Editorial: Los sesenta años del piedraplén
Editorial: Los sesenta años del piedraplén D oscientos cuarenta metros de roca extraída a pulso desde Puluqui, Huar y Quenu terminaron con el aislamiento de Calbuco en 1966. La construcción del piedraplén no fue un regalo del Estado central.
Fue el resultado de la exasperación de una comunidad asfixiada por los altos costos y la valentía de dirigentes que viajaron a la capital para golpear las mesas del poder. "Me señalaron que la solución era piedraplén o nada", recordaba el entonces gobernador Ramón Barrientos sobre aquellas gestiones. Esa misma disyuntiva, nacida de la precariedad y el centralismo, acecha hoy el destino de la provincia. Seis décadas después de la inauguración, las autoridades han iniciado diálogos con el Ministerio de Obras Públicas para reemplazar la histórica estructura por un puente de doble vía. La iniciativa resulta impostergable. La ciudad multiplicó su parque automotriz, intensificó su actividad industrial y requiere una conexión vial expedita con Puerto Montt y el país. Simultáneamente, emerge un imperativo ambiental ineludible: restaurar el flujo natural de las corrientes en el canal Caicaén, un ecosistema modificado por el lastre. El delegado presidencial reconoció que la obra original fue levantada como una solución provisoria. El problema histórico de la Región de Los Lagos, y en general de todo el país, radica en que la provisoriedad tiende a volverse eterna cuando las firmas dependen del poder central. La descentralización efectiva sigue siendo una ilusión administrativa. Las grandes inversiones en infraestructura exigen una presión social incesante. El recuerdo de los antiguos balseros de Punta Blanca pertenece al patrimonio inmaterial. El futuro exige ingeniería mayor y presupuesto estatal asegurado. La concreción de este puente no será un trámite burocrático más. Requerirá la misma unidad transversal que exhibieron los vecinos hace medio siglo.
La ciudadanía calbucana y los gremios locales deben mantener un estado de vigilancia implacable para evitar que los anuncios del aniversario se diluyan en las carpetas de un ministerio en Santiago, con tas otras demandas y urgencias que duermen el sueño de los justos.. La modernización de la conectividad insular requiere el mismo empuje ciudadano que levantó la obra original en 1966. Editorial