COLUMNAS DE OPINIÓN: Chile reduce la pobreza, pero deja atrás a los más pobres
COLUMNAS DE OPINIÓN: Chile reduce la pobreza, pero deja atrás a los más pobres Esta semana el gobierno presentó los resultados de la encuesta CASEN 2024 destacando la reducción de la pobreza en Chile. Es una noticia que, a primera vista, invita al optimismo. Pero si uno mira los datos con más atención, la historia cambia. Y cambia de forma inquietante. Hoy, más de 3,4 millones de personas siguen viviendo en pobreza por ingresos. No logran cubrir sus necesidades básicas ni siquiera considerando las ayudas del Estado. Pero el dato más duro -y menos comentado es otro: más de 1,1 millón de personas vive en pobreza severa. Son pobres por ingresos y, además, enfrentan múltiples carencias en vivienda, salud, educación, trabajo, cuidados o redes de apoyo. Es decir, viven la pobreza en su forma más profunda y persistente. La CASEN muestra algo que debería preocuparnos más que cualquier titular: el 10% más pobre de Chile hoy genera menos ingresos propios que hace quince años. Sus ingresos laborales caen, mientras los subsidios aumentan y pasan a representar cerca del 70% de lo que recibe un hogar. Las transferencias son necesarias --nadie discute eso--, pero cuando no van acompañadas de oportunidades reales, terminan administrando la pobreza en vez de superarla. Nuestra región es la segunda del país con mayor porcentaje de población en pobreza por ingresos. Son 286.053 personas en Maule, cuyo nivel de ingresos es insuficiente para adquirir la canasta básica de alimentos y de otros bienes y servicios básicos. Aunque Chile ha avanzado en protección social no ha logrado fortalecer la capacidad de las personas para salir adelante por sí mismas. Trabajo digno, acceso a cuidados, educación pertinente, redes comunitarias. Eso es "cano, acceso a cuidados, educación pertinente, redes comunitarias. Eso es "caMauricio Zorondo, jefe de operación social Hogar de Cristo Maule Sur pacidad de agencia". Y sin agencia, no hay salida sostenible de la pobreza. También hay alertas que no se resuelven con bonos: más soledad, menos redes de apoyo, hogares que cuidan a personas dependientes sin ayuda, empleo precario que no alcanza para vivir. La pobreza hoy no es solo falta de plata. Es cansancio, abandono y falta de oportunidades reales. Celebrar promedios mientras más de un millón de personas vive atrapada en pobreza severa es un error.
La pregunta de fondo es si estamos dispuestos a mirar de frente a quienes siguen quedando atrás y a cambiar el foco de las políticas públicas: menos triunfalismo, más humanidad, más dignidad y más capacidad de acción para quienes hoy no la tienen..