Editorial: UN EJERCICIO DE REALISMO
Editorial: UN EJERCICIO DE REALISMO A solo 69 días desde el inicio de su mandato, el Presidente José Antonio Kast realizó el primer cambio de gabinete de su administración, convirtiéndose en el ajuste ministerial más rápido desde el retorno a la democracia.
El mandatario pudo haber postergado la decisión para evitar el costo político de modificar tempranamente a un equipo recién instalado; sin embargo, optó por el pragmatismo, en un marco en que la deficiente evaluación pública de las dos ministras removidas interfería con el despliegue de la agenda prioritaria del Ejecutivo. "Ciertamente no era lo que yo quería", reconoció Kast tras concretar el cambio y, muy probablemente, debe haberle costado tomar la decisión. Mara Sedini, la ahora exvocera de Gobierno, lo acompañó en parte relevante de su campaña y se había transformado en uno de los principales rostros del oficialismo.
Trinidad Steinert, en tanto, asumió en la cartera de Seguridad Pública, uno de los ejes centrales del programa, con una reconocida experiencia y capacidad técnica que, sin embargo, no logró plasmar en el ejercicio del cargo, mientras la discusión sobre sus materias terminó muchas veces desplazándose hacia episodios laterales.
En un escenario marcado por la baja en la aprobación del gobierno y los cuestionamientos a las exministras; y por las expectativas ante la proximidad de la primera Cuenta Pública de Kast, y los avances del proyecto de reconstrucción que acaba de superar su primera etapa en la Cámara de Diputados para entrar ahora a su discusión más compleja en el Senado, el ajuste ha funcionado como un palanca que descomprime el panorama y permite al Ejecutivo enfrentar la siguiente etapa de su administración con un rediseño más coherente con sus prioridades. Con el cambio han retornado, además, las figuras políticas de confianza al núcleo más cercano del Presidente. Martín Arrau, nuevo ministro de Seguridad, no solo fue jefe de gabinete de Kast en campaña, sino también gobernador y convencional. Militante republicano e ingeniero industrial, conoce de cerca las prioridades y objetivos del mandatario en una materia central del programa de gobierno.
Por lo mismo, su principal desafío será, justamente, presentar con urgencia una hoja de ruta que muestre a la población cómo el Ejecutivo se propone reducir los delitos violentos y elevar la percepción de seguridad ciudadana. El cambio también está permitiendo llevar a la práctica una idea esbozada en campaña y luego descartada por su complejidad legislativa: avanzar hacia una estructura más compacta de gobierno. Así, al ya existente biministerio de Economía y Minería se sumaron Interior y Gobierno, a cargo de Claudio Alvarado; y Transportes y Obras Públicas, bajo la responsabilidad de Louis de Grange. En ambos casos existen lógicas funcionales evidentes. Desde la creación del Ministerio de Seguridad, Interior perdió parte importante de sus atribuciones operativas, lo que hace razonable que el jefe de gabinete asuma la vocería del Ejecutivo. Del mismo modo, Obras Públicas y Transportes son carteras estrechamente relacionadas por infraestructura y planificación. El desafío estará en evitar sobrecargas y asegurar equipos capaces de sostener ambas responsabilidades simultáneamente.
Tras el ajuste, los cuestionamientos de la oposición apuntaron a las críticas que sectores oficialistas realizaron en el pasado a gobiernos anteriores por cambios ministeriales tempranos, pero se trata de una discusión bastante menos relevante que la capacidad de un gobierno de corregir oportunamente su diseño cuando lo que se busca es enfrentar en mejor pie un escenario económico y social exigente.
El ajuste ministerial descomprime un escenario complejo antes de la Cuenta Pública y del debate del plan de reconstrucción en el Senado.. EDITORIAL El ajuste ministerial descomprime un escenario complejo antes de la Cuenta Pública y del debate del plan de reconstrucción en el Senado.