Autor: RICARDO SALMAN ABURDENE PRESIDENTE DE CORÑUBLE
Defensa en un mundo incierto
Defensa en un mundo incierto n el debate chileno sobre defensa hay dos extremos igual de inútiles. Uno es el voluntarismo épico: creer que un país de nuestro tamaE ño puede "independizarse" de golpe en armamento, tecnología y logística. El otro es la ingenuidad cómoda: suponer que el abastecimiento siempre estará garantizado. Entre ambos hay una posición seria y alcanzable: soberanía operativa. No significa fabricar todo ni romper alianzas; significa poder operar y sostener capacidades críticas, aunque el entorno se vuelva hostil o transaccional. El mensaje central es simple: Chile no puede cambiar de proveedor de la noche a la mañana, porque la defensa no es un catálogo de compras. Es un ecosistema: entrenamiento, interoperabilidad, software, munición, repuestos, mantenimiento, certificaciones, doctrina y contratos de soporte. Cambiar una plataforma mayor implica años, costos y riesgos operativos. Pero eso no significa resignación. Significa enfocarse en lo posible y urgente: reducir puntos únicos de falla. Un punto único de falla es cualquier dependencia que, si se corta, deja un sistema crítico en tierra. Puede ser un repuesto, una licencia de software, un tipo de munición, un proveedor exclusivo de mantenimiento o un contrato de soporte.
En un mundo donde la coerción puede operar por sanciones, licencias, controles de exportación o decisiones políticas, esos puntos se vuelven vulnerabilidades estratégicas. ¿ Qué hacer, entonces, entre 2026 y 2035? Cuatro líneas sobrias y ejecutables. Primero: mantenimiento, reparación y renovación local. El objetivo no es "autarquía", sino aumentar la capacidad nacional de mantener y recuperar disponibilidad de sistemas clave. Cada porcentaje de mantenimiento mayor hecho en Chile reduce dependencia externa, mejora tiempos y aumenta continuidad operativa. Exige talleres, certificaciones, capital humano y acuerdos de transferencia con proveedores. También exige disciplina: compras por ciclo de vida, no solo por precio inicial. Segundo: stock crítico inteligente. En defensa -como en saludno basta con comprar: hay que asegurar continuidad. Stock crítico no es acumular por acumular; es identificar qué insumos detienen capacidades (repuestos, municiones, componentes electrónicos, combustibles especiales) y mantener reservas con rotación y trazabilidad. Tercero: doble abastecimiento en subsistemas. Chile no necesita duplicar todo, pero sí debe evitar proveedor único en capas donde es factible: comunicaciones, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, drones, sensores, municiones selectas, electrónica, ciber y software. La idea es simple: si un canal se corta, el sistema no colapsa. Esa diversificación mejora la posición negociadora y reduce costos de dependencia. Cuarto: ciber e infraestructura crítica como parte de la defensa. Hoy la interrupción más barata y efectiva no siempre es militar: puede ser digital. Puertos, aeropuertos, energía, telecomunicaciones y banca son blancos obvios. Por eso se requieren estándares obligatorios, ejercicios regulares, redes de respuesta, segmentación, respaldos y planes de continuidad. Y coordinación real entre Defensa, Seguridad, Energía, Transporte y sector privado. Nada de esto es teórico. Si el mundo se vuelve más transaccional, la pregunta no es si un país será presionado, sino cuándo y por dónde. La respuesta responsable no es sobreactuar ni improvisar, sino diseñar resiliencia. Soberanía operativa es exactamente eso: la capacidad de sostener decisiones sin quedar paralizados por un repuesto, una licencia o un cuello logístico. Y un punto final: seguridad no es solo tanques y aviones. Seguridad es puertos funcionando, cables y datos protegidos, energía estable y logística asegurada. En un mundo incierto, defender el país también es defender su continuidad operativa: sin delirios, pero sin ingenuidad. Nada de esto es teórico. Si el mundo se vuelve más transaccional, la pregunta no es si un país será presionado, sino cuándo y por dónde. La respuesta responsable no es sobreactuar ni improvisar, sino diseñar resiliencia. Soberanía operativa es exactamente eso: la capacidad de sostener decisiones sin quedar paralizados por un repuesto, una licencia o un cuello logístico. En un mundo incierto, defender el país también es defender su continuidad operativa: sin delirios, pero sin ingenuidad. Autor: RICARDO SALMAN ABURDENE PRESIDENTE DE CORÑUBLE. Nada de esto es teórico. Si el mundo se vuelve más transaccional, la pregunta no es si un país será presionado, sino cuándo y por dónde. La respuesta responsable no es sobreactuar ni improvisar, sino diseñar resiliencia. Soberanía operativa es exactamente eso: la capacidad de sostener decisiones sin quedar paralizados por un repuesto, una licencia o un cuello logístico. En un mundo incierto, defender el país también es defender su continuidad operativa: sin delirios, pero sin ingenuidad.