Autor: Mauricio Zorondo Jefe de operación social Hogar de Cristo Maule Sur y Ñuble
La reconstrucción que Ñuble necesita
La reconstrucción que Ñuble necesita uando uno recorre las zonas rurales de Ñuble, la devastación provocada por los incendios es evidente: hogares calcinados, silos vacíos y huertos inertes.
Pero más allá de la destrucción material, se percibe una realidad social que existía antes de las llamas: pobreza, aislamiento, falta de conectividad y una población envejecida que hoy enfrenta la reconstrucción con menos redes de apoyo. Datos recientes de la Encuesta CASEN muestran que Nuble sigue sobre el promedio nacional en pobreza por ingresos. Su tasa de pobreza multidimensional alcanza cerca del 17%, similar al promedio país, pero con brechas territoriales que profundizan sus efectos en sectores rurales. La región es, además, una de las que concentra mayor proporción de población rural en Chile. Ese mundo implica menores oportunidades de acceso a servicios básicos, conectividad digital limitada y una vida al margen de redes urbanas que facilitan educación, empleo e inclusión social. La brecha digital actúa como una barrera crítica. Aunque existen iniciaC tivas para disminuirla, en numerosos sectores rurales el acceso a internet sigue siendo escaso. En un escenario donde educación, telemedicina, comercio y oportunidades laborales dependen crecientemente de lo digital, esta carencia restringe seriamente las posibilidades de desarrollo de las familias. Otro elemento relevante es la composición etaria. Nuble presenta una proporción significativa de personas mayores, con tasas sobre el promedio nacional. El envejecimiento, característico de territorios rurales donde los jóvenes migran a las ciudades, genera hogares donde adultos mayores cuidan a otros mayores, muchas veces con discapacidad funcional. En este contexto, la pobreza severa -que combina carencias por ingresos y multidimensionales-afecta a cerca del 6,9% de la población regional.
En comunas que visito a diario como jefe de Operación Social de Hogar de Cristo en la zona, como Ránquil, Quillón o Bulnes, estas cifras se traducen en familias que han perdido su vivienda y su capacidad de generar ingresos. Adultos mayores que vieron desaparecer sus huertos o gallineros. Jóvenes cuyo acceso a educación y empleo dependía de una infraestructura precaria. Ñuble es la segunda región con mayor impacto por los incendios este verano. Y sus características territoriales obligan a pensar una recuperación social distinta, con una mirada diferente, que no solo repare infraestructura, sino que fortalezca lo humano, el tejido comunitario. La reconstrucción de hogares es indispensable.
Sin embargo, también lo es invertir en infraestructura social: acceso a conectividad digital, apoyo consistente y sostenido en salud mental, redes de acompañamiento educativo y programas que consideren el envejecimiento y las cargas de cuidado en los hogares rurales. Porque en Ránquil, Quillón o Bulnes no sólo ardieron casas; se quemaron los escasos mecanismos de soporte que tenían muchas familias para salir adelante. La tarea que tenemos por delante no es solo reconstruir paredes, sino reconstruir dignidad, oportunidades y esperanza. Y lo haremos con quienes viven ahí, desde el territorio, con un acompañamiento que entienda la complejidad de esta ruralidad chilena. Autor: Mauricio Zorondo Jefe de operación social Hogar de Cristo Maule Sur y Ñuble. Opinión