Autor: JUAN RODRÍGUEZ MEDINA
CAMILO MORI: artista del afiche
CAMILO MORI: artista del afiche E l fondo es negrísimo, el borde dorado y de la oscuridad emerge una mano roja, entre fantasmal y espacial, que sostiene un dorado signo de centavos: “Caja Nacional de Ahorros”, dice. Y luego manda: “Economice.. ! Los centavos forman pesos”. El año es 1934.
Pasemos a 1936: un hombre, una escultura en tonos azules que cita, al parecer, al pensador de Rodin, serio, incluso compungido; sobre su cabeza hay un mensaje: “Piense en su hígado”; y más abajo: “Cocine con Cruzteca”, un producto vegetal que reemplaza a la manteca.
Ahora a 1944: un lago y detrás una cumbre, del agua sale una caña de pescar, el hilo de la caña forma una letra S, que acompañada de una U y una R recomiendan “Vaya al Sur”. A la izquierda del lago, un tren avanza hacia el horizonte y su humo divide el azul del cielo del verde del suelo.
Es un aviso de Ferrocarriles del Estado: “Al servicio del turismo de Chile”. Ni decoración ni pintura, lo primero que debe tener un afiche es “un considerable poder llamativo para atraer al ojo que se distrae o mira a todas partes”. Así entendía ese oficio uno de los mayores cultores del género en Chile, y quien firma los avisos descritos: Camilo Mori (1896-1973). Pintor, dibujante, diseñador teatral, Premio Nacional de Arte en 1950, el afichismo es la cara menos conocida y estudiada del multifacético artista que fue Mori.
Hasta ahora, porque gracias al legado que recibió la Biblioteca Nacional de parte de la familia Mori Arellano, más otras adquisiciones (ver recuadro), se ha empezado a descubrir esa labor. ¿Y cómo atraer al ojo que se distrae, entonces? “Esto se consigue rompiendo la costumbre visual. El cartel debe ser un aspecto no acostumbrado, en cierto modo un accidente visual para el hombre de la calle”, dice Mori en un documento también parte del legado.
Un afiche invisible, concluye el artista, sería como “un orador sin voz”. Europa, EE.UU. y Chile “Empezó muy temprano”, responde Claudio Aguilera, investigador, curador y jefe del Archivo de Gráfica Chilena de la Biblioteca Nacional, al preguntarle por los inicios de Mori en el cartel.
“Fue uno de los artistas chilenos becados en Europa a finales de los años 20 para especializarse en artes aplicadas, y él eligió el afiche”. “Sus primeras aproximaciones corresponden a la década del 30 en Europa, en donde aprendió esta técnica”, ratifica Matías Mori, nieto del artista. Luego, agrega, “a fines de los 30 y comienzos de los 40 trabajó en Nueva York para el laboratorio alemán Bayer en su departamento de publicidad. Su regreso a Chile se vio influenciado por la pérdida de empleo que coincidió con el ingreso de EE.UU. a la Segunda Guerra Mundial y la prohibición impuesta a las empresas alemanas de hacer negocios. Dejó Bayer y Estados Unidos y regresó a Chile en 1942”. “Yo creo que su trabajo de cartelista es una de las manifestaciones de la ductilidad de su obra plástica”, dice el nieto. Aguilera, por su parte, subraya la diversidad temática y estilística: hay afiches para diversas empresas, para eventos culturales, afiches políticos (en apoyo a Salvador Allende, por ejemplo) e incluso para anunciar sus propias exposiciones. También para campañas públicas: desde el censo al salitre, pasando por la lucha contra el alcoholismo o las enfermedades venéreas. “Son afiches que tienen un imaginario muy rico, muy diverso, donde sorprende también el humor, la elegancia de su trazo, y el vínculo con su propia pintura”, dice Aguilera.
“Uno nota los colores, la síntesis, la forma en que él transmite un mensaje con mucha fuerza, con mucha sencillez”. En Europa, Mori se encontró con una “escena” del afiche muy importante, en particular en París, con artistas como Cassandre y Jules Chéret, que estaban revolucionando el oficio. Ellos, explica Aguilera, le dieron una impronta de síntesis y elegancia visual, muy influidos por el art déco. “Camilo Mori se trajo esa vanguardia del afiche francés, pero también su visión de pintor le permitió mezclar esos referentes con los de la pintura.
Vemos en el afiche de Mori la influencia de las vanguardias rusas, por ejemplo, incluso del cubismo y algo de dadá”. Pero agrega un elemento que, según Aguilera, chileniza la mezcla: “Esas notas de humor, el sentido de lo lúdico que hay en sus afiches”. Aguilera destaca, en particular, los trabajos para Bayer: “Afiches dedicados a la promoción de productos farmacéuticos, donde interpreta el mensaje con SANTIAGO DE CHILE, DOMINGO 8 DE FEBRERO DE 2026 PREMIO NACIONAL DE ARTE Rescate de una de sus facetas creativas artista del afiche LANOICAN ACETOILBIB / IROMOLIMAC NÓICCELOC : SEHCIFA dibujos de mucho humor, casi caricatura, tratando de darle una vuelta más cercana al público, en mensajes que no eran necesariamente tan agradables, como un medicamento para la diarrea”. Historia social El Estado desarrollista, la instalación en el país de empresas transnacionales, el aumento del comercio internacional y del consumo, las políticas sociales de salud y vivienda, la irrupción del turismo e incluso los viajes en avión gracias a LAN Chile.
Todo eso está en los afiches de Mori y por eso Aguilera dice: “Sí, se puede leer la historia social y política del siglo XX a través de esta colección de afiches de Camilo Mori”. Matías Mori agrega: “Me sorprenden desde un punto de vista histórico los afiches elaborados en el contexto de campañas de salud pública. Me llama la atención la forma en que hace varias décadas se divulgaban políticas públicas para la prevención de enfermedades entonces prevalentes en la sociedad.
Obviamente, métodos de avisaje gráfico inexistentes hoy en día”. Aunque Camilo Mori decía que el afiche no era arte, Aguilera cree que la calidad del trabajo es la misma de sus pinturas: “De hecho, llama la atención que todos sus afiches están firmados, entonces él sentía que eran parte de su obra”. Y no solo como individuo, también desde una perspectiva gremial: en 1942 se creó la Unión de Cartelistas de Chile y él fue el primer presidente. Desde ahí se organizaban exposiciones, se difundía el trabajo de los afichistas y se hacían concursos, algunos de los cuales ganó el propio Mori: “Él se sentía muy orgulloso de eso”, dice Aguilera. “Tenía un marcado convencimiento de la necesidad de aglutinar y encauzar intereses comunes”, explica su nieto. “También tuvo una presencia en el debate público, por medio de cartas al director de El Mercurio, y asistía metódicamente a las muestras de sus colegas. Decía que no había nada más triste para el artista que una inauguración vacía”. “Era un trabajador metódico y disciplinado”, agrega. “Un hombre muy alejado del estereotipo bohemio. De una emotividad intensa, racional y lúcida, que quedó plasmada en sus apuntes y entrevistas. Algunos criticaban su obra por no tener un estilo único y definido.
Él respondía que era una persona de muchas maneras”. “Lo que vemos de Camilo Mori en los afiches”, concluye Claudio Aguilera, “es un hombre del mundo, que logra vincular movimientos culturales diversos de Europa y Chile, que está atento a lo que sucede en su sociedad, que está conectado con el desarrollo urbano y comercial. Es bonito imaginarlo como un trabajador gráfico, no era solo un artista encerrado en su espacio o exponiendo en los salones, que lo hacía.
También estaba conectado con las preocupaciones de la gente, de sus clientes, muy interiorizado en su tiempo y comprometido con la labor del Estado”. IROMOVIHCRA ALLINIPALRAC El trabajo como afichista de Camilo Mori va de los años 30 hasta los 60, dice Claudio Aguilera. “El Archivo de Gráfica Chilena de la Biblioteca Nacional posee una gran colección”, agrega, “gracias, en primer lugar, a una valiosísima donación de la familia Mori Arellano.
Ellos donaron todo el archivo de Camilo Mori, incluidos sus documentos personales, escritos, bocetos y una gran colección de fotografías”. Luego llegó otra colección muy valiosa, del investigador del afiche chileno Alejandro Godoy, quien entregó cerca de 100 afiches, algunos también de Mori.
Matías Mori explica que la donación de su familia se realizó para cumplir una triple finalidad: sistematizar mediante la digitalización, dar acceso gratuito al público y estudiosos, y, en tercer lugar, “realizar un acto de confianza en la Biblioteca Nacional para la administración de este archivo.
Creemos que es una entidad pública con las competencias profesionales y medios técnicos para llevar adelante estos objetivos”. Soledad Abarca, directora de la Biblioteca Nacional, recuerda que el Archivo de la Gráfica Chilena se creó en 2017: “Sus colecciones afiches, grabados, historietas, ilustraciones, piezas publicitarias y propaganda recorren más de un siglo de creatividad e historia chilena, reflejando transformaciones sociales, estéticas y políticas del país”, dice.
Entre 2023 y 2025, además de los más de dos mil documentos donados por la familia de Camilo Mori y de la colección de Alejandro Godoy, “se incorporaron importantes colecciones de Daniel Gleiser, Carlos Sagredo, la Oficina Larrea y Guillermo Núñez”, cuenta Abarca.
“La gran mayoría de estos materiales ya se encuentra conservada, digitalizada y disponible gratuitamente en la Biblioteca Nacional Digital”. Gracias a la donación que recibió la Biblioteca Nacional de parte de la familia Mori Arellano, se empieza a descubrir una arista menos conocida del creador: la de cartelista. Un oficio diverso en temas y técnicas: desde campañas de salud pública a avisos comerciales, pasando por creaciones políticas y siempre con humor. Claudio Aguilera y Matías Mori, nieto del artista, nos revelan este lado del autor.
“ V a y a a l s u r ”, c a m p a ñ a p a r a F e r r o c a r r i l e s d e l E s t a d o.
“ S e p u e d e l e e r l a h i s t o r i a s o c i a l y p o l í t i c a d e l s i g l o XX a t r a v é s d e e s t a c o l e c c i ó n ”, d i c e C l a u d i o A g u i l e r a. “Un acto de confianza” Autor: JUAN RODRÍGUEZ MEDINA. Gracias a la donación que recibió la Biblioteca Nacional de parte de la familia Mori Arellano, se empieza a descubrir una arista menos conocida del creador: la de cartelista. Un oficio diverso en temas y técnicas: desde campañas de salud pública a avisos comerciales, pasando por creaciones políticas y siempre con humor. Claudio Aguilera y Matías Mori, nieto del artista, nos revelan este lado del autor.
“ V a y a a l s u r ”, c a m p a ñ a p a r a F e r r o c a r r i l e s d e l E s t a d o.
“ S e p u e d e l e e r l a h i s t o r i a s o c i a l y p o l í t i c a d e l s i g l o XX a t r a v é s d e e s t a c o l e c c i ó n ”, d i c e C l a u d i o A g u i l e r a. “Un acto de confianza” Claudio Aguilera. Matías Mori. Un afiche invisible, incapaz de atraer la mirada, dijo Camilo Mori, sería como “un orador sin voz”. Un afiche invisible, incapaz de atraer la mirada, dijo Camilo Mori, sería como “un orador sin voz”.