Columnas de Opinión: Pobreza, mujer y cuidados
Columnas de Opinión: Pobreza, mujer y cuidados Alejandra Abufhele Académica Escuela de Gobierno UAI e investigadora Núcleo Milenio Migra hile ha logrado reducir la pobreza en las últimas décadas, pero las nuevas formas de medirla también camC bian el diagnóstico: hoy, un 17,3% de la población vive en pobreza por ingresos según la Casen 2024. Pero cuando se desagregan los datos por sexo, aparece una brecha de 2,6 puntos: las mujeres son más pobres que los hombres y esto también ocurre en la medición de pobreza multidimensional. A primera vista, podría parecer una diferencia acotada. Pero ese promedio esconde brechas mucho más profundas cuando se observan distintos tipos de hogar y situaciones. En los hogares unipersonales, la brecha entre hombres y mujeres supera los diez puntos porcentuales, y estos hogares han crecido del 8% al 22% entre 1992 y 2024. En los hogares monoparentales la brecha se duplica, situación que es especialmente crítica: detrás de esa categoría hay, mayoritariamente, una mujer sola sosteniendo una familia. La pobreza también tiene rostro migrante.
La población migrante en Chile presenta tasas considerablemente más altas tanto en pobreza por ingresos como en pobreza multidimensional, una vulnerabilidad que se cruza y se agrava cuando se trata de mujeres migrantes a cargo de hogares.
Estos datos fueron parte de la discusión en un seminario organizado por la UAI y Comunidad Mujer, donde la pobreza femenina se analizó no como un dato aislado, sino como el resultado de una cadena de decisiones, instituciones y ausencias. La más evidente: el cuidado. Chile sigue teniendo una de las tasas de participación laboral femenina más bajas de la OCDE. La razón principal que dan las mujeres para no trabajar o trabajar menos es el cuidado de hijos y personas dependientes. Sin sala cuna universal, sin corresponsabilidad real, muchas mujeres quedan fuera del mercado laboral o se insertan en empleos informales que no cotizan y no acumulan para la vejez. La informalidad laboral femenina no es solo un problema de ingresos hoy; es pobreza programada para mañana. La evidencia internacional es consistente: el acceso a sala cuna aumenta la participación laboral de las madres, reduce la pobreza del hogar y mejora el desarrollo infantil. No es un gasto, es una inversión con retornos conocidos. Pero hay algo más en juego. En un contexto de fuerte caída de la natalidad y rápido envejecimiento de la población, las barreras al empleo femenino no solo profundizan desigualdades hoy, sino que también tensionan el futuro del país. Cuando formar una familia implica altos costos personales y laborales, especialmente para las mujeres, las decisiones de tener hijos se postergan o simplemente no ocurren. Así, la falta de un sistema de cuidados no es solo un problema social: es también un problema demográfico y económico. Hablar de pobreza sin hablar de cuidados es hablar a medias.
Pero hablar de cuidados es, también, hablar del Chile que viene. "La falta de un sistema de cuidados no es solo un problema social: es también un problema demográfico y económico".. "La falta de un sistema de cuidados no es solo un problema social: es también un problema demográfico y económico".