Autor: ROBERTO CAREAGA C.
Libro reconstruye la vida intelectual del incansable Vicuña Mackenna
Libro reconstruye la vida intelectual del incansable Vicuña Mackenna Decía que dormía solo tres o cuatro horas y que amanecía con la pluma en la mano. Según Rubén Darío, era capaz de escribir sus libros en menos tiempo del que demoraban en leerse.
Bartolomé Mitre llegó a llamarlo el “Hércules de la literatura chilena”. Escribió demasiado, tanto que hay quienes creen que el legado de Benjamín Vicuña Mackenna más que por libros está compuesto por una biblioteca completa de su autoría. Y aún así, es quedarse cortos, porque sus investigaciones y escritos son también pilares de la República de Chile que se formó en el siglo XIX.
Pionero en el estudio de la historia de Chile, pero también político decisivo y responsable de la mayor transformación urbana de Santiago en el siglo XIX, Vicuña Mackenna fue un intelectual movido por el deseo de hacer transformar el país. “Siempre concibió la historia como un medio para crear sentimientos nacionales, comunidades imaginadas de ciudadanos afines pese a sus diferencias.
Y entendió el arte de las biografías como una manera de establecer un panteón nacional capaz de ofrecer modelos de conducta para el ejercicio del liderazgo nacional y el compromiso cívico en el presente”, asegura el historiador Manuel Vicuña (Santiago, 1970), que lo perfiló en el libro “Un juez en los infiernos”. Publicado originalmente en 2009, “Un juez en los infiernos” acaba de ser reeditado por editorial Crítica cuando se cumplen 140 años de la muerte del famoso intendente. Antes que ser una biografía, se trata de una serie de ensayos que perfilan a Vicuña Mackenna.
La cronología de su vida aparece inevitablemente, pero el libro opta por seguir la pista de su trabajo de investigador para reconstruir, de paso, los orígenes de la historiografía local y sus tensiones con la política.
Quizás pueda leerse el origen de la labor de ensayista que ha seguido Vicuña en libros como “Fuera de campo” (2014), “Reconstitución de escena” (2016) o “A la sombra” (2025), en que retratando personajes y episodios históricos con soltura se ha liberado de las ataduras de la historiografía clásica.
UN PRECURSOR Miembro a los 18 años de la Sociedad de la Igualdad, Vicuña Mackenna tuvo una agitada vida política: el presidente Manuel Montt lo envió al destierro dos veces, en 1851 y 1859, por adherir a revoluciones. De regreso en 1863, fue diputado y senador, lideró una remodelación de la capital como intendente y fue candidato de la Presidencia en 1876. Murió retirado de la vida pública, a los 55 años, dejando toda una biblioteca con sus obras.
En su bibliografía se cuenta el titánico libro “El ostracismo del general Bernardo OHiggins”, como también nuSÉTROCOIDUALC merosas biografías que investigó como si fuera un reportero al calor de los hechos y perfiles de leyendas como Catalina de los Ríos Lisperguer, la Quintrala. “Fue el más multifacético de los autores chilenos del siglo XIX”, anota Vicuña, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la UDP. Sin embargo, el estatus de Vicuña Mackenna hoy parece estar está recluido a las bibliotecas. “En el panteón de los historiadores no está. Sus libros están fuera de circulación. Prácticamente no tiene lectores. Hasta dónde sé, brilla por su ausencia en las bibliografías de las universidades. El siglo XX consagró a Barros Arana como el historiador más sólido del XIX. En la medida en que la historia aspiraba a ser una disciplina con pretensiones científicas, se lo fue relegando al margen del oficio por demasiado literario, por demasiado novelesco. Una lástima”, dice Vicuña. “Tampoco sobrevive su memoria como político más allá de los estudios especializados sobre el siglo XIX. Lo que más queda, me parece, es la obra que realizó como intendente de Santiago, su trabajo como urbanista. El cerro Santa Lucía tal vez sea lo más fotogénico de su legado”, añade.
Teniendo en cuenta que plantea que Vicuña Mackenna no siempre es un historiador puro, sino que muchas veces cruza los límites hacia lo literario, ¿cuál es la mejor manera de leerlo hoy? “A Vicuña Mackenna hay que leerlo como un historiador que a la vez que investigaba sobre el pasado del país, componía piezas literarias con una prosa que llegó a electrizar a sus lectores, y que aún reverbera en el presente. Estamos hablando de un historiador que trabajó cuando la historia aún no era una disciplina formal, consagrada en los currículos universitarios. Eso suponía riesgos metodológicos. También daba más libertad a la imaginación literaria.
Vicuña Mackenna usó esa libertad, a veces, de manera extrema, al mismo tiempo que se afanaba recolectando documentos antiguos y testimonios de los protagonistas de la época, hasta armar un archivo personal considerable, que fue la base de su producción historiográfica”. ¿Fue un precursor del ensayo chileno? “Diría que sí. Y no solo del ensayo.
También de la crónica, del reportaje, de la historia del presente, de la historia medioambiental, de la escritura de perfiles biográficos, de la literatura de viajes con sentido de las urgencias de una nación en construcción. Vicuña Mackenna fue un historiador y escritor que quiso vivir de su pluma: intercambiar oro por tinta, como él decía. Lo logró, aunque trabajando sin descanso. Para hacerlo se relacionó estrechamente con editores, obreros de imprenta y periódicos.
Y escribió en casi todos los géneros disponibles en el siglo XX, con excepción de la ficción”. Autor: ROBERTO CAREAGA C.. Figura central de la historiografía chilena, pero también político y urbanista, Benjamín Vicuña Mackenna es perfilado por Manuel Vicuña en el libro “Un juez en los infiernos”. “Fue el más multifacético de los autores chilenos del siglo XIX”, dice. V i c u ñ a M a c kenna retratado por el pintor Marcial Plaza Ferrand. Manuel Vicuña, decano de Ciencias Sociales y Humanidades de la UDP.