Autor: Rafael Martínez Lozano
Columnas de Opinión: Signos y señales
Columnas de Opinión: Signos y señales Periodista y comunicador social Siempre, tras la publicación de varias de mis columnas -lo que agradezco profundamente-, mi madre, en un gesto tan subjetivo como inmerecido, ha felicitado y alabado mi pluma. Sin embargo, en más de alguna ocasión, ha deslizado también una crítica tan asertiva como demoledora: que insisto demasiado en citar libros y películas. "Hijo, eso deberías corregirlo un poquito", me dice.
Por eso, al inicio de esta columna -y para ser consecuente con mi conducta de infancia-, no le haré caso alguno, y recordaré a un entonces joven actor, Peter Ustinov, quien en la película Quo Vadis (1951) se enfundaba en los ropajes del emperador romano Nerón y, con una lira en mano de dudosa factura utilera, comenzaba a cantar mientras Roma ardía profusamente y él, monarca al fin, según la creencia histórica y cinematográfica, planeaba la "reconstrucción" de la Ciudad Eterna, curiosamente a su entero gusto y antojo. Muchos siglos y kilómetros nos separan de aquella escena.
Sin embargo, hoy Chile, a juicio de sus autoridades, también enfrentaría un proceso de "reconstrucción". Solo que aquí las llamas y el fuego han sido reemplazados por el retiro de decretos, solicitudes de renuncia, amenazas de sumarios y el anuncio de la "crucifixión" de los deudores del Crédito con Aval del Estado, convertidos ahora en autores materiales del supuesto desastre que nos tendría sumidos en una catástrofe nacional y que empujaría al Ejecutivo a "reconstruir". Todo ello, por cierto, sin demasiado correlato en la vida cotidiana: ni en los supermercados, ni en los Cyber Days, ni en los conciertos, ni en otros hitos del consumismo contemporáneo.
A menos de un mes de la asunción del gobierno, los andamios, estructuras, cementos y demás materiales de esta reparación patria comienzan a solidificarse sobre dos elementos que, aunque ya dibujan una fachada y una impronta, todavía no representan de modo alguno la estabilidad prometida: símbolos y señales. Ambos conceptos inducen, sugieren, orientan; en definitiva, trazan un derrotero. Pero se agotan en los escudos, los titulares y los anuncios, cuya cáscara aún no deja entrever respuestas para problemas sociales que ya parecen haberse vuelto endémicos en el territorio. Terminan convertidos en un lenguaje que roza el lugar común y atraviesa, sin distinción, buena parte de la política.
Basta mirar las últimas legislaturas, donde no pocos parlamentarios parecieron privilegiar la cuña, el espectáculo y la performance antes que la deliberación, componiendo escenas para la prensa mientras dirigían miradas oblicuas a los micrófonos apostados junto a la réplica de El Pensador de Rodin, inmóvil y pétreo en el hall del Congreso.
Así desfilaron "honorables" con gorros de chef para denunciar la "cocina del Ejecutivo"; otros blandieron churrascos para proclamar que "nosotros ponemos el churrasco y el gobierno el jugo"; alguno lució una estrella de sheriff, aunque terminó tan solitario como el legendario llanero del oeste.
Y en ese inventario de gestos y caricaturas no podía faltar Florcita Motuda, el célebre artista devenido parlamentario, que llegó a cantar destempladamente en una comisión, entre las risas burlonas del entonces legislador Pepe Auth, antes de mutar en una especie de "gitana política" que promete leerle a cualquiera la suerte y el futuro electoral, con resultados, por cierto, discutibles. A este mismo lenguaje de "símbolos y señales" recurre la administración de José Antonio Kast.
Viviendo en La Moneda donde quienes hemos reporteado sabemos que el frío cala los huesos-, la primera dama sirve al funcionario favorecido un generoso cucharón de jugo para acompañar su trozo de cerdo con puré, mientras el propio mandatario se alimenta junto a la planta de trabajadores.
Pero también irrumpe una estrategia presidencial tan audaz como efectiva: levantar titulares de absoluta impopularidad como la ya mencionada persecución de los deudores del CAE, la reevaluación de la reducción de la jornada a 40 horas, la construcción de una zanja anti migración irregular en el Norte o el retiro de decretos ambientales-, todas "señales" que preparan el terreno para medidas administrativas aún más radicales, en pos de su ideario reconstructivo. ¿El objetivo? Distraer el interés mediático de una oposición que se encuentra, siguiendo la analogía boxeril, caída en el ring, magullada por el uppercut presidencial y, al mismo tiempo, golpeada literalmente por un cross de "Derecha" representado en un magro resultado parlamentario. Así, el líder republicano -en el mismo lenguaje pugilísticoparece condenado a practicar boxeo de sombras ante la ausencia de un rival real. Concluyo estas líneas reafirmando que a veces, tanto los símbolos como las señales constituyen -incluso para sectores del propio oficialismo un espejismo tan abrumador como confuso.
No son más que la antesala de una historia que, de confirmarse, augura un daño profundo a la paz social y también al propio ideario republicano que, pese a su nombre, dista mucho de ser el que hoy encarna el gobierno. Autor: Rafael Martínez Lozano. Opinión