La marcha de las palabras
La marcha de las palabras Columna La marcha de las palabras sonas. Dan pasos con fuerza variable. Estos pueden ser suaves, sutiles, con unaire temperado que levanta algunas hojas del otoño. O violentos, ruidosos, aplastantes, marcando elrostrocon profundo ceño fruncido. Todos podemos observar en otros estos desfiles de las palabras. Pero, principalmente, podemos preguntarnos cómo marchan las nuestras y su acompañamiento que no es palabra dicha, sino que tiene tonos, gestos, como un envoltorio que cambia el sabor de ella. Más aún, los sentidos delos cuales estamos dotados son lectores de lo dicho y deducen subjetivamente tal vez. los múltiples significados. Viviremos enlos próximos diez meses unaño prolífico en oportunidades para cultivar este arte, practicar la aventura del descubrimiento de los otros y de nosotros mismos. Cada tiempo tiene aquellas palabras permanentes junto a aquellas que se modifican para alcanzar otros rostros.
Y también las que nacen para acompañar la cultura como "el modo de ser delos pueblos", que son fruto dela reflexión, del descubrimiento, del azar, del humor certero que se multiplica como un ingrediente quese expande en la cocina moderna.
En "la cocina" que pasa de ser encuentro, búsqueda de acuerdos, encuentro de diferentes en un mismo plato, que tiene ingenio y nobleza pacificadora, aser odiosa, tramposa, manipuladora, engañosa, mal inI maginemos que las palabras pueden marchar como las perBernardo Donoso Riveros Profesor emérito PUCV tencionada, egoísta.
Que incluso un hipócrita (cocinero oculto en la versión indecorosa) sube al pedestal para manchar al adversario (su enemigo) de "cocinero". Algunos ingredientes del desfile: fragmentación, duda, esperanza, destino, futuro, tragedia, opereta, mentira, verdad, hipocresía, oscuridad, luz, ceguera, orgullo, soberbia, incapacidad, reflexión, amargura, invento de palabras, modas, parafernalia, productividad, innovación, creatividad, miedo, terror, temor, vergiienza, descaro. Odaa la Alegría.
En esta tarde en que escribo tuve que hacer un breve viajeen un bus local (decíamos antes, en una micro) que mostraba ensussonidoslossignos del tiempo, por varias callesde Limache (ese antiguo e histórico pueblo rural, hoy mezclado con lo urbano). En sus múltiples paradas bajaron estudiantes que venían de sus colegios. Todos esosjóvenes -mujeres y hombres-sin excepción, dieron las gracias al conductor. Algunos, además le desearon una buena tarde. Muchos mirando a su cara fortalecieron este gesto notable. Cuando me correspondió descender, no pude dejar de decirle al conductor el valor de este trayecto soñado. Él me respondió: "Yo trabajaba en Santiago, esto es un mundo diferente". Creorecordar que dijo queera una patria distinta. Nos miramos y nos despedimos. Era el triunfo de la buena palabra que marchaba bajando del bus, era eltriunfo del fundamento de la paz. marchaba bajando del bus, era eltriunfo del fundamento de la paz. O. -