Autor: Pablo T. Silva Jordán Especialista en Recursos Hídricos Formation Environmental
Columnas de Opinión: La segunda crisis de los incendios
Columnas de Opinión: La segunda crisis de los incendios C hile enfrenta una crisis que no termina cuando se apagan las llamas, sino que se transforma en una amenaza distinta y silenciosa. Los incendios forestales de la temporada 2025-2026 en regiones como Nuble y Biobío han dejado una huella que trasciende las hectáreas carbonizadas, activando un nuevo peligro: la degradación extrema del suelo.
Este fenómeno pone en riesgo la seguridad hídrica y la vida de las comunidades ante la llegada de las lluvias, marcando el inicio de lo que podemos llamar la "Segunda Crisis" de los incendios, donde el agua se convierte en el próximo gran desafío. Este escenario no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia estructural intensificada en las últimas décadas. Como advierte Klaus Schmidt-Hebbel, el número de incendios en Chile se multiplicó por diez y las hectáreas arrasadas por cinco desde los años sesenta. La Crisis Ambiental Global Aguda, Destructiva y Amplia (C.a.g.a.d.a. ) combina el cambio climático -con un aumento de la temperatura global que ya alcanzó los 1,55 en 2025-y la destrucción de la naturaleza. En este contexto, los incendios son catalizadores de desastres cada vez más frecuentes, con impactos que van mucho más allá de las llamas. El núcleo técnico de esta amenaza reside en la hidrofobicidad. Cuando el fuego supera los 270-300, la materia orgánica se funde y genera una capa cerosa que repele el agua. Los cerros dejan de ser esponjas y se transforman en "autopistas" de lodo y sedimentos. Con las primeras lluvias, el riesgo de aluviones aumenta violentamente en zonas bajas como Lirquén. A ello se suma la destrucción de sistemas de Agua Potable Rural, obligando a cientos de familias a depender de camiones aljibe. La turbiedad de los ríos por el arrastre de cenizas complica la potabilización y tensiona la infraestructura básica. La erosión post-incendio no solo mueve tierra, sino que contamina las fuentes de vida y encarece los procesos de tratamiento. La apicultura y la agricultura familiar enfrentan, además, la pérdida de flora y sistemas de riego, paralizando su capacidad de recuperación. Las consecuencias se extienden en el tiempo. A corto plazo, los aluviones y el colapso de los sistemas de agua potable rural son el riesgo inmediato. A mediano plazo, la erosión compromete la producción agrícola y la seguridad alimentaria. A largo plazo, cada hectárea de bosque perdida reduce la capacidad de recarga de acuíferos, agravando la escasez hídrica estructural. Hoy, apenas el 5% del presupuesto forestal se destina a la prevención, pese a que existe una ventana crítica de pocos meses para que la regeneración natural actúe antes del invierno. Prevenir incendios es, en última instancia, asegurar agua. No existen balas de plata. La clave está en una planificación integral y en el uso intensivo de tecnología, como el procesamiento de información remota y el desarrollo de indicadores que integren vegetación, suelo y escorrentía. Estas herramientas permiten identificar zonas críticas, realizar seguimiento durante la emergencia y evaluar post-desastre. Chile necesita una agenda de reformas que combine inversión, ciencia y gestión territorial, reconociendo que el agua es el recurso más estratégico en un país que ya vive los efectos de la crisis climática. Autor: Pablo T. Silva Jordán Especialista en Recursos Hídricos Formation Environmental. Opinión