Editorial: Gabinete técnico versus político
Editorial: Gabinete técnico versus político L a presentación del gabinete del presidente electo José Antonio Kast ha abierto un debate en Chile: ¿ es posible que un equipo mayoritariamente técnico, con una escasa vinculación partidaria, responda con eficacia no solo a la tarea de gobernar, sino que además a enfrentar la crisis como la que hoy viven las regiones de Ñuble y Biobío? El gabinete que asumirá funciones el próximo 11 de marzo de 2026 se caracteriza por su fuerte componente independiente y tecnocrático. Según datos oficiales, cerca del 62% de los ministros no están afiliados a partidos políticos, y casi dos tercios debutan en cargos públicos de alta responsabilidad. Su promedio de edad ronda los 54 años y hay una composición con mayoría de hombres, aunque con presencia significativa de mujeres en carteras clave. Esta apuesta por perfiles técnicos puede verse como una señal positiva.
Gobiernos anteriores han demostrado que profesionales con experiencia específica pueden aportar soluciones basadas en evidencia, lo que resulta especialmente relevante cuando se enfrentan desafios urgentes como la emergencia de los incendios forestales en Ñuble y Biobío, donde la gestión eficiente de recursos, logística y reconstrucción debe primar sobre la disputa política.
La inclusión de técnicos también puede favorecer una toma de decisiones más ágil en áreas tan delicadas como Seguridad Pública, Hacienda u Obras Públicas, donde la coordinación con equipos regionales y expertos será indispensable para atender tanto la emergencia como la reconstrucción de infraestructura y tejido social. Sin embargo, este enfoque también expone fragilidades que no pueden soslayarse. La principal es el riesgo de que un gabinete "apolítico" o "apartidista" carezca de la capacidad de tejer acuerdos necesarios para avanzar en reformas estructurales o asegurar respaldo parlamentario en momentos críticos. Como advierten analistas, un exceso de independientes puede acarrear dificultades de articulación con un Congreso fragmentado, justo cuando se requieren pactos amplios para legislar frente a la reconstrucción y políticas públicas de largo aliento. La política no es solo gestión técnica: es negociación, construcción de alianzas y comprensión de realidades diversas. En un país aún polarizado, la presencia de militantes con redes partidarias puede facilitar la gobernabilidad y la legitimidad de iniciativas clave.
La ausencia, o escasa presencia, de estas redes podría traducirse en retrasos innecesarios o en un mayor desgaste por falta de respaldo político para decisiones que, en apariencia, son técnicas, pero que tienen profundas implicancias sociales.
Hay, además, un desafio comunicacional: el gabinete debe ser capaz de explicar sus decisiones con empatía, mostrando no solo competencia técnica, sino también sensibilidad ante el dolor y las pérdidas de miles de familias afectadas por los siniestros. En contextos de crisis, la percepción de cercanía y comprensión puede ser tan determinante como la eficacia de las políticas públicas. La mezcla entre técnicos e independientes con algunos políticos no es inédita en la política chilena. Se recuerda el primer gobierno de Sebastián Piñera con un enfoque similar, pero la clave está en cómo se equilibren estos roles. La gestión de una emergencia nacional exige tanto capacidad técnica para diagnosticar y ejecutar, como habilidad política para construir consensos y liderar cambios. La mezcla entre técnicos e independientes con algunos políticos no es inédita en la política chilena. Se recuerda el primer gobierno de Sebastián Piñera con un enfoque similar, pero la clave está en cómo se equilibren estos roles. La gestión de una emergencia nacional exige tanto capacidad técnica para diagnosticar y ejecutar, como habilidad política para construir consensos y liderar cambios estructurales. EDITORIAL