Columnas de Opinión: Amarga despedida, dulce memoria
Columnas de Opinión: Amarga despedida, dulce memoria Señor Director. Hay noticias que llegan como invierno anticipado. No hacen estruendo en las grandes ciudades ni ocupan demasiado tiempo en la televisión, pero en los campos de Ñuble caen como helada. El anuncio del cierre del ciclo remolachero ligado a la planta de Empresas Iansa en San Carlos no es solamente el término de una actividad agrícola.
Para Ñuble, significa la despedida de una historia que comenzó hace más de setenta años, cuando en 1953 nació la Industria Azucarera Nacional y el país apostó por convertir la remolacha en símbolo de desarrollo, trabajo y futuro para miles de familias campesinas. Desde entonces, comenzó a cambiar el paisaje, nuestra región abastecía al territorio nacional del dulce fruto de la tierra.
Los campos se llenaron de siembras ordenadas como mantos verdes; los caminos rurales comenzaron a ver pasar camiones cargados de cosechas; y en torno a la planta azucarera creció una economía entera hecha de esfuerzo y perseverancia. creciente, las nuevas dinámicas invierno; a quienes aprendieron a No era solamente azúcar lo que económicas y también por un tiempo leer el cielo para adivinar lluvias; a que comenzó a mirar el azúcar como quienes nunca dejaron de confiar en un enemigo cotidiano. Y aunque las la tierra incluso en los años difíciles.
Vaya un homenaje para esas salía desde aquellas instalaciones: salían sueldos, estudios para los hijos, mercadería para los razones económicas puedan explicarse en cifras y gráficos, el dolor manos curtidas, para esos rostros del campo jamás cabe dentro de una cansados y nobles, para quienes sembraron mucho más que estadística, porque lo que desaparece no es solo un cultivo, desaparece una remolacha, arroz o trigo: sembraron sacrificio, arraigo y dignidad. almacenes, movimiento para las ferias y dignidad para cientos de hogares. Había familias completas que organizaban el año según las temporadas agrícolas. El calendario no se medía por meses, sino por siembras y cosechas. Las madrugadas comenzaban antes del amanecer, cuando todavía el rocío dormía sobre los surcos y las cocinas encendían el fuego para iniciar jornadas interminables. Y así memoria. Quedaran galpones silenciosos, maquinarias detenidas, Porque aunque las luces de terrenos vacíos y conversaciones las plantas industriales se apaguen y los mercados olviden el valor humano, nadie podrá borrar del todo cargadas de incertidumbre.
Quedarán agricultores preguntandose qué sembrar ahora, y jóvenes que ya no la memoria de aquellos campos donde generaciones enteras dejaron la vida trabajando honradamente sin ven en el campo un horizonte posible, tal vez eso sea lo más triste. No pasaron generaciones. Pero solamente el cierre de una planta, sino darle la espalda a la tierra. Y quizás lentamente el mundo comenzó a el lento apagarse de la esperanza rural. mañana, cuando alguien atraviese cambiar.
Primero fue el arroz, que Como si cada cultivo que los caminos rurales de Nuble y vea desaparece arrancara también una predios silenciosos donde antes parte de la identidad campesina de hubo cosechas abundantes, todavía Ñuble.
A través de estas palabras vaya alcance a escuchar el corazón un homenaje profundo a todas las persistente de un mundo rural que familias que hicieron de la agricultura lentamente se nos está apagando. dejó de ser rentable frente a mercados externos y costos imposibles. Después el trigo, que durante décadas pintó de dorado los campos del sur y que poco a poco fue desapareciendo de algunos lares. Y ahora la remolacha, una forma de vida y no simplemente un negocio. A quienes trabajaron de golpeada por los bajos precios sol a sol bajo el calor implacable del internacionales, la automatización verano y las heladas duras del Ingrid Ortega Ortega. Abogada y poeta sancarlina. Ingrid Ortega Ortega. Abogada y poeta sancarlina