Editorial: Empleo femenino: negativo cuatrienio
Editorial: Empleo femenino: negativo cuatrienio En los últimos trimestres móviles se observa una leve recuperación del empleo femenino, que ha permitido una reducción en la tasa de desocupación de las mujeres respecto del año anterior. Con todo, su desempeño durante la actual administración ha sido excepcionalmente débil.
Basta comparar el 8,5% del trimestre móvil octubre-diciembre de 2025 con el 7,4% registrado hace cuatro años para constatarlo: hay 50 mil mujeres menos trabajando que las que podrían hacerlo de haberse mantenido la tendencia previa. El problema es profundo. Hay que recordar que las condiciones internacionales han sido, en general, positivas, a pesar de los conflictos geopolíticos. Así, por ejemplo, las tasas de desocupación de las mujeres en el mundo desarrollado de la OCDE han estado en niveles históricamente bajos.
En cambio, en Chile, si el desempleo femenino en el primer año de este gobierno promedió un 8,6%, ayudado por la recuperación que venía ocurriendo tras la pandemia, esta administración terminará con un 9,1% promedio, un nivel históricamente alto. Es decir, hubo incapacidad para sostener la tendencia que venía registrándose después de ese complejo 2020 en que irrumpió el covid.
Cabe advertir que este mal desempeño es superado solo por los registros observados, precisamente, durante la pandemia y, antes, en el primer año de la primera administración del expresidente Piñera, que lidiaba con el desempleo generado por la crisis económica mundial de 2008-9 y el terremoto de febrero de 2010. El otro registro comparable es el promedio de 9,3% observado en el tercer año de la presidencia de Gabriel Boric. No se puede, pues, sino concluir que ha habido un muy mal desempeño de la ocupación femenina en esta administración.
Todo esto ocurrió a pesar de que las mujeres con educación superior completa pasaron en este período de representar un 40,9 a un 47,4% de la fuerza de trabajo femenina, es decir, creció proporcionalmente el grupo que tiende a tener tasas de desocupación más bajas.
Sin embargo, los datos muestran que la tendencia al aumento en el desempleo femenino se da en todos los grupos educacionales, salvo entre aquellas con menor escolaridad, lo que quizás se explique porque su participación en la fuerza de trabajo es por lejos la más baja. Así, el cambio de composición no ayudó a reducir la desocupación, sugiriendo que este mal desempeño tiene causas más complejas y que no fueron advertidas por la administración actual. Es muy posible que la clave esté en dos ejes fundamentales. Por una parte, que dicho cambio es principalmente el resultado de la incorporación de mujeres jóvenes a la fuerza de trabajo. Por otra, que las transformaciones tecnológicas que están ocurriendo requieren de un mercado laboral mucho más flexible para facilitar la rotación laboral.
Esto, cuando se ha acumulado evidencia de que las inflexibilidades son más dañinas para mujeres y jóvenes, porque son los grupos que con mayor frecuencia están entrando a la fuerza de trabajo y esas inflexibilidades se vuelven un obstáculo difícil de superar. La incomprensión de estos fenómenos por parte del actual gobierno se evidencia en el hecho de que, en lugar de avanzar en flexibilidad, ha intentado ir, de manera sistemática, en la dirección contraria.
Así, por ejemplo, no aprovechó la reducción de la jornada laboral a 40 horas para permitir más flexibilidad en los horarios y para lograr una mejor regulación de las jornadas parciales, perdiendo la oportunidad de modificar regulaciones que no contribuyen a la creación de empleo ni a la protección de los trabajadores. Además, en las postrimerías de esta administración, se insiste en una iniciativa de negociación ramal que hace tiempo se está abandonando en los países que la adoptaron, precisamente, por la urgencia de lograr más flexibilidad. El ministro del Trabajo nombrado por el Presidente electo tiene en esta materia un enorme desafío. Afortunadamente, ha desarrollado parte de su investigación académica en este ámbito y tiene claras las consecuencias de regulaciones muy inflexibles para la ocupación en general, y en particular para la de las mujeres.
En lugar de asumir la necesidad de flexibilizar el mercado laboral, el Gobierno ha ido sistemáticamente en la dirección opuesta.. En lugar de asumir la necesidad de flexibilizar el mercado laboral, el Gobierno ha ido sistemáticamente en la dirección opuesta.