Editorial: La parálisis que nadie admite
Editorial: La parálisis que nadie admite E l Gobierno de emergencia tiene un problema de emergencia: no existe en las regiones. Diez días después de asumir, la administración Kast aún no nombra a los secretarios regionales ministeriales, ni siquiera en las áreas críticas. En Valparaíso, región que concentra algunos de los desafíos más urgentes del país en materia de seguridad y vivienda, los cargos siguen vacíos. Sin un seremi de Vivienda no hay quien impulse soluciones habitacionales para las miles de familias que perdieron sus hogares en los incendios. Sin un seremi de Seguridad, el combate al crimen organizado en la región carece de conducción político-administrativa. El diagnóstico es grave. La excusa, insuficiente. Desde el Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval alude a procedimientos administrativos y revisión de antecedentes. Sin embargo, en los propios partidos oficialistas reconocen que el verdadero cuello de botella es político. La UDI y el Partido Republicano pelean por carteras estratégicas, Renovación Nacional acumula incomodidades sin respuesta, y nadie cede. El resultado es un tablero de ajedrez donde cada pieza se negocia con calculadora en mano, mientras las regiones esperan autoridades que nunca llegan. Este cuoteo no es nuevo ni sorprendente en la política chilena, pero sí es inaceptable cuando el propio Ejecutivo se autoproclama gobierno de emergencia. La emergencia no espera equilibrios partidistas ni superar las caras largas en el comando. Requiere personas en sus puestos, con atribuciones claras y mandato definido, desde el primer día. La oposición ya tomó nota.
El diputado Raúl Leiva denunció que en la Comisión de Seguridad de la Cámara no se ha instruido ningún proyecto de ley con urgencia, y que los Cogrid de emergencia en el sur no pueden funcionar con suplentes. El retrato es elocuente: un gobierno que declara la urgencia en los titulares, pero no la traduce en gestión concreta. El país puede tolerar que un gobierno demore en definir su agenda legislativa. Lo que no puede tolerar es que la urgencia declarada en Santiago no tenga correlato en las regiones donde esa urgencia se vive en carne propia. Valparaíso merece respuestas, no anuncios.. Sin seremis, la emergencia es solo un eslogan en Santiago mientras las regiones esperan autoridades que todavía no llegan. E Editorial