalición gobernante aparece desordenada, reactiva o sin una narrativa común. La paradoja del orden es precisamente esa: el gobierno puede empezar a recibir algunas señales favorables en materia de seguridad y, aun así, no capitalizarlas políticamente. Porque gobernar no consiste solo en administrar problemas, sino en producir sentido público sobre ellos.
Y cuando el orden fue la promesa principal, la vara es más alta: no basta con que el país parezca menos desbordado; el gobierno debe convencer de que volvió a tener el control. "No basta con que el país parezca menos desbordado; el gobierno debe convencer de que volvió a tener el control". Autor: Ricardo González LEAS UAI. "No basta con que el país parezca menos desbordado; el gobierno debe convencer de que volvió a tener el control".