Columnas de Opinión: De la sequía a las lluvias extremas: el invierno que se anticipa
Columnas de Opinión: De la sequía a las lluvias extremas: el invierno que se anticipa En un contexto de sequías, lluvias intensas e inundaciones, la gestión del agua es urgente. Esta reflexión surgió en una clase que dictéen la Universidad Católica de la Santísima Concepción, en un diplomado de recursos hídricos.
Allí apareció una pregunta frecuente tras las últimas precipitaciones: ¿ podemos decir que la sequía está superada? Aunque en algunas zonas ha llovido más y los caudales superan promedios históricos, no implica que la sequía haya sido superada en todas sus dimensiones. Una primera dimensión es la sequía meteorológica, asociada al déficit de precipitaciones frente a valores normales. Un año lluvioso puede generar sensación de recuperación, pero mirar solo la lluvia caída entrega una lectura parcial, especialmente en escenarios donde las precipitaciones se concentran en pocos eventos intensos. Otra dimensión clave es la sequía hidrológica, vinculada a menores caudales, embalses, humedales y aguas subterráneas. Responde más lentamente: los caudales pueden aumentar tras lluvias intensas, sin asegurar la recarga de acuíferos ni la recuperación del sistema hídrico. Esto importa en un país donde comunidades, actividades productivas y ecosistemas dependen del agua superficial y subterránea. Por eso, un invierno lluvioso no necesariamente resuelve años de déficit acumulado: puede llover más y persistir sequía ecológica, social e inseguridad hídrica. Afirmar que la sequía terminó puede ser técnicamente impreciso y socialmente riesgoso; la pregunta no es solo cuánto llovió, sino si esa lluvia recuperó los componentes que sostienen vida, producción y ecosistemas. Se suma el escenario de los próximos meses.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, organismo científico de Estados Unidos, mantiene vigilancia sobre "El Niño", fenómeno asociado al calentamiento del Pacífico ecuatorial que en Chile suele favorecer lluvias invernales en la zona centro-sur. Para mayo-junio-julio de 2026, estima alta probabilidad de desarrollo y persistencia posterior; en tanto, la Dirección Meteorológica de Chile prevé un invierno más lluvioso. Aunque esto podría favorecer la recuperación hídrica, lluvias concentradas en pocos eventos pueden intensificar desbordes, inundaciones, anegamientos urbanos, remociones en masa y arrastre de sedimentos. Licantén en 2023 y Copiapó en 2015 recuerdan que la lluvia extrema también puede generar daños sociales y territoriales severos. En consecuencia, el desafío no es solo valorar la lluvia cuando escasea, sino prepararse para gestionarla cuando llega en abundancia. Si se cumple el escenario previsto, será clave reforzar la vigilancia de caudales, revisar infraestructura crítica, mantener operativos los sistemas de aguas lluvias y anticipar efectos sobre comunidades, actividades productivas, ciudades y ecosistemas.
Esto implica no solo responder a emergencias una vez ocurridas, sino también avanzar hacia una planificación territorial y urbana más resiliente, capaz de incorporar los riesgos asociados a eventos extremos cada vez más frecuentes producto del cambio climático. Superar la sequía exige más que el retorno de las lluvias: implica recuperar seguridad hídrica y reducir vulnerabilidades. Volviendo a la pregunta inicial, más que preguntarnos si la sequía ha sido superada, deberíamos preguntarnos si estamos preparados para administrar tanto la escasez como la abundancia. DR. PABLO GONZÁLEZ SALAZAR Investigador del Centro Regional de Estudios Ambientales de la U. Católica de la Santísima Concepción.
Más que preguntarnos si la sequía ha sido superada, deberíamos preguntarnos si estamos preparados para administrar tanto la escasez como la abundancia hídrica.. Opinión Más que preguntarnos si la sequía ha sido superada, deberíamos preguntarnos si estamos preparados para administrar tanto la escasez como la abundancia hídrica.