Chilenos con Chilenos con la mirada la mirada económica económica nublada nublada por el por el pesimismo pesimismo
Chilenos con Chilenos con la mirada la mirada económica económica nublada nublada por el por el pesimismo pesimismo La economía chilena ha vivido una verdadera montaña rusa en las últimas tres décadas: del acelerado crecimiento de los años 90 tras la transición a la democracia, pasó por el boom de los commodities a inicios de los 2000, y luego a un estancamiento prolongado desde 2014. A estos vaivenes se sumaron eventos disruptivos como el estallido social de 2019 y la pandemia de Covid-19.
Estas distintas etapas históricas han moldeado de manera diferente las experiencias de cada generación, lo que motivó a investigadores del Centro de Estudios Públicos (CEP) Mauricio Salgado, César Gamarra y Sofía Fuchslocher a medir y evaluar el pesimismo económico en Chile. Este concepto se entiende como la expectativa de que las condiciones económicas, propias o del país, empeorarán en el futuro cercano. “Lo que tratamos de hacer es diferenciar las fuentes del cambio en las expectativas en el pesimismo económico. Distinguimos tres fuentes de cambio. En primer lugar la edad, en segundo lugar las cohortes generacionales, y en tercer lugar el período, el efecto que tiene el contexto histórico”, explica Mauricio Salgado, uno de los autores del estudio.
La premisa del equipo era que la edad de las personas, la generación a la que pertenecen y el momento histórico influyen incluso en direcciones opuestas en cuán pesimistas son sobre el futuro económico, tanto personal como nacional. Los resultados del sondeo revelan tendencias sorprendentes. En primer lugar, desde 2015 se ha desacoplado la percepción de la economía personal respecto de la nacional. En otras palabras, aumentó con fuerza el pesimismo acerca del futuro económico del país, mientras que el pesimismo sobre la situación económica personal incluso disminuyó levemente. Hoy la brecha es marcada: el pesimismo económico sobre Chile prácticamente triplica al pesimismo sobre la propia situación de cada encuestado. Los chilenos sienten mucha más incertidumbre y desazón con el rumbo del país que con sus finanzas domésticas. Según los investigadores, esto se explica porque, en el ámbito personal, las personas confían más en sus propias capacidades para enfrentar el futuro que en las oportunidades que les brinda (o niega) el entorno. Así, miran su porvenir individual con relativo optimismo, aun cuando ven el panorama colectivo “con lentes oscuros”. “Los individuos creen que tienen más capacidad y resiliencia de la que las propias instituciones pueden ofrecerles.
Si bien luego del estallido social y la pandemia nos hemos visto envueltos en una nube negra sobre lo que nos pasa como sociedad, en el día a día las personas van logrando sortear sus problemas cotidianos a base de diversas estrategias prácticas. Pero tener soportes colectivos débiles no va sin costo: problemas de salud mental, acumulación de rabia, irritaciones cotidianas en calles y espacios públicos. No todo puede descansar en los hombros de las personas”, advierte Raimundo Frei, académico de Sociología de la Universidad Diego Portales. Su mensaje subraya que la confianza individual tiene un límite cuando las redes sociales e institucionales son frágiles: el exceso de carga sobre cada persona termina generando malestar y desgaste en la convivencia diaria. La edad aparece como un factor importante en este pesimismo. El estudio muestra que a medida que la gente envejece tiende a volverse más pesimista sobre el futuro económico, tanto del país como el propio. Sin embargo, este aumento no es lineal ni infinito: el pesimismo alcanza su punto más alto en la mediana edad entre los 45 y 55 años y luego comienza a descender. De hecho, las personas de la tercera edad resultaron menos pesimistas (que los jóvenes) respecto al futuro de Chile, aunque más pesimistas respecto a su bienestar personal. Los mayores de 65 años, por ejemplo, son significativamente menos pesimistas que los menores de 30 acerca de cómo estará la economía chilena en adelante.
En cambio, sobre su situación individual ocurre lo opuesto: los adultos mayores suelen preocuparse más que los jóvenes por su propio porvenir económico, probablemente por la incertidumbre que conlleva la jubilación y la salud en esa etapa de la vida.
Asimismo, la generación de 45 a 55 años que carga simultáneamente con hijos que criar, padres que cuidar y años productivos que mantener aparece como la más pesimista de todas, reflejando las presiones particulares de esa etapa de la vida.
Esto sugiere que las responsabilidades familiares y laborales de la mediana edad pueden elevar la ansiedad económica, mientras que al superar esa etapa algunos alivian sus preocupaciones macroeconómicas (aunque enfrenten otras personales). El contexto histórico o período en que se encuesta a la gente también importa. El pesimismo económico sobre el país tiende a aumentar en tiempos de crisis y a disminuir en épocas de bonanza, según detalla el CEP.
No obstante, más allá de Un estudio del Centro de Estudios Públicos (CEP) revela que los chilenos mantienen un marcado pesimismo sobre el futuro económico del país, mucho mayor que el que sienten sobre su situación personal.
Esta visión pesimista alimentada por décadas de altibajos, desde el “boom” de los 90 hasta la crisis post-2019 influye en decisiones cotidianas como el consumo, la inversión, la planificación familiar y las proyecciones de vida, según expertos.. Chilenos con Chilenos con la mirada la mirada económica económica nublada nublada por el por el pesimismo pesimismo esos altibajos, la tendencia de largo plazo ha sido hacia una visión cada vez más pesimista sobre el destino nacional.
En 2001 solo un 17% de los chilenos creía que la economía empeoraría; hoy esa cifra ronda el 30%. “El estancamiento económico de la última década, junto con la creciente inseguridad y el desprestigio institucional, podrían explicar este incremento”, señala la investigación del CEP. Efectivamente, tras años de bajo crecimiento después del boom minero, sumados a la incertidumbre política del estallido social y los embates de la pandemia, muchos ciudadanos perciben un país estancado o incluso en declive.
En contraste, el estudio encontró que el contexto histórico no afecta mayormente el pesimismo económico personal : las personas evalúan su futuro económico individual con criterios más vinculados a sus propias experiencias y confianza en sí mismas, que a la coyuntura nacional. En sus vidas han aprendido a adaptarse y “hacer lo que se puede” pese a las crisis, lo que modera el pesimismo sobre su bolsillo, incluso cuando a nivel país las noticias sean desalentadoras. Otra arista relevante son las diferencias generacionales. Las cohortes más jóvenes de chilenos resultaron bastante menos pesimistas que las generaciones mayores, especialmente en lo relativo a su futuro personal. Por ejemplo, los nacidos entre 1997 y 2006 se mostraron 10 puntos porcentuales menos pesimistas sobre su porvenir económico propio que quienes nacieron entre 1947 y 1956.
Esta brecha generacional se amplía aún más al comparar a los jóvenes con cohortes nacidas antes de los años 40. ¿A qué se debe esta diferencia? Los autores del estudio sugieren que los chilenos más jóvenes han crecido con más herramientas educacionales y tecnológicas, fruto de la expansión de la educación superior en las últimas décadas, y con mayores expectativas de movilidad social ascendente, en un país que vivió importantes expansiones económicas durante su niñez y adolescencia. Ese contexto les habría dado un piso de optimismo mayor en lo individual. Sin embargo, no todos concuerdan con esta Ignacio Schiappacasse, interpretación. académico del doctorado en Estudios Sociales Avanzados de la Universidad Central, matiza que podría ocurrir lo contrario y cree que aún falta indagar más. “Uno perfectamente podría hacer el argumento contrario. Dado que [los jóvenes] crecieron en entornos menos precarizados, con empleos más seguros, empleos más formales, quizás ahora ellos ven con más pesimismo el futuro personal. Yo creo que hay varios elementos que no están completamente cerrados ni completamente abordados en el artículo y creo que requieren más investigación”, contraargumenta Schiappacasse. En su opinión, haber vivido en relativa estabilidad podría hacer a las generaciones recientes más sensibles a las incertidumbres actuales, aunque este punto aún no esté zanjado en la investigación. Todo este pesimismo económico no es solo un asunto de encuestas; también tiene eco en la vida cotidiana de la gente.
Expertos advierten que una visión pesimista del futuro puede influir en múltiples decisiones diarias: desde cómo gastamos o invertimos el dinero, hasta si nos animamos a formar una familia o qué tan lejos proyectamos nuestros planes. César Gamarra, coautor del estudio CEP, plantea que uno de los efectos posibles del pesimismo es la caída en la tasa de fecundidad que ha experimentado Chile. En la última década, el país alcanzó su nivel histórico más bajo de nacimientos, con menos de 1,3 hijos por mujer en promedio. “Ese es un aspecto que estamos evaluando, a ver si [el pesimismo] tiene alguna relación con sus preferencias en cuanto al tamaño de su familia”, comenta Gamarra. En otras palabras, si muchos jóvenes ven el futuro económico negro, podrían estar postergando o renunciando a tener hijos por temor a no poder darles estabilidad.
Raimundo Frei coincide en que la incertidumbre influye en la decisión de ser padre o madre: destaca que hoy es común escuchar a jóvenes decir que no quieren tener hijos pensando en los problemas que traerá el cambio climático, un ejemplo de cómo las perspectivas pesimistas sean económicas o ambientales calan en los proyectos de vida..