Autor: Crónica periodistas@elpinguino.com
Entre libros y memoria: un momento de historia en casa de Mateo Martinic
Entre libros y memoria: un momento de historia en casa de Mateo Martinic s a d i d e c s o t o f Ya era casi medio día sobre Punta Arenas cuando un pequeño grupo tocó la puerta de don Mateo Martinic Beros, el pasado 14 de abril.
El Premio Nacional de Historia, de 95 años y una lucidez que desafía al tiempo, recibió a sus visitantes en la intimidad de su hogar con la misma calidez que lo ha caracterizado a lo largo de una vida consagrada al conocimiento y a la memoria de Magallanes. No era una visita cualquiera.
Venían a hacerle entrega de dos libros que, cada uno a su modo, representan exactamente aquello que él ha defendido durante décadas: el deber de documentar, de rescatar, de no dejar que el olvido se lleve lo que merece perdurar.
L a pr i me r a obr a que llegó a sus manos fue “Hacerse a la Mar: Historias y Saberes de Mujeres del Maritorio de Magallanes”, un volu men desa r rollado por la doctora Johanna Marambio y la antropóloga Silvana Arteche, financiado mediante un Fondart Regional adjudicado en 2024 y con el apoyo de la Universidad de Magallanes, el Centro Internacional Cabo de Hornos y el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. El libro reúne quince testimonios de mujeres que han construido su vida en torno al mar, visibilizando experiencias y saberes que la historiografía tradicional ha tendido a ignorar. Entre esas voces está la de la sargento segundo litoral Daniela Soto, Autor: Crónica periodistas@elpinguino.com. El historiador recibió en su hogar dos obras que refuerzan la memoria regional: relatos de mujeres del mar y la historia de la aviación militar. Premio Nacional de Historia, de 95 años Seremi de Cultura, Rodrigo Bravo, junto al Premio Nacional de Historia, Mateo Martinic, haciéndole entrega de uno de sus libros.
Entre libros y memoria: un momento de historia en casa de Mateo Martinic integrante del primer contingente femenino en ingresar a la Escuela de Grumetes y parte de los primeros cursos de Operadores de Policía Marítima en la región, quien también se desempeñó como instructora de Derechos Humanos. Mujeres que navegaron no solo el mar, sino también las resistencias de un mundo históricamente masculinizado, y que encontraron en este libro un lugar propio en la memoria colectiva del estrecho. Don Mateo tomó el ejemplar entre sus manos con una delicadeza que hablaba no de fragilidad, sino de reverencia.
Quien ha dedicado su vida entera a construir la historia de esta región austral sabe mejor que nadie el peso que tiene un libro así: no es solo papel e impresión, es el rescate de vidas que de otro modo habrían quedado sumergidas en el silencio. Sus ojos, dicen quienes estuvieron presentes, se humedecieron. A sus 95 años, don Mateo no disimula la emoción. No le hace falta.
De manos del seremi La segunda entrega de la tarde corrió por cuenta del seremi de Culturas, Rodrigo Bravo Garrido, quien puso en las manos del historiador un libro del que él mismo es coautor: “Primeros en los cielos de la Patria: Aviación Militar de Chile 19131930”, escrito junto al historiador Francisco Sánchez Urra.
La obra nació en los meses más oscuros de la pandemia, cuando ambos investigadores decidieron sumergirse en el rescate de un capítulo poco explorado de la historia militar chilena: el origen y desarrollo de la aviación castrense del Ejército de Chile desde su fundación en 1913 hasta el cierre de esa rama en 1930, año en que nació la actual Fuerza Aérea. Una investigación que surgió desde Magallanes -el último confín del continentepara iluminar un episodio nacional que pocas veces había sido abordado con este nivel de detalle y rigor desde la región.
El libro recorre los pr i meros v uelos de instrucción, las gestas inaugurales, la influencia de la Primera Guerra Mundial en la consolidación del arma aérea, y culmina en el cruce de los Andes por parte del teniente Dagoberto Godoy el 12 de diciembre de 1918, hito entre los hitos.
Está dedicado, según expresan sus autores, a los precursores, a los pioneros, a los héroes y a los mártires de la aviación militar, aquellos soñadores que introdujeron en Chile el concepto del arma aérea cuando el mundo apenas comenzaba a despegar.
El propio Rodrigo Bravo es oficial en retiro del Ejército, piloto militar desde el año 2000, y en el momento de la investigación se desempeñaba como comandante del Pelotón de Aviación Ejército N5 de Punta Arenas. Un autor que vive lo que investiga, que voló sobre los mismos cielos australes que recorrieron aquellos primeros aviadores. La escena que se vivió en el hogar de don Mateo esa mañana tenía algo de liturgia laica, de rito de paso entre generaciones.
El más veterano de los historiadores magallánicos, el hombre que ha escrito más páginas sobre esta tierra que quizás cualquier otro, recibiendo de manos más jóvenes libros que continúan la misma labor que él emprendió hace décadas. No hubo discursos largos ni protocolo rígido. Hubo conversación, hubo afecto, hubo el reconocimiento silencioso de quienes saben que trabajan en el mismo surco. Rodrigo Bravo, en su doble rol de seremi de Cult uras y coautor, no pudo ocultar la significación del momento. Entregar un libro a Mateo Martinic es, en cierta medida, entregarle algo al propio espíritu de la historiografía regional. Es mostrar el trabajo hecho y esperar el veredicto -aunque sea solo en los ojosdel maestro.
Y don Mateo, según cuentan, correspondió con palabras generosas, con el entusiasmo intacto de quien aún cree profundamente en el valor del conocimiento y en la necesidad de seguir escribiendo la historia de esta tierra mientras haya algo que contar.
Dos libros, dos mundos aparentemente distintos -el mar y el aire, las mujeres del litoral y los pilotos de la infancia de la aviación-, y sin embargo unidos por el mismo impulso: la convicción de que Magallanes tiene una historia rica, compleja y única que merece ser documentada con rigor y entregada a la comunidad. Esa convicción es, precisamente, la que ha guiado toda la vida de Mateo Martinic. Por eso la jornada fue emotiva. Por eso el anciano historiador, con noventa y cinco años de historia acumulada en el cuerpo, recibió esos libros con los ojos brillantes y una sonrisa que no necesitaba palabras para decir lo que sentía. L a m e m o r i a d e Magallanes sigue viva. Y ese día, en una casa de Punta Arenas, se lo confirmaron una vez más. Autor: Crónica periodistas@elpinguino.com. Mateo Martinic, recibiendo la obra “Hacerse a la mar” por parte de las investigadoras de la Universidad de Magallanes.