Columnas de Opinión: Lecciones de Fiona, la ictiosauria magallánica
Columnas de Opinión: Lecciones de Fiona, la ictiosauria magallánica JUDITH PARDo, PALEoNTóLoGA. INVESTIGADoRA CHIC Y ACADéMICA UMAGEl descubrimiento del reptil marino “Fiona”, la primera ictiosauria embarazada recuperada en la Patagonia chilena, no es solo un hito paleontológico, sino una ventana a lecciones que trascienden el ámbito científico.
Este fósil, encontrado en el retroceso glaciar del Tyndall en 2009 y recientemente identificado como Myobradypterygius hauthali von Huene, nos habla de la historia profunda de la Tierra, los desafíos del cambio climático y la fuerza de la vinculación comunitaria. Por un lado, las lecciones paleontológicas son invaluables.
Fiona, hallada en un estado excepcional con su esqueleto completo y un feto en su interior, aporta claridad a un período poco conocido de la historia: el Hauteriviano (hace 131 millones de años). Como el único ictiosaurio preñado conocido de esta era, Fiona reduce una brecha de conocimiento y nos invita a imaginar cómo era la vida en un mundo dominado por reptiles marinos. Pero Fiona también nos conecta con el presente a través del cambio climático. Su hallazgo fue posible gracias al retroceso de los glaciares en la Patagonia, un fenómeno acelerado por el aumento de las temperaturas globales.
Si bien esto ha facilitado el acceso a zonas fosilíferas antes ocultas bajo el hielo, también plantea un dilema toda vez que la retirada de los glaciares expone los fósiles a la erosión directa: el agua se infiltra en las fracturas de la roca y los procesos climáticos que revelan estos tesoros son los mismos que los amenazan con destruirlos. Este equilibrio frágil nos recuerda que el cambio climático no solo transforma paisajes, sino que también pone en riesgo el patrimonio natural que apenas comenzamos a descubrir. Esta reptil también ilustra el poder de la vinculación con la comunidad.
Desde su recuperación, este fósil no se trasladó a un museo distante en Santiago, sino que se quedó en Magallanes en el Museo de Historia Natural de Río Seco, donde ha sido preparado y exhibido con un esfuerzo museográfico local. Este proceso ha involucrado a la gente de la región, generando un sentido de apropiación que trasciende lo académico. Artesanías inspiradas en ictiosaurios, souvenirs con su figura y un renovado interés por el patrimonio paleontológico son prueba de ello. Fiona no es solo un fósil: es un símbolo de identidad que fomenta la conservación y despierta curiosidad en niños, jóvenes y adultos. Este enfoque descentralizado, fruto de la colaboración entre instituciones de distintas regiones, demuestra que el conocimiento local puede impulsar tanto la ciencia como la economía. Al final, las lecciones de Fiona van más allá de las páginas de un paper científico.
Nos hablan de un pasado remoto que sigue moldeando nuestra comprensión del mundo, de un presente donde el cambio climático nos desafía a actuar con urgencia y de un futuro donde las comunidades pueden ser protagonistas de su propia historia.
Los hallazgos científicos como este no solo iluminan el camino de los investigadores, sino que nos interpelan a todas y todos, recordándonos que la Tierra y sus secretos son un legado compartido que debemos proteger y celebrar. Fiona, en su silencio de millones de años, tiene mucho que decirnos todavía..