EDITORIAL: La Urgente Necesidad de una Política de Largo Plazo en la Valorización de Residuos
EDITORIAL: La Urgente Necesidad de una Política de Largo Plazo en la Valorización de Residuos La La gestión de residuos en la Región de la Araucanía ha dejado de ser un problema exclusivamente ambiental para convertirse en una crisis financiera y estructural de gran magnitud.
Cada año, entre un 1 0% y un 1 5% del presupuesto comunal se destina a la recolección y disposición de residuos, cifras que crecen exponencialmente con el tiempo y que generan una presión fiscal insostenible.
A esto se suma la preocupante reducción de la capacidad de los espacios destinados a la deposición de residuos sólidos domiciliarios (RSD). Lo que en su momento se proyectó para una duración de 30 a 40 años hoy se ha visto reducido dramáticamente debido al aumento exponencial de desechos, una situación que podría desencadenar una crisis sanitaria y ambiental sin precedentes. Ante este escenario, resulta imperativo migrar desde un modelo tradicional de gestión de residuos a una estrategia de valorización y transformación industrial. Actualmente, los residuos generados en la región tienen una composición que permite recuperar entre el 48% y el 52% del total, una cifra que representa una oportunidad clara para su reaprovechamiento en la economía circular. Si logramos industrializar el proceso de reciclaje y aprovechamiento de estos materiales, podríamos reducir la cantidad de desechos enviados a vertederos a la mitad, disminuyendo los costos municipales y generando nuevas oportunidades de empleo. Además, un programa de selección de residuos en origen implementado a gran escala comunal podría reducir en un 20% adicional la cantidad de desechos. Esto no solo disminuiría la presión sobre los rellenos sanitarios, sino que también abriría espacio para la creación de emprendimientos locales en la economía circular, impulsando nuevas formas de empleo estable y sostenible. Sin embargo, la clave del éxito radica en la aplicación de procesos industriales que permitan una valorización eficiente, rápida y escalable.
Pero la gran interrogante sigue siendo la misma: si esto es viable desde el punto de vista técnico y económico, ¿por qué no se ha desarrollado de manera efectiva? La respuesta radica en la falta de continuidad y compromiso político. En las últimas décadas, se han llevado a cabo diversas iniciativas por parte de actores públicos y privados, pero ninguna ha logrado consolidarse a largo plazo. La falta de una política pública sostenible ha impedido que la ciudadanía adopte un compromiso real con la gestión de residuos. Podemos aprender de ejemplos exitosos del pasado.
En la década de los 90, la campaña de la “tomboleta” en el programa Sábados Gigantes incentivó a millones de personas a pedir boletas en cada compra, con la promesa de participar en un sorteo de automóviles, electrodomesticos, hasta una casa. Detrás de esta estrategia, existía un objetivo claro: aumentar la recaudación fiscal generando un cambio de hábito masivo en la población. Y lo lograron.
La pregunta es, ¿por qué no replicar un modelo similar en la valorización de residuos? Es fundamental desarrollar una campaña inspiradora y efectiva, que logre involucrar a la ciudadanía en el proceso de selección y valorización de residuos, logrando un cambio cultural profundo. Para ello, se requiere una estrategia de comunicación innovadora, respaldada por incentivos tangibles y una fuerte inversión inicial. ¿El retorno será inmediato? Probablemente no. Pero si pensamos en el mediano y largo plazo, los beneficios serán invaluables tanto para la economía como para el medio ambiente. Uno de los grandes desafíos es que este tipo de iniciativas trascienden períodos presidenciales. Las políticas públicas suelen estar limitadas por los ciclos políticos de cuatro años, lo que dificulta la implementación de proyectos a largo plazo. Sin embargo, no podemos permitir que esta sea una excusa para la inacción. Si queremos resultados concretos, debemos asumir que la inversión en valorización de residuos es una apuesta a futuro, cuyos frutos se verán en un horizonte de cinco a diez años. Y esto es algo que las autoridades, las empresas y la ciudadanía deben comprender y respaldar. Otro aspecto clave es la articulación entre el sector público y privado. La valorización de residuos no puede depender exclusivamente de los municipios. Se requiere una asociación estratégica con la industria para desarrollar tecnologías que permitan un reciclaje más eficiente y rentable. Además, el Estado debe fomentar políticas de incentivos para la inversión privada en infraestructura de valorización y reciclaje, garantizando un modelo de negocio sostenible a largo plazo. Es hora de actuar con determinación. No podemos seguir postergando decisiones fundamentales para el desarrollo sustentable del país. La valorización de residuos no es solo una solución ambiental, sino una estrategia económica inteligente que permitiría a las comunas reducir costos, generar empleo y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Para lograrlo, necesitamos continuidad, inversión y, sobre todo, una visión de futuro. Chile tiene el potencial de convertirse en un referente en economía circular, pero para ello debemos dejar atrás la improvisación y adoptar una estrategia estructural basada en la innovación, la tecnología y la participación ciudadana. El momento de actuar es ahora. O seguimos acumulando basura sin control, o transformamos nuestra crisis de residuos en una oportunidad de desarrollo sostenible..