Autor: JUaN MarcoS HENríqUEz, Dr. EN ciENciaS BioLógicaS
Columnas de Opinión: El invierno de muchos y la primavera de unos pocos
Columnas de Opinión: El invierno de muchos y la primavera de unos pocos En sus primeros días de mandato, el presidente Kast ha cambiado la fachada de la moderación electoral para pasar aceleradamente y sin tapujos al ideario duro de su proyecto político. Lo que estamos presenciando no es solo un cambio de administración, sino el inicio de una batalla cultural profunda que busca desmantelar los consensos sociales alcanzados en las últimas décadas. Su concepto de “libertad”, ese que tanto repite, parece sacado directamente del manual de la ultraderecha global, con una similitud a la “motosierra” de Milei. Bajo la promesa de una supuesta liberación del individuo frente al Estado, lo que realmente se instala es la reducción progresiva de los derechos de las mayorías para terminar favoreciendo a los más poderosos. Kast ha comenzado desplegando las ideas que lo identifican, aunque ello implique contradecirse flagrantemente de sus promesas de campaña, donde prometió orden y estabilidad sin sacrificar derechos y beneficios sociales. Hoy, bajo el pretexto del déficit fiscal se instalan medidas de retroceso que provocan incertidumbre en las familias chilenas. La crisis financiera, el déficit fiscal y la deuda pública se utiliza hoy como pretexto para aplicar ajustes que tienen un sesgo ideológico evidente. Una vez más la tesis (fracasada en todo el mundo) de reducir impuestos para favorecer el crecimiento y la inversión, se traduce en una serie de medidas que solo favorece a los más poderosos. El anuncio de suspender o recortar el Mepco es una amenaza directa al bolsillo de la clase media y los sectores más vulnerables, ya asfixiadas con el costo de la vida. Sin embargo, es contradictorio que mientras se pretende ahorrar a costa del consumo popular, se mantiene intacta la revolución de impuestos en los combustibles a la gran minería.
No hay argumento claro que sostenga esta lógica, excepto la convicción ideológica de que los empresarios deben tener garantías y privilegios para invertir y generar crecimiento, aunque el costo termine siendo pagado por quienes tienen menos recursos. Esta alza histórica de los combustibles es apenas la punta del iceberg. El retiro de los decretos ambientales profundiza esa misma lógica. Bajo el pretexto de “flexibilidad regulatoria” para impulsar inversiones se busca favorecer a los actores económicos y grandes proyectos de inversión. Este frenazo no es un mero ajuste técnico, es una medida que busca incluir cambios que permitan facilitar o mantener bajos estándares ambientales que favorezcan los intereses de quienes contaminan o degradan la naturaleza.
La lógica es que “3 arbolitos” no frenaran el crecimiento, aunque ello se traduzca en pérdida de calidad de vida para la gente, absorbiendo los riesgos concretos de contaminación, pérdida de recursos naturales y degradación de sus territorios. La propuesta de acotar la gratuidad universitaria exclusivamente a quienes tengan menos de 30 años es una medida clasista. Es un castigo directo a la movilidad social y superación de mucha gente pobre.
Se presenta bajo la excusa de “control de gasto”, pero en el fondo es un portazo a la cara de miles de personas de clase media y sectores populares que, por razones de trabajo, crianza o falta de recursos, tiene la posibilidad tarde para acceder a la educación superior. La medida es un ahorro marginal y sólo puede ser entendida bajo el ideario de la ultraderecha. Estamos presenciando la instalación de un modelo donde el invierno es para muchos y la primavera solo para unos pocos. En sus primeros días, el presidente Kast ha sido sumamente eficaz en traspasar todo el costo del ajuste económico a los bolsillos de los hogares más pobres y de la clase media emergente.
Mientras les exige “apretarse el cinturón” a los más pobres, aceptando alzas en los combustibles y recortes en la educación, el gobierno anuncia rebajas de impuestos corporativos, la mantención intocable de los subsidios a la gran minería y beneficios en las contribuciones de la primera vivienda para los más privilegiados. La opción es evidente y ya sabemos que el presidente no va a retroceder. Este escenario obliga a la oposición a realizar una autocrítica y reaccionar con responsabilidad y contenido, ya que no basta con el rechazo. La tarea es proponer una visión de país que interprete las nuevas prioridades de la ciudadanía. Seguridad ciudadana que no sea sinónimo de abuso, y una justicia social que no sea solo un eslogan de campaña. Necesitamos un liderazgo que abandone el estilo del simple rechazo y sea capaz de articular soluciones concretas para las mayorías. Si no somos capaces de ofrecer un proyecto coherente, corremos el riesgo de que la derecha se instale como la única fuerza “realista” y propositiva. Autor: JUaN MarcoS HENríqUEz, Dr. EN ciENciaS BioLógicaS.