EDITORIAL: CRECIMIENTO EN TIEMPOS TURBULENTOS
EDITORIAL CRECIMIENTO EN TIEMPOS TURBULENTOS En su último reporte de Cuentas Nacionales, el Banco Central ha informado que la economía chilena creció 2,6% en 2024, con un aporte sustancial del sector minero, en particular del proyecto de Quebrada Blanca II. Esto, junto a la expansión en la producción de cerezas y celulosa, dieron finalmente un incremento de 6,6% a las exportaciones, convirtiendo a este componente en el más dinámico de la demanda agregada. Afortunadamente, dicho desempeño logró compensar la nueva caída que experimentó la inversión, que ha llevado al sector de la construcción a una recesión que ya se arrastra por dos años.
Este año, por el contrario, la guerra comercial de Trump está generando correcciones a la baja para las proyecciones de todos los países, dado su impacto en el comercio global, lo que eleva los grados de incertidumbre frente a lo observado en el pasado. Asimismo, es probable que las exportaciones de cerezas exhiban una caída en la próxima temporada, dados los resultados observados hasta ahora en los precios.
Con todo, se puede prever que el comercio exterior no será en 2025 el salvavidas de la economía chilena, como lo fue en 2024, lo que debe llevar a la prudencia tanto a las empresas, como al Gobierno y, en particular, a los candidatos que deberán incorporar cada vez más realismo en el escenario base para sus promesas. El comercio exterior no será en 2025 el salvavidas de la economía, como en 2024, lo que debe llevar a la prudencia. La nueva caída de la inversión es señal de un problema más complejo. En términos per cápita, en 2024 fue más baja que la observada en 2012, previo a la reforma tributaria de la administración Bachelet II. Esa reforma, elevó sustancialmente el impuesto corporativo, llegando hasta 27%, lo que ha ubicado a Chile en el grupo de mayores impuestos a las empresas de los países OCDE.
En 1990, la tasa de impuesto a las empresas era de 10% y se aplicaba sobre aquella parte de las utilidades que eran retiradas por los dueños, mientras que las reinvertidas pagaban 0%. Si a lo anterior se le agrega la permisología, que en la última década ha elevado en 156% para un Estudio de Impacto Ambiental, y donde día a día se conocen nuevas exigencias estrambóticas impuestas por los evaluadores estatales a los proyectos de inversión, llegamos a una situación en que se ha hecho más difícil invertir en Chile, en comparación con los años anteriores y con los países vecinos, en especial respecto de Brasil.
El crecimiento de 2024, inferior el promedio mundial y básicamente apoyado por las exportaciones, resulta así una referencia compleja para este año, plagado de incertidumbres, donde el balance de riesgo lamentablemente se inclina hacia escenarios más adversos. En ese contexto, la prudencia en el mejor consejo.