ALFREDO SEPÚLVEDA
ALFREDO SEPÚLVEDA H CID uJ 5 z uJ \LFREi EPULVED), pe odista historiador 4 1 e.
ALFREDO SEPÚLVEDA A RAÍZ DE LA PRÓXIMA APARICIÓN DE SU LIBRO SOBRE “EL LUGAR EN LA HISTORIA” DEL EXPRESIDENTE SEBASTIÁN PIÑERA, EL ESCRITOR Y PERIODISTA VA MÁS ALLÁ DEL CONCEPTO DE “LEGADO” PARA ANALIZAR EL ROL QUE JUGÓ EN 2019. “YO SIEMPRE PENSÉ QUE PIÑERA NO TENÍA UN PROYECTO POLÍTICO Y QUE ESE ERA SU PROBLEMA, QUE ERA PURA GESTIÓN Y NO TENÍA LA CABEZA POLÍTICA NECESARIA PARA FORMAR UN PROYECTO. ESTA IDEA SE REVIRTIÓ EN MI CABEZA”, DICE. POR SOFÍA BEUCHAT FOTOS GENTILEZA EDITORIAL PENGUIN RANDOM HOUSE ( IIp-wI ÇImQI PIÑERA UN LÜ:AR EN LA HISTOMA III4__. I MENOS PIÑERISMO) :u\ p DO FPIÑERA ESTABA VIVO,, / A.
ALFREDO SEPÚLVEDA CADA AÑO, EL ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL EXPRESIDENTE SEBASTIÁN PIÑERA VUELVE A INUNDAR LAS REDES SOCIALES con comentarios que muchas veces con el anonimato como respaldo lo recuerdan como ángel, pero también como demonio.
Se le ha elevado a la categoría de “él último presidente” (de hecho existe una cuenta de lnstagram que se llama así), pero también lo ha bajado al abismo de ser etiquetado como “el peor presidente de Chile en los últimos 30 años, como dijo el propio José Antonio Kast en 2021.
Este bipolar escenario motivé a Alfredo Sepúlveda escritor, académico de la Escuela de Periodismo de la UDP y candidato a doctor por la San Sebastián a preguntarse dónde debiera ubicarse realmente el expresidente en la historia de Chile. Cómo se verá, en los años que vienen, su paso por La Moneda. Y esto, explica, es muy diferente del concepto de “legado”, tan usado por los políticos para favorecerse a sí mismos o atacar al bando contrario. El legado es una pregunta más política que histórica. Tiene que ver con las leyes que se dictan, con lo que un gobierno deja. Pero los remolinos de la historia tienden a llevarse todas esas cosas y no sobreviven más de dos o tres. En cambio, el lugar en la historia se relaciona con la decisión que tuvo que tomar Piñera en noviembre de 2019.
No fue una decisión dramática, como el suicidio de Allende, de la que generaciones seguirán hablando por muchos años más, sino una más normal, que él toma en una oficina, y que se relaciona con los hábitos y rutinas de una democracia, Yo creo que eso es súper importante. Es un gesto forne, desprovisto de épica, si tú quieres, pero súper importante. Porque lo forne, la continuidad, es lo que perdura”, explica. Sepúlveda llevó sus reflexiones al libro “Piñera, un lugar en la historia”, que este mes llega a librerías de la mano del sello Sudamericana, de la editorial Penguin Random House. Es un ensayo, género que dice el autor no conocía. “No podía ser una historia de lo que pasó, sino el sentido de lo que pasó. Desde ahí miro palabras que se asocian con conceptos que tienen desarrollo y que siempre son polémicos, porque son campos de disputa. Palabras como democracia, libertad, neoliberalismo, enemigo poderoso.
Conceptos que Piñera enfrentó, sobrevivió, resistió, generó”. En tu libro señalas que separas al Piñera empresario del político. ¿Qué tan posible es esa disección? En este ensayo, lo que a mí me interesa es el lugar en la historia de Piñera, y ese lugar no está basado en su calidad de empresario. Esta no es una biografía, que pudiera incluir aspectos polémicos como su relación entre el dinero y la política, o su ética en los negocios. Esos podrían ser aspectos relevantes para fijar cómo era el personaje, pero en este ensayo el personaje ya existe y está situado en un tránsito histórico. Entre que empezaste y terminaste el libro, ¿cambió tu opinión personal sobre Piñera? Yo creo que ya había cambiado. Yo no era un fan de Piñera, y tampoco lo soy ahora, pero como que se me subió.
Porque el 2019, y sobre todo el 12 de noviembre, fue un momento pivotal. ¿Qué hubiera pasado si, en vez de inclinarse por una salida democrática al problema, se hubiera inclinado por el estado de excepción constitucional, que también era democrático, pero mucho más complejo? Me parece que hubiera sido un desastre; habría sido una cuestión mucho más parecida a agosto del 73 que a otra cosa. Habríamos tenido un presidente con una oposición que lo hubiera considerado un tirano, y que él a su vez hubiera considerado sediciosa. Una oposición imposible, que probablemente hubiera llevado al derrumbe de la democracia de 1990, basada en una conversación entre izquierda y derecha. Esa conversación se habría roto, creo yo, de una manera que hubiera costado muchas décadas reponerla de nuevo. Lo que él hace preserva la institucionalidad democrática de 1990. Pero tuvo un costo para su sector. Se comenzó a hablar de la “derechita cobarde”. Claro, le salió una derecha hacia la derecha, digamos. Uno de los efectos que tuvo ese momento histórico es que pierde la hegemonía.
EL FRACASO Y LA DERROTA Sepúlveda cree que su libro ofrece una perspectiva que describe como “compleja” para los piñeristas, y por una buena razón: su principal tesis es que el expresidente fracasó en su primer gobierno y que en el segundo fue derrotado. “No son experiencias felices”, dice.
Esta sentencia tan derrotista se basa en la aparición de una derecha más dura que la suya, por un lado, y la entrega del poder a una izquierda más a la izquierda de la que antes había ostentado el poder, por el otro. Cómo nace esta idea de fracaso y derrota? -La tomo del libro de Daniel Mansuy sobre la Unidad Popular. Ahí se recoge la conversación sobre si la UP fue un fracaso o una derrota. Si fue un fracaso, la responsabilidad era de ella. Si fue una derrota, hubo fuerzas externas que intervinieron y clausuraron ese proyecto. Si yo llevo esto a Piñera, me parece que es lo que le sucedió a sus dos gobiernos. En el primero, tenía las herramientas institucionales para lograr lo que él quería: cuatro años más de un gobierno de centroderecha. No lo consigue. En el segundo, es evidentemente derrotado, porque viene una idea hegemónica totalmente opuesta, que es la sociedad de derechos. A Sepúlveda le interesa aclarar que en su libro se hace cargo de la polémica en torno al respeto por los derechos humanos durante el estallido. “Pongo ahí los informes, y hago el relato de la primera acusación constitucional. Esto lo reporteé con muchas fuentes y vi que una de las cosas que le complicaba muchísimo a Piñera y de la cual le huía como del fuego es que lo compararan con Pinochet. Teniendo. ALFREDO SEPÚLVEDA le tistaha ir con los tiempos; veía como una sociedad cambiaba y se adaptaba. La aoenda valonca de Pinera es la enda valorica que veia mayoritariamente en la sociedad.
Unos lo podrin llamar oportunista; otros, pradmático. o creo que era una mezcla entre las dos cosas”. unas policías desbordadas y descontroladas también, tiene la preocupación de abrir las puertas a las organizaciones de derechos humanos, deja que la justicia haga lo que tiene que hacer”. Qué valor le da a su gestión? Yo siempre pensé que Piñera no tenía un proyecto político, y que ese era su problema: que era pura gestión y no tenía la cabeza política necesaria para formar un proyecto. Esta idea se revirtió en mi cabeza. Hoy creo que al revés: su fuerte fue crear un proyecto político y su gestión fue, de alguna manera, su debilidad. En el libro describes ese proyecto como “mercado con democracia”, versus la “sociedad de derechos” que proponía la izquierda. La tesis central de mi libro es que su proyecto era la legitimación del mercado a través de la democracia. Cómo se enlaza eso con el ideario de la Concertación? Lo que hizo la Concertación fue justamente legitimar la democracia a través del mercado. Entonces, de muchas maneras, Piñera es una continuidad de la Concertación de los 90, que era autocomplaciente.
Piñera 1 dice: la Concertación se agotó, me toca. riñera II dice: la Concertación desapareció, y yo vengo a salvar esa idea de que los dos pilares fundamentales para Chile son mercado y democracia. -Al final del libro relacionas el paso de Piñera por La Moneda con el concepto de “fin de la historia”. Según tu mirada, ¿qué termina con Piñera? Eso de “el fin de la historia” es un concepto que usan mucho los historiadores. Es un buen título (como en el libro de Francis Fukuyama, de 1992), pero es un concepto vivo que tiene que ver con la suposición de que los gobiernos definen algo, cierran algo. Y en este caso, la ambición de todo presidente de la República, incluida la dictadura, es cerrar lo que se conoce como “la cuestión social”. Ese sería el fin de la historia. Aylwin, por ejemplo, no tenía esa proyección, sabía que el suyo era un gobierno de transición. Pero Piñera tenía esta idea de que con él se abría un nuevo período. No es que el tiempo se termine, sino que se cierran problemas. Esa era su ambición, muy fuerte y muy notoria. Hoy, ¿qué ofrece la política para la “cuestión social”? Evidentemente hay cuestiones que se han solucionado: ya no hay desnutrición, la gente ya no se muere a los 40 años. Esa era la realidad en 1924. Pero ahora hay nuevos frutos para recoger, como la inmigración, y es natural que el proceso vaya complejizándose. El tema de “mercado y democracia” sigue latente, pero Matthei salió quinta, y ese es un fracaso. Crees que, de haber estado vivo, Piñera se hubiera presentado a las elecciones de diciembre de 2025? Totalmente. Sin duda. Él hablaba de una segunda transición. Es un “winner”, un hijo de la economía de mercado pinochetista, un tigre de los años 80. Un tipo que a donde ve una oportunidad de ganar, va. Cómo crees que le habría ido? Ese pronóstico está más difícil. Hoy hay un discurso global menos gradualista. Y le hubiera aparecido el fantasma de 2019; habrían tenido que ver cómo solucionaban eso en términos de campaña. Se equivocaba con las palabras. Por ejemplo, cuando habló de un “enemigo poderoso”: al tiro. ALFREDO SEPÚLVEDA uñera es un vinner, un hijo de la economía de mercado pinochetista, un [IdíC de los años 80.
Un tipo que a donde ve una oportunidad deanar, va”. le cargaron con que estaba declarando la guerra a su propio pueblo, y fue una interpretación a la mala, porque él siete veces antes había dicho que los enemigos eran el narcotráfico y la delincuencia. Justamente los temas en los que hoy se basa la propuesta de “gobierno de emergencia” de Kast. Claro, es lo que hoy se considera enemigo y lo lleva al gobierno.
En 2021, Kast dijo en televisión que Piñera no iba a tener ningún legado, y que pasaría a la historia como el peor presidente de los últimos 30 años”. ¿Exageraba? Lo que pasa es que el debate político es un mal lugar para ideas así de “largas”. Sirve para mirar el día a día, y te encuentras con esas contradicciones en todas partes, que las redes magnifican y sacan de contexto. Pero la historia se construye en las cuestiones menos contingentes. A Piñera le tocan dos cambios epocales: el estallido, por un lado, y por otro el del sistema de medios de comunicación a través de redes sociales, que privilegio el conflicto. Esto le toca a él pero también a toda la clase política: no olvidemos que la izquierda tradicional también fue objeto de odio durante 2019. Había odio popular dirigido hacia la clase política en su conjunto. Cómo describirías el gradualismo a lo Piñera? Es un gradualismo que también es antirrevolucionario, en el sentido exacto de la palabra. Piñera piensa que las revoluciones son destructoras, pero si tú vives la experiencia y la modernidad a lo largo de la historia, te vas a encontrar con destrucción de todas maneras. Piñera es un ladrón del fuego que no quiere quemarse, pero se quema. Se quema en el 2011 y se quema en el 2019. Y se habría quemado de nuevo, probablemente. También se diferenciaba en lo valórico de la derecha más conservadora. Pero no es que levanta ro la agenda valórica, no era un activista. A él le gustaba ir con los tiempos; el veía como una sociedad cambiaba y se adaptaba. La agenda valórica de Piñera es la agenda valórica que veía mayoritariamente en la sociedad. Unos lo podrán llamar oportunista; otros, pragmático. Yo creo que era una mezcla entre las dos cosas. El acuerdo de unión civil, por ejemplo, es una agenda que él comienza porque asume lo moderno como una necesidad. Cuál sería, según tú, el principal aprendizaje de tu libro? Que el piñerismo es un actor de nuestra vida política, sobre todo ahora, después de la muerte de Piñera. Había menos piñerismo cuando Piñera estaba vivo, porque era un sujeto muy controversial. Tenía gente muy fiel, pero nunca iba a ser popular.
Qué lo hacía tan controversial? Yo creo que es un mito que era un neoliberal, Era un demócrata cristiano antiguo, con una visión gradualista de la cuestión social, que creía en el Estado como redistribuidor de la riqueza. Nunca tuvo mayor rollo con eso y estaba en contra de la idea de que el crecimiento económico lo soluciono todo. Pero era un modernizador de ese pensamiento, porque el rollo de él era que el Estado tenía que ser eficiente.. 1.