Autor: Crónica periodistas@elpinguino.com
Un libro imperdible: “Occidente imperecedero. La dignidad de la persona como fundamento y destino de nuestra civilización”
Un libro imperdible: “Occidente imperecedero.
La dignidad de la persona como fundamento y destino de nuestra civilización” E l volumen colectivo coordinado por Eduardo Hodge Dupré, director de la Escuela de Humanidades de la Universidad Gabriela Mistral, reúne diecisiete contribuciones organizadas en cuatro partes que examinan, desde la filosofía, la teología, la historia, el derecho y las ciencias sociales, la encrucijada civilizatoria contemporánea. La obra propone una relectura de los fundamentos, crisis y desafíos del espíritu occidental tomando como hilo conductor la noción de persona en cuanto categoría ontológica. L a p r i m e r a p a r t e, “Fundamentos originarios de Occidente”, reconstruye la matriz judeocristiana y grecolatina de esa antropología.
Mauricio Órdenes Morales rastrea el origen y olvido del concepto de persona desde la patrística y Santo Tomás hasta el giro cartesiano que, abriendo la senda kantiana y utilitarista, habría debilitado la fundamentación ontológica del sujeto; el capítulo dialoga productivamente con Maritain, Mounier, Millán-Puelles y, polémicamente, con Peter Singer. Clemente Huneeus Alliende (Universidad de los Andes) contrasta continuidades y divergencias entre Benedicto XVI y Francisco, mostrando que la aparente fractura entre ambos pontificados puede leerse como complementariedad. Jorge Peña Vial postula, con apoyo en T. S. Eliot, Gómez Dávila y la imagen dantesca de la Divina Comedia, la necesidad de recuperar la “tradición central” de Atenas y Jerusalén frente a la saturación informativa contemporánea. Ana María Serra retorna al unum argumentum de San Anselmo; y Claudio Véliz examina la latinidad italiana como cifra identitaria en Gabriela Mistral. La sección instala una tesis fuerte y declaradamente metafísica: la disolución del sujeto sustancial es la raíz -y no el síntomadel malestar contemporáneo. La segunda parte, “Las moradas del espíritu: instituciones y formas de la vida común”, desplaza el foco hacia las mediaciones institucionales que han encarnado históricamente esa antropología.
Francisco Valenzuela Aránguiz ofrece uno de los capítulos más originales del volumen al estudiar la recepción del derecho romano en China (Da Qin / Seres), apoyándose en Schipani, Zimmermann y la sinología jurídica de Wang Zejian: el derecho romano no aparece aquí como herencia regional sino como gramática universalizable de la dignidad. Héctor Inzaurralde (Universidad Católica del Uruguay) recupera el ideal alemán de Bildung frente a la racionalidad instrumental y la deriva tecnocrática de la universidad contemporánea, dialogando con Pastorino, Hoevel y Fontán.
Rogelio Álvarez Vicente, doctorado en Salamanca, ref lexiona sobre dignidad humana y universalidad apoyado en Toynbee, Spengler, Braudel y Huntington, en una pieza notable por su esfuerzo de equilibrio: rechaza tanto la supremacía decimonónica como la narrativa puramente acusatoria contra Occidente. Cierra la sección Ceferino Muñoz Medina con una contribución singular y bienvenida sobre el legado de Roger Scruton aplicado a la cultura del vino, donde la civilización se piensa desde los hábitos cotidianos. Tercera parte La tercera parte, “La modernidad al límite: fatiga y crisis”, constituye el núcleo diagnóstico del libro y probablemente la sección más densa argumentativamente.
Mateo da Silva Zambra (Universidad de Montevideo) sitúa la génesis de la ruptura en la Reforma protestante y las revoluciones liberales decimonónicas, apoyándose en Gustavo Bueno para denunciar el “fundamentalismo democrático” que reduce la civilización a régimen político.
Santiago Argüello (Conicet) confronta el liberalismo de Raymond Aron con la trayectoria de Thomas Ma n n pa ra a rg u ment a r que la cultura occidental se juega en la pugna entre Autor: Crónica periodistas@elpinguino.com. Un volumen colectivo que reúne a diecisiete autores para repensar los fundamentos, crisis y horizontes del espíritu occidental. La obra coordinada por Eduardo Hodge Dupré ofrece un diagnóstico crítico de la modernidad y propone vías hacia un nuevo humanismo. Intelectuales hispanoamericanos diagnostican la encrucijada civilizatoria contemporánea Un libro imperdible: “Occidente imperecedero. La dignidad de la persona como fundamento y destino de nuestra civilización” cristianismo, Ilustración y vitalismo nihilista, una pieza filosóficamente exigente que evita el maniqueísmo al señalar también las insuficiencias internas del liberalismo hayekiano.
El propio Hodge Dupré firma “El suicidio de Occidente”, capítulo medular donde, articulando a Durkheim y Shneidman con Lyotard, D e r r i d a, B a u d r i l l a r d, Foucault, Vattimo, Bauman, Lipovetsky, Castoriadis y Byung-Chul Han, identifica el relativismo epistémico, la hiperrealidad, la liquidez social y el hiperindividualismo como vectores de disolución. Matías Alvarado Leyton cierra la parte con un ensayo deliberadamente matizado: más que colapso lineal, propone leer el momento actual como “reescritura y disputa” de los valores occidentales en un nuevo orden multipolar. L a c u a r t a p a r t e, “Recomenzar: hacia un nuevo humanismo”, ensaya respuestas constructivas y es donde el volumen muestra mayor pluralidad interna. Sebastián Buzeta Undurraga fundamenta el liderazgo contemporáneo en el realismo aristotélicotomista, recuperando la vir t ud de la integridad.
Gonzalo Zambrano Millar (Universidad Autónoma de Chile) propone un “humanismo simbiótico” que, en diálogo con Morin, Bauman, Beck, Bruner y Ricoeur, integra cognición humana e inteligencia artificial bajo categorías de interdependencia y corresponsabilidad, el capítulo más prospectivo del libro y el que mejor responde al desafío tecnológico.
Julio López Saco (Universidade do Minho / Universidad Francisco Marroquín) introduce la voz contrapuntística más necesaria al cuestionar si “Occidente civilizado” no es entelequia, invención o imposición imperial: su capítulo, alimentado por Todorov, Honneth y Sennett, opera como antídoto contra cualquier deriva apologética. Jorge Martínez Barrera concluye reivindicando la solidaridad como virtud social en clave católica. Tendencias transversales. Cuatro líneas vertebran la obra. Primero, una crítica antiposmoderna que toma a la teoría francesa e italiana de las últimas décadas como objeto polémico privilegiado, con Hodge Dupré, Argüello y Ordenes como exponentes más combativos. Segundo, un retorno a la ant ropología clásica y tomista -Aristóteles, Agustín, Tomás, Maritain, Spaemanncomo reserva normativa frente a la “liquidez” baumaniana.
Tercero, una apertura comparada e interdisciplinar que evita el eurocentrismo defensivo: Valenzuela dialoga con la sinología jurídica, Zambrano con la cognición distribuida y la inteligencia artificial, López Saco con la crítica poscolonial, y Álvarez Vicente con la macrohistoria de las civilizaciones. Cuarto, un eje hispanoamericano -autores de Chile, Argentina, Uruguay, España, Venezuela y Guatemalaque sitúa a la reflexión sobre Occidente en un horizonte transatlántico irrenunciable.
Tradición de pensamiento La Obra “Occidente imperecedero” se inscribe en una tradición de pensamiento que, lejos de agotarse en el lamento por el declive, busca activar una reflexión sustantiva sobre los fundamentos antropológicos, éticos e institucionales que han dado forma a una civilización hoy interrogada desde múltiples frentes. El primero es la recuperación de la noción de persona como categoría ontológica irreductible.
En un tiempo dominado por concepciones fragmentarias del sujeto -el yo neuronal, el consumidor, el dato, el algor it mo -, los autores reunidos reivindican un espesor metafísico que la modernidad tardía ha tendido a disolver. El segundo tema es la tensión entre universalidad y particularidad cultural. La obra evita con lucidez dos trampas opuestas: el eurocentrismo apologético que confunde Occidente con superioridad civilizatoria, y el relativismo desconstr uctivo que reduce sus aportes a meros dispositivos de poder.
Los capítulos de Valenzuela Aránguiz sobre el derecho romano en China, de Álvarez Vicente sobre las civilizaciones y de López Saco sobre la naturaleza construida del concepto de Occidente, ofrecen un ejercicio de honestidad intelectual: lo “imperecedero” no es un patrimonio cerrado, sino una gramática de la dignidad humana susceptible de ser apropiada, traducida y enriquecida desde otras tradiciones. El tercer tema es el diagnóstico de la modernidad y la posmodernidad como momentos de fractura.
La obra ofrece una de las car tograf ías más densas y articuladas que se han producido recientemente en español sobre los vectores de la crisis: el relativismo epistémico, la hiperrealidad, la liquidez social, la racionalidad instrumental, el nihilismo vitalista y la fatiga cognitiva. La fortaleza analítica de la sección dedicada a la crisis radica en su capacidad para nombrar con precisión fenómenos que suelen permanecer difusos en el debate público. El cuarto tema, y quizá el más prometedor, es el horizonte de un nuevo humanismo.
La cuarta parte del libro no se limita a reaccionar contra la crisis, sino que propone vías de reconstrucción: la integridad como fundamento del liderazgo (Buzeta), la cognición simbiótica frente a la inteligencia artificial (Zambrano), la solidaridad como virtud social (Martínez Barrera) y la formación universitaria como Bildung integral (Inzaurralde). El aporte de la obra a la ref lexión humanística es, en consecuencia, múltiple y de envergadura. En el plano filosófico, restituye la centralidad de la antropología ontológica frente a los reduccionismos cientificistas y posthumanistas. En el plano histórico, ofrece una lectura de larga duración que conecta los orígenes grecorromanos y cristianos con los desafíos del siglo XXI sin incurrir en simplificaciones teleológicas. En el plano pedagógico, reivindica la universidad como espacio de formación humana integral, en abierta polémica con su deriva tecnocrática y mercantilizadora.
En el plano cultural, abre un diálogo intercivilizatorio que reconoce la grandeza y los límites del legado occidental sin renunciar a sus aportes irrenunciables: el Estado de derecho, la libertad de conciencia, la centralidad de la persona y la confianza en la razón. a d i d e c Autor: Crónica periodistas@elpinguino.com. La obra es un punto de reflexión imprescindible el día de hoy. La obra es un punto de reflexión imprescindible el día de hoy. La obra es un punto de reflexión imprescindible el día de hoy. La obra es un punto de reflexión imprescindible el día de hoy. La obra es un punto de reflexión imprescindible el día de hoy. La obra es un punto de reflexión imprescindible el día de hoy.