Tragedia en el poblado de El Cobre cumple 60 años
Tragedia en el poblado de El Cobre cumple 60 años i NogaIes Tragedia en el poblado de El Cobre cumple 60 años El antiguo poblado de El Cobre se habría originado en terrenos que seguían siendo de la Hacienda El Melón. De hecho, el ingeniero mecánico Jaime Schiaffino Gardella estima que la planta data de 1930. “Era una plantita bastante pequeña, con una cantidad de tratamiento del orden de unas tres mil toneladas por día”, dice. Y alrededor del establecimiento de concentración se había creado el pueblo de El Cobre. Durante la administración de la Compañía Du MZaita, el poblado fue creciendo rápidamente. José Suárez Alvarez cuenta que “fue el más grande de los campamentos de El Soldado.
Aunque, creo, una gran parte de su población estaba más ligada a actividades anexas a las labores de la mina”. “Había una pulpería, una sede de los sindicatos, una escuela, el matadero, el retén de Carabineros, una posta de salud, una capilla, un hotel (que era un restaurante), una cancha de fútbol, una planta de concentración y un gigantesco tranque de relaves (que en realidad eran tres) que estaba a pocos metros de donde se había construido la población”, añade. Y agrega: “También había un bus de locomoción colectiva, donde la gente iba a comprar a La Calera y volvía con el Imperial llenó de harina, verduras y hasta muebles.
Los niños la esperaban, con sus numerosos burros dispuestos, para llevar las cargas hasta los campamentos de más arriba del cerro y ganarse algunas propinas”. En su libro “Desde Adentro”, José Suárez Álvarez relata que “como no había Ley Seca, existían también fuentes de soda, casas de parranda y cantinas. Eran lugares importantes dentro de la comunidad, casas de pobladores, donde se le daba pensión a mucha gente. Porque en El Cobre había muchos trabajadores de empresas contratistas. También llegaban comerciantes de todo tipo de cosas y vendedores a crédito.
La Casa León de La Calera, en convenios con los sindicatos, fue la primera que llevó a los hogares de los mineros las radios, las cocinas a gas o las máquinas de coser”. LATRAGEDIA A las 12:33 horas del domingo 28 de marzo de 1965-y por un minuto y 50 segundos-, un terremoto sacudió a las entonces provincias de Coquimbo, Aconcagua, Valparaíso y Santiago. El movimiento sísmico tuvo una magnitud de 7.6 en la escala de Ritcher, afectando toda la zona central de Chile.
Una versión de los hechos la recogió el libro “Catástrofes en Chile. 1541-1992”, de Rosa Urrutia de Hazbún y Carlos Lanza Lazcano, quienes señalan que “el problema más grave (del terremoto), sin embargo, estaba localizado a más o menos diez kilómetros de La Calera”. “El Tranque de Relaves El Cobre del mineral El Soldado, de propiedad de la Compañía Minera Disputada de Las Condes, ubicado a 300 metros de altura, se rompió a consecuencia del remezón -acotan-. Sus turbulentas aguas, con fango, ácidos y residuos minerales, bajaron en forma de aluvión arrasando el poblado de sesenta a ochenta casas, con casi todos sus habitantes, animales y árboles”. “Las aguas arrastraron gruesas capas de tierra -añaden-, las mismas que luego se endurecieron y sirvieron de tumba a un pueblo que estaba compuesto de mineros y campesinos; los primeros trabajaban en el minera! El Soldado y la mayoría de los últimos en la hacienda El Melón; casi todos eran grupos familiares con dos o tres hijos.
El poblado estaba formado por una calle larga principal, que bajaba desde la misma mina y varias calles transversales, polvorientas, cortadas por el estero El Cobre, afluente del estero El Sauce”. Agregan que “el volumen de la avalancha fue estimado en diez millones de metros cúbicos, que cubrió un área del valle de alrededor de ocho a diez kilómetros de largo y entre 200 y 500 metros de ancho; el espesor varió entre cinco metros, en la parte más alta, y a dos metros a la altura del puente El Cobre, en la carretera Panamericana”. “Éste recorrió catorce kilómetros a una velocidad entre 35 y 50 kilómetros por hora.
Luego de la avalancha, solo las ramas de los árboles y una que otra madera de las casas sobresalían de la superficie de lodo, indicando que allí había existido un pueblo”, se cuenta en “Catástrofes de Chile “La tarde del domingo del terremoto, terremoto, esa noche ylos días subsiguientes, trabajaron las patrullas patrullas tratando de sacar los cadáveres del alud; fueron encontrados sólo treinta y cinco.
El Presidente de la República, Eduardo Frei Montalva, llegó el lunes al lugar, y al conocer los detalles, determinó que había que establecer quiénes eran los responsables de la catástrofe; se dispuso que una comisión investigara los hechos frente al sinnúmero de interrogantes que planteó la tragedia”. UN DOMINGO FUNESTO Uno de los testimonios más emotivos y directos es el de Alfonso Vilches Valdés, quien tenía solo 15 años cuando ocurrió la tragedia. “Yo andaba arreando a las vacas con mi tío. Habíamos llevado las escopetas para cazar. En eso sentimos el terremoto y vimos cómo se rompía el tranque. Era como un volcán que hacía erupción con un ruido muy fuerte y corrí, pero al llegar abajo me dijeron que ya no quedaba nada, que no quedaba nadie.
Fue algo tremendo y yo menos mal que escondí la escopeta, porque mi tío, después de ver lo que pasó, la andaba buscando para pegarse un tiro”. Entretanto, su hermano Luis Vilches Valdés, que es uno de los once niños huérfanos que crio el párroco de El Melón, padre Gustavo Filippi Muratto, cuenta: “Vivíamos en la parte de abajo. Mi papá, Alfonso del Tránsito, murió el año 1963. Yo me salvé porque fui a dejarle la vianda a don Julio Romero que trabajaba en el andarivel que estaba sobre el tranque. Yo vi cómo el relave tapó todo. Mi madre, Isaira Valdés Tapia, que hacía empanadas, pan y lavaba ropa para mantener a la familia, murió junto a su hermano menor, Raúl René. Sólo Sonia y Eduardo quedaron con vida”. Luis Vilches Valdés agrega que “nos fuimos, con mi hermano, donde mi abuelita en Artificio. Un día nos fueron a buscar personas de la compañía y nos llevaron al Hogar Japón en Santiago. Tuvimos dificultades y a los dos meses regresamos. Nos comenzó a criar el Padre Gustavo. Llegamos como internos. Éramos once y después de unos años nos apartaron del internado a un lugar especial. El (Padre Gustavo) fue la mamá ye! papá para nosotros.
Nunca lo voy a olvidar”. EL PROCESO JUDICIAL POR 300 MUERTOS Después de la caída del tranque de relaves de El Cobre, solo tres familias -que habían perdido gran parte de sus parientesplantearon una querella por la tragedia en contra de los dos administradores de la Compañía Minera La Disputada, propietaria de la mina de cobre de La Calera, “El Soldado”, por la responsabilidad que le correspondería en la muerte de 300 personas que fueron sepultadas por el tranque de relaves. La Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados pidió a la Corte de Apelaciones la designación de un Ministro en Visita para investigar las causas de la catástrofe.
El Magistrado Wenceslao Olate trabajó en la zona durante tres meses, inició el sumario y emitió un fallo, estableciendo la “ninguna responsabilidad directa de la Compañía en los orígenes de la tragedia”. El abogado Rubén Cabezas Parés, que formaba parte del staff de la Gobernación de Quillota, pidió la revisión del fallo al Tribunal de Alzada, acusando a la Compañía de “evidente negligencia” al no trasladar el relave como se lo solicitaron reiteradamente los dirigentes sindicales. En junio de 1967, la Primera Sala revocó la resolución del Ministro y retornó el expediente al Juzgado del Crimen de Quillota. El 18 de octubre, el Magistrado de ese Tribunal, Julio Torres, decretó la encargatoria de reo del administrador local, Alexis Milhau, y del ejecutivo Jacques Guillot, acusados de delito de cuasi homicidio. Asimismo, en horas de la tarde, se dispuso la detención de los mencionados ejecutivos, quienes pasaron unos días en la cárcel de Quillota.
El juicio siguió, pero todo acabó en 1973 con el Golpe de Estado, y especialmente cuando el 18 de enero de 1974, el abogado Rubén Cabezas fue ejecutado por soldados del Ejército en Quillota, transformándose en el único abogado detenido-desparecido de la Región de Valparaíso. Al final, el caso judicial fue archivado y nadie respondió por las 300 personas que fallecieron arrasadas por un tranque que se sabía estaba en mal estado. Relave minero arrasó con el campamento durante el terremoto del 28 de marzo de 1965 La catástrofe causó conmoción en todo el país, debido a la gravedad de lo acontecido. ,,.. 4IV. Así gra ficaron los medios nacionales de aquel entonces la tragedia ocurrida en El Melón.
Testimonio de un scout Cuando se produjo la sepultura de los muertos en el cementerio de Nogales, Roberto Silva Bijit tenía 16 años y era miembro del grupo scout del Instituto Rafael Ariztía que colaboraba con la gente afectada por el terremoto. Todas las patrullas del grupo -recuerdaestábamos trabajando en ayudar a remover escombros en casas particulares de Quillota, La Cruz y La Calera.
El terremoto había causado graves daños y miles de casas se encontraban en mal estado”. “El jueves ide abril de 1965, desde el cuartel de Bomberos de La Calera, nos pidieron como voluntarios para cargar ytrasladar, en el carro bomba de escaleras, una parte de los ataúdes de las personas fallecidas en el relave de El Melón”. Fue bien dramático, porque los ataúdes eran unos cajones rectangulares, fabricados con tablas de pino en bruto, que en su parte superior tenían como única indicación dos letras grandes, escritas con pintura roja, que decían N. N. Adentro había un cuerpo, o una parte, o partes de varios cuerpos”. “Cuando llegamos al cementerio, vimos una gran cantidad de gente reunida en uno de los patios de la entrada. En la tierra seca, a punta de chuzo, habían logrado hacer unas fosas, muchas fosas, una al lado de la otra, en tres filas. Había silencios y llantos desgarradores, mezclados con el viento que bajaba del cerro”. “Se preparaba una misa en el mismo lugar, donde el obispo pediría por el alma de los fallecidos y sus familiares. Nos pidieron bajarlos ataúdes.
Entre dos, cada uno por un lado, fuimos tomando los cajones de madera y dejándolos adentro de los nichos en tierra”. “Cuando terminamos, vi que mis manos estaban ensangrentadas porque desde el interior de los mal armados ataúdes salía la sangre de alguno de los muertos encontrados en los últimos días de búsqueda en el relave.
Los llantos se transformaron en gritos cuando los familiares comenzaron a lanzar la tierra que estaba al lado de los fosos para tapar los cajones”. “Ese sonido seco de latierra golpeando la madera no se me olvidarájamás. Una despedida dura, con tierra dura yen un episodio duro como la misma caliza”, relató Roberto Silva Bijit..