MEMORIAS DE UNA CASA PRESIDENCIAL
MEMORIAS DE UNA CASA PRESIDENCIAL CASA PRESIDENCIAL A 10 AÑOS DE LA MUERTE DEL EXPRESIDENTE PATRICIO AYLWIN: La familia Aylwin Oyarzún abre las puertas de la casa del expresidente a Sábado y, entremedio de un recorrido sigiloso por la propiedad que se mantiene intacta, comentan el traspié con el gobierno de Gabriel Boric, que se interesó en comprarla, sin resultado. "Nos tramitaron tres años", comenta Mariana Aylwin. Hoy el inmueble está en venta y el consenso común entre la familia es que no le pedirán al gobierno de Kast que la adquiera.
POR MARTA ARRIAGADA ECHENIQUE FOTOS MACARENA PÉREZ En el velador de madera de la ex primera dama Leonor Oyarzún (fallecida el 21 de enero de 2022) aún reposa una lámpara sencilla y una Biblia con tapa de cuero que tiene grabado en letras plateadas el nombre de su exmarido, Patricio Aylwin.
Entre las páginas, un sobre amarillento y adentro, una carta de puño y letra del exmandatario en la que le testimoniaba a su esposa: "Hemos sido muy felices, Leonor... mi querida, te echo mucho de menos... ". Las demás líneas seguirán resguardadas en el libro. La habitación del segundo piso de la casa de calle Arturo Medina, en Providencia, donde vivió desde 1957 el expresidente, su señora y sus cinco hijos, aún conserva el cubrecamas muy bien cuidado.
Las fotografías familiares y de la pareja cuando se casaron un 2 de octubre de 1948 aportan calidez a dicha pieza en la que algunos rayos de sol delgados se asoman por la mañana y donde hace casi exactos 10 años (19 de abril de 2016) falleció Patricio Aylwin acostado en su cama, junto a la paz que le daba recordar algunas poesías que su memoria atesoró hasta los últimos días, según cuentan sus cercanos.
Al lado de su velador, está la ventana que da al jardín donde hasta Sigue.... MEMORIAS DE UNA CASA PRESIDENCIAL hoy una buganvilia fucsia se impone como protagonista y continúa trepando, aunque ya no con la misma fuerza de antaño, cuando el mismo expresidente se preocupaba de admirarla y hasta presumirla con cualquier invitado. La casa tipo inglesa diseñada el año 56 por el arquitecto Tomás Reyes, quien después fue senador DC, todavía guarda la intimidad de la familia Aylwin Oyarzún, como si aún alguien viviera ahí, pero no.
Los cepillos de pelo, redondos, y peinetas sobre el tocador de la dueña de casa y los ternos y corbatas que cuelgan del clóset de quien fuera presidente de la República entre 1990 y 1994 son el testimonio de la historia de una casa que funcionó como hogar durante 65 años, pero que ahora está en pausa y que es posible que se convierta en el domicilio particular de quien decida desembolsar los poco más de 700 millones de pesos en que está tasada la propiedad de 279 metros cuadrados de construcción que la familia hoy tiene en venta.
El intento fallido El proyecto del gobierno del Presidente Gabriel Boric para que la casa de Aylwin pasara al Estado y se convirtiera en patrimonio fue infructuoso y un trago amargo para la familia, según cuentan sus hijos Mariana y Francisco Aylwin. Esto, luego de la fallida compraventa de la casa del expresidente Salvador Allende tras pasar por alto el impedimento constitucional sobre celebración de contratos entre el Estado y funcionarios públicos. Isabel Allende, hija del expresidente, se desempeñaba como senadora PS y la sobrina, y también heredera del inmueble, Maya Fernández, ejercía como ministra de Defensa.
Como el gobierno decidió que los procesos de compraventa de ambas casas fueran en paralelo, la venta de la casa de Patricio también se congeló. "Nos tramitaron tres años", cuenta la exministra Mariana Aylwin, hija mayor de Patricio Aylwin, sentada en el living de sus padres junto a su hermano menor Francisco, director de la Fundación Patricio Aylwin.
Hoy, comentan, con la idea del recorte fiscal del gobierno del Presidente José Antonio Kast, no ven esperanzas en que el Estado haga de la casa un lugar público. "Tampoco vamos a solicitarlo al nuevo gobierno.
Nosotros no lo vamos a pedir", dice Mariana Aylwin, y precisa que vender "significa deshacernos de las cosas, hacer un remate, las cosas más valiosas, dejarlas para la fundación... ". "Cuando pasó lo de la casa de Allende, los cheques estaban firmados en notaría. Listos. Después de lo que ocurrió, parece que hubo un tema con los plazos, que se vencieron, y nos pidieron hacer todo de nuevo. Se hizo una nueva escritura, nos pidieron una reforma a la escritura, nosotros estuvimos de acuerdo y se giraron los cheques de nuevo. Estaban nuevamente listos.
Y no sé qué problema hubo, pero el hecho es que veíamos que el interés había decaído mucho", relata la exministra y explica que la intención de comprar la casa se la comunicó el entonces presidente Boric. "Fue en una reunión a propósito del monumento de mi papá. Él dijo que el gobierno tenía interés en comprar la casa de Allende y esta. Cuando aún no asumía como presidente, él vino a la casa. Mi mamá había muerto en la noche, conoció la casa, fue muy amable y gentil.
Yo creo que genuinamente a él le interesaba, pero las cosas se complicaron". Francisco Aylwin, quien asistió a la reunión con el gobierno en noviembre de 2025 donde se formalizó la idea de no continuar con la compraventa, afirma: "Fue muy desagradable. Nos dijeron algo así como que había un impedimento jurídico para perseverar, y lo que sugerían era que se comprara a través del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural y no de Bienes Nacionales.
Esa reunión fue en el Ministerio de Bienes Nacionales con el ministro (Francisco Figueroa) y con el Ministro (Luis) Cordero (entonces titular de Seguridad), Raya para la suma, tengo la sensación de que nunca quisieron comprarla y que fuimos la excusa para comprar la de Allende.
Nosotros ya hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance y nadie está obligado". Cuentan que, a pesar de que los intentos con el gobierno no llegaron a concretarse, la familia miró otras alternativas: "Vimos la opción de proponer la formación de una corporación con universidades y la Municipalidad de Providencia para desfamiliarizar la fundación y que la casa tuviera una administración de la que nosotros fuéramos o no parte. El gobierno nos dijo que no podíamos ser parte.
Seguimos indagando esa fórmula para vender, pero no hemos encontrado a quienes puedan hacerse cargo, y tampoco lo vamos a solicitar al nuevo gobierno", cuenta. --¿ De qué se trataba el impedimento jurídico del que les hablaron? --Que, para poderla vender, tendríamos que declararla patrimonio nacional. Y resulta que eso es como pedirle a uno que haga algo imposible. Con todo el atraso que tiene el Consejo de Monumentos Nacionales, los tiempos no daban, porque el gobierno terminaba en marzo. Entonces, nosotros dijimos, no, oye, si esto les cuesta tanto, chao. Política a puerta cerrada La casa lleva cuatros años desocupada y, por eso, llaman la atención las alfombras antiguas impecables, y los chiches de cristal, que brillan. Las dos asesoras de ese hogar que trabajaron con los Aylwin Oyarzún por más de 25 años van a limpiarla algunos días al mes, cuando lo requiere la familia. Incluso, en el escritorio que el expresidente tenía en la habitación contigua a su dormitorio, aún hay gomas de borrar, un par de pilas y clips.
Encima, hay una libreta roñosa con el nombre de Patricio Aylwin, que lleva escrita una receta de suflé de queso que alguna vez registró Leonor, aunque "poco cocinaba", según su hija. "Mi mamá era más de dirigir". Adentro de uno de los cajones, varias carpetas con trámites médicos y, entremedio, un papel escrito por Patricio Aylwin con una reflexión del 2014: "De joven tuve dudas entre hacerme socialista o falangista... ". "Respeto a los partidos, y de la derecha, especialmente a RN.. .". Cuenta Mariana Aylwin que su papá no era mucho de hacer reuniones políticas en su casa. Invitaba más a la oficina o a tomar té, después de que dejó su cargo de presidente.
En tiempos de la Unidad Popular, recuerda su hija, muchos de la juventud de la DC "venían a hacer guardia acá y se quedaban, porque había muchas amenazas". El exsenador Andrés Zaldívar, complementa: "Nuestras casas siempre fueron nuestros lugares de reunión. En dictadura fueron un refugio. Todo el primer gabinete de Patricio Aylwin lo hicimos en su casa y también en San Clemente en el fundo nuestro. La decisión de respaldar y salir adelante con la candidatura de Aylwin se tomó en su casa.
Ahí se proyectó ese gobierno, en un comedor en el que cabíamos 8 o 10 personas, y nos recibía y atendía Leonor, sobriamente, sin ningún banquete". Ese día, que rememora Zaldívar, dejó un recuerdo bien doméstico.
Leonor había sacado toda la vajilla para repartir tortas. "El cuento es que de repente iba saliendo un señor con un plato y un tenedor, y alguien le dijo: `Pero ¿ por qué se lleva eso?', y el dijo, `porque es un buen recuerdo, pues'", relata Mariana. "Así se hacía la política, tomando té, tomando desayuno", cuenta Zaldívar. La visita de Bush Hoy ese comedor está intacto, la madera brilla y algunos de los platos en que la ex primera dama pintaba limones están en un mesón de la cocina como esperando comensales. El presidente de Estados Unidos, George Bush, fue uno de ellos.
El 6 de diciembre de 1990, en el marco de la primera visita oficial de un presidente de Estados Unidos a Chile, llegó a almorzar a la casa del mandatario chileno. "Esa vez me acuerdo que no vino con su señora, sino con su hija, y fue simpático, porque venía de Argentina y contó que Menem, en ese entonces presidente, lo había invitado a jugar tenis, y cuando llegó se dio cuenta que era un juego de dobles, pero mixto, y decía: "Me hubiese visto Bárbara, su esposa", relata la hija del exmandatario. ¿Quién se sentó en la cabecera? Leonor, por supuesto. "En esa oportunidad, el presidente andaba con su chef y mi mamá dijo que si viene a la casa, se come lo que se cocina acá, pero nos hicieron saber que no le gustaba el brócoli.
Creo que el menú era un pescado chileno". Pocos años antes de fallecer, Patricio Aylwin aún mantenía su rutina de sentarse en su escritorio o atravesar el patio trasero de la casa para llegar a su oficina, ubicada en la casa contigua que hoy es el museo de la Fundación Patricio Aylwin. Fue en ese trayecto donde el 15 de diciembre de 2015 el expresidente se cayó y su salud comenzó a deteriorarse con creces, según cuenta la familia. Esa mañana venía de vuelta a la casa, entrando por el comedor, se tropezó y se pegó en la cabeza. Estuvo dos días en la clínica.
Quien lo encontró fue "Toño", Antonio Estay, su chofer desde la candidatura presidencial, quien manejó el auto blindado desde el año 90 hasta que dejó La Moneda y después su Peugeot 406 azul, y quien en los últimos años también lo cuidó, sobre todo cuando el exmandatario se puso temeroso después de la caída y se afirmaba con fuerza de él y de las barandas al caminar. El último cumpleaños que se celebró en la casa de Arturo Medina fue el 10 de marzo del año pasado. Ese día, Leonor Oyarzún habría cumplido 105 años.
Hijo, nietos y bisnietos cantaron fuerte el cumpleaños feliz, se rieron y disfrutaron una vez más en la casa que alguna vez mantuvo su reja abierta día y noche, que, a pesar de ser un lugar donde se zanjaron decisiones políticas, la autoridad del presidente no cruzaba el umbral de la puerta. "Raya para la suma, tengo la sensación de que nunca quisieron comprarla y que fuimos la excusa para comprar la de Allende. Nosotros ya hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance y nadie está obligado", dice Francisco Aylwin.
Entre los objetos en la casa, hay una carta de puño y letra del exmandatario en la que escribió: "Hemos sido muy felices, Leonor... mi querida, te echo mucho de menos... ". En la imagen, la pareja en los 90. Antonio Estay fue el chofer de Aylwin desde la candidatura presidencial, y después le manejaba su Peugeot 404 azul, y quien en los últimos años también lo cuidó. Una imagen de Leonor Oyarzún y su hija Mariana en el funeral de Patricio Aylwin, en abril de 2016. En este escritorio, regalado por su suegro, el expresidente trabajaba cuando no iba a su oficina. Un retrato familiar de Aylwin como Presidente, con todos sus hijos y nietos. Uno de sus más célebres invitados a este comedor fue el presidente de Estados Unidos, George Bush, el 6 de diciembre de 1990. La libreta de bolsillo de Patricio Aylwin conserva numerosas anotaciones con su letra manuscrita. Muchos de los objetos que hay en la casa son regalos que le hicieron durante su mandato. La casa fue diseñada el año 56 por el arquitecto Tomás Reyes, quien después fue senador DC.
Fue el hogar de la familia durante 65 años, y es posible que se convierta en el domicilio particular de quien decida desembolsar los poco más de 700 millones de pesos en que está tasada la propiedad.
En este dormitorio murió Patricio Aylwin el 19 de abril de 2016, acostado en su cama, junto a la paz que le daba recordar algunas poesías que su memoria atesoró hasta los últimos días, según cuentan sus cercanos..