Choque derriba postes y deja a 7.669 clientes sin luz en el sur de Iquique
Choque derriba postes y deja a 7.669 clientes sin luz en el sur de Iquique La zona sur de Iquique volvió a quedar a oscuras por una causa que, en lo inmediato, parece tan cotidiana como inquietante: un choque a las 22:14 horas del pasado domingo, en la intersección de Cerro Dragón con Los Molles, un vehículo colisionó con infraestructura eléctrica del sector.
El impacto no solo dañó un punto específico, sino que desencadenó un efecto dominó: caída de varios postes, corte de líneas de media tensión y un apagón que alcanzó a 7.669 clientes, con consecuencias directas en hogares, comercio de barrio y servicios que dependen de la continuidad energética. El episodio deja dos lecturas paralelas. La primera es técnica y operativa: ante el accidente, personal de CGE activó un plan de contingencia que permitió recuperar el servicio para aproximadamente el 70% de los clientes durante la noche.
La segunda es estructural y política: un solo evento vial logró tumbar parte de la red y obligó a trabajos que se extendieron hasta el lunes a las 14:00 horas, en un tramo urbano que mezcla tránsito, residencias y equipamiento público. La pregunta que queda instalada no es solo cuánto demoró la reposición, sino por qué el sistema sigue siendo tan vulnerable a un impacto en calle.
También aparece un punto que, aunque menor, importa en la credibilidad del relato oficial: se ha descrito el hecho como ocurrido "en la madrugada", pero el registro horario es 22:14, es decir, en la noche del domingo. En emergencias, esa precisión no es un tecnicismo. El momento del corte determina decisiones de seguridad, previsión familiar y respuesta institucional. Cuando el lenguaje se vuelve difuso, la ciudadanía lee improvisación, aun cuando exista trabajo en terreno. En lo inmediato, los equipos se enfocaron en contener el daño y reconstruir el tramo afectado. En este tipo de contingencias, el restablecimiento suele ocurrir por etapas: reconfiguración de alimentadores, transferencias de carga y maniobras para aislar el sector dañado, antes de levantar nuevamente postes, reconectar conductores y normalizar la operación. Esa lógica explica por qué parte importante de los hogares volvió a contar con energía durante la noche, mientras la solución definitiva -la reposición física de la redse estiró hasta el día siguiente.
Pero la explicación técnica, por sí sola, no resuelve el dilema de fondo: si la reposición total requiere casi todo un ciclo de día laboral, el territorio queda expuesto a pérdidas y riesgos que se repiten cada verano, cada fin de semana, cada vez que un vehículo se sale de control.
Ahí emerge el ángulo crítico: una red urbana no puede depender de que el tránsito "se porte bien". La infraestructura eléctrica en sectores con flujo vehicular debería incorporar barreras, distancias de seguridad, protección de bases y criterios de diseño que asuman el error humano como variable permanente, no como excepción. Si un choque derriba "varios postes", no se trata de una falla puntual, sino de un diseño que permite que el daño escale. La resiliencia se mide, precisamente, en la capacidad de evitar ese efecto cascada. La comparación con años anteriores refuerza el diagnóstico.
En 2024, por ejemplo, la discusión pública en Tarapacá ya advertía interrupciones recurrentes y la necesidad de soluciones coordinadas entre autoridad sectorial, fiscalización y empresa, a propósito de cortes que afectaban operaciones críticas, como las transmisiones de medios instalados en el Cerro Tarapacá.
En esa ocasión, se realizó una reunión liderada por la Seremi de Energía junto a la SEC regional y profesionales de CGE para definir una estrategia que "minimice futuras interrupciones" y evaluar alternativas de proyectos energéticos, incluso con fondos públicos y renovables. La señal era clara: el problema no era nuevo, y el camino era anticiparse. Dos años después, la contingencia del sur de Iquique muestra que la fragilidad no se limita a un cerro o a instalaciones específicas. Cambia el punto geográfico, cambia la causa inmediata -aquí, un impacto vehicular-, pero se mantiene el patrón: cortes relevantes por eventos que, aunque accidentales, son previsibles en ciudades con alta circulación. La gran diferencia es que, mientras en 2024 el énfasis estuvo en mesas de trabajo y promesas de "soluciones efectivas", en 2026 la ciudadanía vuelve a enfrentar un apagón masivo en su escala local. Esa tensión entre anuncio y resultado es la que erosiona confianza. En este contexto, resulta inevitable mirar el rol de la fiscalización y el estándar con el que se evalúa la continuidad del servicio. La Superintendencia de Electricidad y Combustibles utiliza indicadores como SAIDI -duración promedio de interrupciones por clientey distingue el origen de los eventos entre causas internas, externas o fuerza mayor. Además, la SEC no solo recibe la calificación inicial de las empresas, sino que puede recalificar interrupciones tras un análisis detallado. Esta distinción no es decorativa: define responsabilidades, determina si corresponde compensación y ordena el debate público sobre lo que era evitable y lo que no. El choque, por definición, puede ser presentado como factor externo. Sin embargo, en la práctica, la frontera entre "externo" y "evitable" se vuelve más compleja cuando la infraestructura carece de protecciones o se ubica en condiciones que facilitan el daño masivo. No se trata de culpar a la empresa por un conductor irresponsable, sino de exigir que el diseño de la red no convierta un accidente en una crisis barrial. Y, del lado municipal y policial, la discusión también es incómoda: velocidad, señalización, control de tránsito y puntos críticos de riesgo deberían estar mapeados con criterios de prevención, no solo de reacción. Otro punto que suele quedar escondido tras la épica del "trabajo hasta tarde" es el impacto doméstico. Un corte nocturno afecta calefacción o ventilación, conservación de alimentos, carga de dispositivos, seguridad del entorno y, en algunos casos, equipamiento médico domiciliario. Por eso, más allá de la reposición, importa lo que ocurre con las compensaciones y la información a clientes. La SEC define compensaciones automáticas como aquellas que deben pagarse cuando se superan los tiempos establecidos por la normativa vigente, sin requerir pronunciamiento previo. Y también contempla compensaciones instruidas o recalificadas en función de interrupciones no autorizadas y análisis posterior. En simple, no basta con "volver la luz": corresponde transparentar si se cumplieron estándares y qué Crónica resarcimientos aplican cuando no se cumplen. En la noche del domingo, la empresa consiguió restituir cerca de siete de cada diez clientes. Ese dato, leído con generosidad, evidencia capacidad de maniobra y despliegue. Leído con lupa, revela otra cosa: que una porción significativa siguió sin energía hasta el día siguiente, a la espera de una reconstrucción que terminó recién a las 14:00 horas del lunes. En términos urbanos, eso equivale a atravesar la madrugada completa, el inicio de jornada y parte del mediodía sin un servicio esencial. En un territorio que se promociona como polo turístico y logístico del norte, esa brecha también se traduce en costo reputacional.
La contingencia, además, obliga a mirar el "después". ¿ Se repondrá exactamente lo mismo, en el mismo lugar, con los mismos riesgos? ¿ Habrá refuerzo de bases, soterramiento parcial, barreras físicas o rediseño del trazado? ¿ Se revisarán puntos con alta siniestralidad vial para evitar que el próximo choque tumbe otra hilera de postes? La experiencia indica que, sin presión pública y sin seguimiento de autoridades, las emergencias terminan cerrándose con el último poste levantado, como si el problema hubiera sido solo el golpe y no la exposición de la red.
La comparación con años previos, entonces, no se resume en horas de reposición, sino en una pregunta más dura: ¿ por qué, si el debate sobre continuidad y soluciones ya estaba instalado al menos desde 2024, la ciudad sigue enfrentando cortes de alto impacto por eventos previsibles? La respuesta probable incomoda a todos: inversión que compite con otras urgencias, coordinación lenta entre instituciones, fiscalización que actúa después del daño y una planificación urbana que tolera infraestructura crítica sin protección suficiente. El incidente de Cerro Dragón con Los Molles no es solo una noticia de emergencia; es un síntoma.
Y, como síntoma, exige tratamiento de fondo: prevención vial, robustecimiento de redes, transparencia en plazos y criterios de compensación, y una agenda que mida su éxito no por comunicados, sino por la reducción real de clientes afectados cuando ocurra lo inevitable: el próximo accidente.
La colisión de un vehículo contra infraestructura eléctrica en Cerro Dragon con Los Molles provocó caída de postes, daño en líneas de media tensión y un apagón que expuso la fragilidad de la red ante incidentes viales.
CGE activó contingencia y restableció cerca del 70% del servicio durante la noche, pero la reconstrucción se extendió hasta las 14:00 horas de ayer lunes, reabriendo el debate sobre prevención, inversiones y compensaciones.. Algo que ya es habitual La colisión de un vehículo contra infraestructura eléctrica en Cerro Dragon con Los Molles provocó caída de postes, daño en líneas de media tensión y un apagón que expuso la fragilidad de la red ante incidentes viales. CGE activó contingencia y restableció cerca del 70% del servicio durante la noche, pero la reconstrucción se extendió hasta las 14:00 horas de ayer lunes, reabriendo el debate sobre prevención, inversiones y compensaciones.