Editorial: EL COMPLEJO ESCENARIO DEL HIDRÓGENO VERDE
Editorial: EL COMPLEJO ESCENARIO DEL HIDRÓGENO VERDE ondiciones internacionales adversas, sumadas a los extensos y complejos procesos de tramitación en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), han abierto un notorio desfase entre las aspiraciones de posicionar a Chile como un actor relevante en producción mundial de hidrógeno C verde y la realidad que enfrenta una industria que no logra despegar. Pese a la existencia de una Estrategia Nacional y a los recursos comprometidos por el Gobierno, solo 17 de los 83 proyectos anunciados en el país están operativos, y todos en escala piloto.
Ante tal escenario parece razonable revisar tanto los supuestos sobre los que se construyó tal estrategia -de manera de sincerar objetivos alcanzables-, como reevaluar el uso de recursos fiscales por US$ 2.800 millones comprometidos en incentivos tributarios, especialmente en un contexto de estrechez de las finanzas públicas. Hace cinco años, Chile se propuso producir el hidrógeno verde más barato del planeta hacia 2030.
La apuesta apuntaba a posicionar al país como un exportador relevante de energía limpia, marco en el que se celebraron anuncios de inversiones de gran magnitud -las más altas ingresadas al SEIApara impulsar ambiciosos proyectos en Magallanes.
Sin embargo, el desarrollo de la industria ha avanzado más lento de lo previsto y varias de esas iniciativas comienzan a replegarse frente a precios poco competitivos, una demanda internacional que no avanza y la incertidumbre regulatoria derivada de las múltiples observaciones que deben resolver los titulares de los proyectos en el SEIA. No se trata de un problema exclusivamente local, pues a nivel global, la industria atraviesa un proceso de ajuste que ha llevado a la cancelación o congelamiento de cerca de 60 grandes proyectos. Estimaciones recientes indican que incluso bajo escenarios optimistas, el hidrógeno verde seguirá siendo considerablemente más caro que las alternativas convencionales durante décadas. En ese contexto, las metas comprometidas en la Estrategia Nacional de 2020 parecen hoy difícilmente alcanzables en los plazos originalmente definidos. No se trata de abandonar el desarrollo del hidrógeno verde, sino de revisar su escala, ritmo y rol dentro de la matriz productiva. El incentivo tributario retroactivo por US$ 2.800 millones refuerza, además, la señal de que el Estado ha asumido riesgos significativos en una industria cuyo mercado aún no se consolida. De cara al próximo Gobierno parece, entonces, razonable emprender un ejercicio de realismo estratégico. Ello implica sentarse con la industria a sincerar expectativas, revisar plazos y redefinir criterios de éxito.
Ajustar la ambición no equivale a renunciar, sino a alinear la política pública con la evidencia económica y tecnológica disponible, evitando que una apuesta de largo plazo derive en frustración, desgaste fiscal y pérdida de credibilidad.. Ante el escenario adverso, es razonable revisar la Estrategia Nacional del sector y sincerar expectativas. EDITORIAL