FOTÓGRAFA PIN CAMPAÑA Y LA SALUD FRAGIL: "YO YA ME ACOSTUMBRE AL DOLOR"
FOTÓGRAFA PIN CAMPAÑA Y LA SALUD FRAGIL: "YO YA ME ACOSTUMBRE AL DOLOR" "Y o empecé a dejar de caminar en 2023", cuenta la fotógrafa Pin Campaña. No hay lamento en sus palabras. Habla con la calma de quien sólo entrega un dato. Las dolencias en su espalda -por tantos años en un trabajo, dice, que implica cargar equipos, caminatas largas, sobrecarga fisica en su cuerpo menudose agudizaron en esa fecha, provocándole una cojera. Eso se unía a la fractura de un pie durante la pandemia, que sanó sola.
Fue intervenida de la columna al año siguiente, en 2024, a lo cual siguió un proceso frágil de salud que ha implicado nuevas cirugías y que la tiene desde hace más de un año desplazándose en silla de ruedas. "La rodante", como la bautizó ella, con humor. En todo este tiempo, pese a la movilidad más reducida, ha seguido tomando fotografias; incluso de noche, sumergida en su jardin. "Son mi oxigeno, no puedo hacer otra cosa. Todo para mi es una fotografia", explica.
En su Instagram, seguido por más de 17.000 personas, cuenta sobre esos trabajos y también ha ido armando una especie de bitácora de la enfermedad, donde sus palabras no esquivan lo áspero, pero hasta eso es narrado con aires de poesía en la pluma de la artista.
Pero hay más: estos meses ha podido encontrar también la tranquilidad para revisar el material que ha retratado en 38 años de oficio y que darán vida a su primera exposición individual, que se inaugura el 28 de marzo en Lo Matta Cultural.
La tituló Imágenes paganas, en un guiño a la conocida canción del grupo Virus, que ella -entusiasta melómanareconoce le sigue volando la cabeza, tal como le pasó cuando la escuchó por primera vez a mediados de los '80. "He sido estoica" Pin Campaña -que estudió Filosofía en la Universidad de Chile y luego Literatura en La Sorbonne, en Parisse inició en la fotografia en el Taller Uno, de Roberto Edwards, a principios de los '90. No se detuvo más y buena parte de su trabajo fue publicado en la Revista Paula. Retratos de personajes públicos y anónimos, paisajes, animales, detalles de flores, texturas. Todo siempre muy personal. "Hay mucho de autorretrato en cada imagen que uno elige, hay dolor, verdad, vida y término", escribió hace unos meses en su Instagram. Dice que ella conoció la fragilidad, esa sensación de vulnerabilidad, siendo muy niña. "Soy hija de la Guerra Fría, donde el mundo estaba a punto de terminarse por las ojivas nucleares. Mis papas y sus amigos, gente muy inteligente, hablaban mucho de eso.
Yo, cabra chica, los escuchaba y pensaba: 'Esta cuestión se va a acabar'. Miraba el cielo y las nubes, y sentía que no volvería a verlos". A eso sumo pronto, por situaciones familiares, la conciencia de la muerte y de la pérdida.
Y a ello se agregaba que en su colegio, el Santiago College, sufría bullying, lo cual le instaló para siempre la idea de no encajar en ningún sitio. "Pero desde entonces he sido estoica, como me enseñó mi padre. No me quedo en lo trágico: yo fui entrenada para el poco drama y la mucha risa". También, dice, le quedó lo de ser solitaria y un poco ermitaña. De su salud tampoco habla con tonos dramáticos. Y eso que razones tendría. Hace 30 años sufre de un lupus, que cada cierto tiempo se le presenta en el cuerpo. POR PATRICIO DE LA PAZ FOTOS: PIN CAMPAÑA Como esta tarde de marzo, en que cuenta que está con un brote lúpico que le tiene con heridas la cabeza.
A eso se adiciona la enfermedad de Addison, que ha enfrentado tres cánceres y que a uno de sus riñones sólo le queda la mitad. "Tengo muy buena salud, soy una vikingo. ¿ De qué podría quejarme? Eso no está en mis códigos. Encuentro que he tenido mucha suerte", explica en su particular estilo. En 2024 vino la cirugía a la columna, "de la que quedé estupendo, por fin sin dolor". señala.
Pero le duró poco: una semana y media después sufrió un infarto en la cadera y un fémur. "Eso sucede porque se te necrotizan los huesos debido al exceso de corticoides que he tomado por mi historia con el lupus -explica -. Es como que los huesos explotan por dentro. Es un dolor intenso, pero como ya había sufrido tantos dolores toda la vida, no me desmayé. Yo ya me acostumbré al dolor". La situación requería una cirugía urgente. Pero Pin no tenía dinero ni ahorros. "Después de 30 años de lupus, ¿qué recursos te van a quedar?". Asi que entre sus amigos y conocidos armaron una colecta para reunir fondos. Finalmente se operó ese mismo 2024 en un hospital público, donde le pusieron prótesis para reemplazar los huesos dañados. "Pero hubo una negligencia, pusieron mal las prótesis", cuenta. Eso significó que la pierna se le salía con facilidad, "como le pasa a las muñecas". Se le hacía dificil caminar. Dice que se cayó cinco veces al suelo y tenía que ir a buscarla la ambulancia. Algunas veces la hospitalizaban.
Empezó a usar la silla de ruedas, "que no es ni mía, me la prestaron". Y a pensar inevitablemente en una nueva cirugía. "El año de la silla de ruedas" El último día de diciembre pasado, Pin Campaña puso en su Instagram un largo texto, que acompañó con una foto de ella junto a sus tres hijos: Pablo, Clara y Josefina.
Bautiza al 2025 como "el año de la silla de ruedas". Cuenta que hubo mucha introspección, "dura, maravillosa, contradictoria", que nunca perdió el humor ni la capacidad de reírse de sí misma y que hasta aprendió a bailar sentada en "la rodante". Que nunca dejó de fotografiar. Que algunas mañanas, medio dormida, "creía que iba a caminar y no, error, no tenía ni pierna ni cadera". Al final, despide el año: "Chao precioso 2025. Fuiste de una dureza de piedra". El 2026 "que hasta ahora va muy bien, pude ir a la playa"traerá una nueva cirugía, en que se reemplazarán las prótesis mal puestas. Había pensado en enero, pero será en abril. "Asumí que yo podía seguir en silla de ruedas hasta que juntara la plata para una nueva operación. Así que mejor en abril. Además, para eso debo estar bien del lupus, que no ha estado tan estabilizado. Se descontrola fácilmente, es muy lobo el lupus.
Pero lo respeto y lo quiero, me ha ayudado a vivir mejor: el lupus me ha hecho reflexionar sobre lo frágil y fugaz de la vida; y también a agradecer cada día y hora al despertar". Habla inspiradamente, pero igual reconoce miedo: "Sí, tengo mucho susto a operarme". Antes de la cirugía, eso sí, Pin Campaña va a inaugurar su primera exposición individual. ALGUNAS EXCEPCIONES En general, Pin Campaña no tiene una buena opinión de los seres humanos. "Le dan al de al lado, lo hunden", dice. "Por suerte no todos son así", agrega. Y se le vienen rápido a la cabeza dos personas. Uno es Juan Diego Santa Cruz, cronista gastronómico y dueño del restaurante El Rey, con quien armó un libro de recetas. Él puso los textos, ella las fotografías. "Es un hombre que se queda calladito, pero es tremendo", dice. La otra es Pilar Matte Capdevila, presidenta de la Fundación Alegría. "Yo trabajé en el Museo Pehuenche como un encargo de don Eliodoro Matte y de su hija Pilar. Ella podría dedicarse a lo que quisiera, porque tiene toda la plata del mundo, pero es matea, matea, matea y buena para la pega. A mí ella me emociona, me da fe en el ser humano. Creó su fundación para niños que se están muriendo. Y cuando se estaba haciendo la colecta para pagar mi cirugía, me llamó y me dijo que por qué no le había avisado. Yo nunca me he atrevido a pedirle nada, pero la Pilarcita me salvó el alma y la vida en muchas oportunidades", dice. Toma aire y continúa: "Cuando vuelva a caminar, voy a trabajar en su fundación. Con las mamás de los niños. Yo sé tejer, bordar, sé hacer de todo para entretenerlas.
Y si no vuelvo a caminar, lo haré igual en silla de ruedas". De pronto, se acuerda de otro nombre: el doctor Miguel Cuchacovich, "quien me ha acompañado por 30 años y gracias a él estoy viva. Es mi médico de cabecera, como el director de la orquesta, porque con el lupus te pueden pasar millones de cosas. Entonces él me deriva para allá, para acá. Lo adoro, es un genio.
Le dicen God". Dice que revisar su material de casi cuatro décadas fue "un proceso de autoconocimiento muy profundo, como un psicoanáli sis". Reconoce que nunca antes había tenido tiempo de dedicarse a algo asi, y que ahora sólo lo logró porque la silla de rueda la obligó a moverse menos y le liberó horas. “Ahí yo entendí por qué me dejaron en 'la rodante', fue para que hiciera esto. Si no, no lo hubiera hecho.
Uno siempre vive hacia adelante, pero entiende las cosas a posteriori". No fue una tarea simple. "Elegir sólo 120 fotografías en un universo tan grande de imágenes fue una tragedia", advierte antes de abrir su computador para mostrar algunas. Se detiene en varias que va desplegando en su pantalla. Ahí está un retrato de un muy joven Gustavo Cerati. Un primer plano de Ernesto Sábato. Una mujer de 90 años que cuida cabras pequeñas en el campo. Un elegante Mario Vargas Llosa. Dos niñas que corren, con sus velos de primera comunión al aire, en el Valle del Elqui. Cecilia Bolocco sonriente y de pelo oscuro. Un piño de ovejas que miran fijo a la cámara. Un pájaro que se cruza frente a la fachada del Guggenheim en Nueva York. Armando Uribe al lado de una escalera antigua. Un chef con un pulpo adherido a su cabeza. Delfina Guzmán de perfil. Abre otra carpeta con retratos y autorretratos suyos. Luce muy distinta entre una y otra imagen. Ella lo sabe: "Nunca soy la misma persona. Por el lupus o por lo que sea, yo cambio mucho. Además, siempre me he visto menor; cosa que ahora a mis 65 años ya no pasa". Entonces, subitamente, Pin Campaña recuerda una foto. No está en su computadora; debe buscarla en su celular. La muestra: es la imagen de una niña en blanco y negro. "Me da pena verme asi, de niñita. Con esos ojitos como asombrados del mundo. Una mirada bendita, en el sentido de inocencia, de bondad. Me dan ganas de llorar. Me doy cuenta de que no he crecido nunca", comenta. La fragilidad vuelve a flotar en el aire.
Y esta vez con banda sonora: Pin Campaña conecta un parlante y desde su celular echa a andar la canción Imágenes paganas, que habla de recorrer un camino, mirar lo que hay a los costados, abrirse al cambio e ir soltando los pesos. Ella cierra los ojos y tararea, emocionada. +. A fines de marzo inaugura la primera exposición individual en sus casi cuatro décadas de oficio. La preparó sentada en una silla de ruedas, en la que lleva más de un año luego de que una cirugía a la cadera no resultó bien. En abril irá de nuevo a pabellón. Ella sabe de enfermedades: entre otras cosas, tiene lupus hace 30 años. En esta conversación habla de la fragilidad, de no dramatizar, de ser estoica. Y también de sus fotografías, donde reconoce que, pese a lo diversas que son, siempre hay mucho de autorretrato. FOTÓGRAFA PIN CAMPAÑA Y LA SALUD FRAGIL: "YO YA ME ACOSTUMBRE AL DOLOR".