Editorial: La violencia en los colegios del país
Editorial: La violencia en los colegios del país A la espera de conocer las medidas específicas que presentará el gobierno para enfrentar los problemas de violencia escolar tras el horrendo crimen de una inspectora del Instituto Obispo Silva Lezaeta, de Calama, la Región vivió varios hechos preocupantes.
En el Colegio España, del cerro Monjas, en Valparaíso, provocó alarma la difusión de un video que mostraba a un estudiante de octavo básico amenazando de muerte y secuestro a la pareja de un compañero; y en el Liceo Industrial de Viña del Mar se detuvo a un alumno que portaba un arma blanca y una manopla, en tanto que otro tenía dos bengalas en su mochila.
Ambos casos son expresiones de la tensión que existe en muchos establecimientos del país, donde los parámetros de convivencia escolar y respeto mutuo se han quebrado sin vuelta atrás, para dar paso a una especie de "ley de la selva" donde la fuerza no siempre está en poder de la institución.
La complejidad de los casos más graves supera cualquier esfuerzo educativo, por más multidisciplinario que sea el enfoque que quiera imprimir el rector de turno, en tanto que el trabajo de los profesores se ve afectado muchas veces por la carencia de herramientas normativas adecuadas y la falta de apoyo, o de los padres o de las autoridades escolares.
Tiene razón el Presidente José Antonio Kast cuando en la entrevista con la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi) plantea que el origen de estos hechos reside en la pérdida de "disciplina y el respeto hacia el otro y hacia el profesor", pero falla cuando no alcanza a esbozar un plan de medidas que vaya más allá de la instalación de pórticos lectores de metales en el ingreso de los colegios.
La violencia escolar es un problema sistémico que no se solucionará con mayores controles en el ingreso, sino con un trabajo de largo plazo que parta por identificar las deficiencias estructurales de la sociedad chilena actual.
En este proceso, se hace indispensable la revalorización del profesor como autoridad indiscutida en el aula, en tanto que los padres deben reorientar sus esfuerzos a la búsqueda de un bien colectivo mayor que permita recrear en la sala de clases la sociedad inclusiva que queremos como país.
La instalación de pórticos que detectan metales en los colegios es una acción concreta que se queda demasiado corta para el tamaño del desafío.. El progresivo deterioro de la convivencia escolar responde a un fenómeno amplio que no se soluciona con un detector de metales. E Editorial