Autor: JUAN MARCOS HENRÍQUEZ, DR. EN CIENCIAS BIOLÓGICAS
Columnas de Opinión: La batalla ideológica por los recursos
Columnas de Opinión: La batalla ideológica por los recursos El próximo cambio de mando y el contexto internacional nos ofrece una interesante oportunidad para filosofar sobre las diferencias ideológicas implicadas, algo similar a la guerra fría, donde la pelea es por recursos. En la geopolítica actual, poseer recursos naturales críticos es, a menudo, una invitación involuntaria al conflicto. La intervención sobre Venezuela no se explica sin su condición de gran reserva de petróleo. Para las naciones ricas en materias primas, la abundancia no es solo una posibilidad de bienestar y crecimiento, es también un factor de riesgo (ej. Groenlandia). Bajo esa lógica, Chile debe planificar y decidir sobre su riqueza mineral con cierta cautela y estrategia. Ser el poseedor de las mayores reservas mundiales de cobre y litio nos coloca inevitablemente en el mapa de interés de las grandes potencias que ven en nuestros recursos la clave para su propia autonomía. En este escenario, el debate sobre nuestro modelo económico ha dejado de ser un frío cálculo de utilidades para convertirse en un dilema sobre nuestra seguridad y soberanía. Chile se encuentra en una encrucijada histórica. Por un lado, el capitalismo americano, que ha movido nuestros engranajes por décadas, se basa en la idea de que la iniciativa privada debe ser el motor principal, con un Estado minimizado que apenas interviene.
Sin embargo, este modelo arrastra una debilidad que Engels describió como la "anarquía de la producción". En este esquema, el mercado opera bajo impulsos inmediatos, donde la lealtad de las corporaciones suele estar con los dividendos a repartir y no con el destino de largo plazo de una nación.
Esta falta de planificación nos deja vulnerables, pues sin una articulación pública es difícil actuar como un ente frente a intereses externos que, con demasiada frecuencia, solo ven nuestro territorio como su patio trasero, con un afán extractivista para sus lucrativos intereses. Esta vulnerabilidad se evidencia en la revocación de visas por parte de EE.UU. a tres funcionarios chilenos; una medida que busca influir sobre nuestras decisiones soberanas. Por otro lado, frente a esta fragilidad, el modelo chino surge no solo como un sistema económico, sino como una propuesta de control soberano.
Es una visión que se basa en la importancia de tener una "planificación consciente". China no se limita a extraer recursos y utiliza al Estado como el gran arquitecto que dirige la riqueza hacia la creación de infraestructura propia y tecnología de vanguardia, el llamado capitalismo estatal. Para Chile, acercarse a esta lógica debe ser un acto de pragmatismo.
La creación de la Empresa Nacional del Litio es, en el fondo, un intento de arrebatar el control de nuestras riquezas naturales a esa "anarquía" del mercado, buscando que el Estado sea un socio activo en la extracción y producción, garantizando que el conocimiento y la tecnología se queden en casa. Esta búsqueda de soberanía también intenta asomarse en el tejido social, aunque el camino ha sido accidentado.
En la reforma previsional a pesar de que la intención inicial buscaba un cambio profundo y solidario, el proceso derivó en una versión que fortalece el negocio de las AFP y el sistema de capitalización individual por sobre el bienestar colectivo. No obstante, incluso en este avance mínimo y contradictorio, el intento original de fortalecer un componente público es un camino necesario. El Estado debe administrar los procesos sociales para evitar que las crisis afecten y compliquen la convivencia y el bienestar. En Chile, entender que la estabilidad no puede depender solo de la rentabilidad financiera es un paso vital para evitar que las desigualdades nos conviertan en un país fácil de fracturar e intervenir desde afuera. Nuestra verdadera soberanía en estos tiempos no se medirá por cuántas toneladas de cobre o litio somos capaces de extraer, sino por nuestra voluntad de abandonar, de una vez por todas, el modelo netamente extractivista.
La independencia real se jugará en nuestra capacidad para capitalizar una infraestructura nacional fuerte, desarrollar tecnología propia y garantizar un bienestar social que no dependa de si el precio de los minerales sube o baja en la bolsa. Nuestro éxito estratégico dependerá de entender que la única defensa real contra la dependencia es un Estado capaz de mirar más allá del presente.
Chile intenta, finalmente, que su riqueza mineral sea el motor de una industria moderna, digna y soberana, y no la condena de una nación que solo supo exportar su materia prima para el beneficio de otra bandera. Mientras el gobierno saliente de Boric asume las presiones de EEUU como un ataque a su legado, el entrante de Kast podría usarlas para realinear las relaciones exteriores. Ya veremos si Kast avanza en soberanía o sucumbe a los intereses de las grandes corporaciones americanas. ¿ Optará por la patria soberana o será Stephen Candie ?. Autor: JUAN MARCOS HENRÍQUEZ, DR. EN CIENCIAS BIOLÓGICAS. La columna de. ..