Autor: Benjamín González Esnaola, emprendedor y consultor socioambiental
Columnas de Opinión: Cuando los números dejan fuera lo esencial
Columnas de Opinión: Cuando los números dejan fuera lo esencial H ace casi seis años escribí sobre la tiranía del PIB y cómo ese indicador, convertido en ídolo irrefutable, limita nuestra comprensión de bienestar y desarrollo. Hoy, más vigente que nunca, lo veo reflejado en las decisiones cotidianas de las empresas: medir éxito estrictamente con números de costo y eficiencia sin cuestionar las externalidades que generan. Ese enfoque corto-placista conspira de frente contra la Economía Circular. El Producto Interno Bruto fue diseñado para capturar el valor de bienes y servicios producidos en un país. Pero ya desde su concepción, economistas críticos advirtieron sus límites: no mide bienestar real, ni recoge agotamiento de recursos, ni contabiliza las externalidades ambientales o sociales que importan hoy con urgencia.
En Chile, y en muchos países, los equipos de compras y supply chain están fuertemente incentivados a reducir costos por unidad y mejorar métricas "económicas". ¿ Pero cuántas veces se les pide reducir los residuos generados por cada peso comprado? ¿ Existe siquiera un KPI que relacione inversión con impacto material? Probablemente no. Ese vaciamiento de criterios de sostenibilidad en la gestión de compras hace que decisiones que parecen óptimas desde el costo, terminen generando más residuos y promoviendo modelos lineales disfrazados de eficiencia. La Economía Circular exige algo distinto: no sólo minimizar costos, sino maximizar valor total del ciclo de vida de los materiales. Incluye reuso, diseño para desmontaje, prolongación de vida útil, y, sí, la reducción de residuos desde la compra misma. Esta perspectiva -capturada en conceptos como procurement circular osostenibleplantea que el comprador debe evaluar no sólo precio y calidad, sino también la capacidad de ese bien de integrarse a ciclos de uso extendido o reutilización. Sin embargo, las estructuras de incentivos corporativas siguen siendo en gran parte heredadas de la lógica del PIB: números simples, metas trimestrales, reportes de eficiencia y reducción de costo. Las compras circulares, en cambio, requieren métricas más complejas y de largo plazo, como tasa de reuso, porcentaje de material post-consumo utilizado, o residuos evitados por dólar invertido. Hasta que no repensemos nuestros modelos de medición interna, seguiremos atrapados en una economía que premia lo barato y castiga lo complejo. El PIB y sus equivalentes corporativos -KPIs financieros estrictosno desaparecerán, pero sí debemos expandirlos con indicadores que reflejen valor sistémico, impacto ambiental y social, y resiliencia de materia prima y talento humano. La Economía Circular no es sólo un discurso ambiental: es una invitación a repensar los incentivos corporativos, a hacer que cada peso invertido cuente también para la regeneración, la reutilización y la sustentabilidad. Si no lo hacemos, el corto plazo seguirá ganando, y con él, una falsa idea de progreso sustentada en números que, en el fondo, no miden todo lo importa. Autor: Benjamín González Esnaola, emprendedor y consultor socioambiental. C Columna