Autor: Por Maria Pastora Sandoval
'La musicoterapia ya debería estar en los hospitales y las clínicas"
'La musicoterapia ya debería estar en los hospitales y las clínicas" talo Alfredo Manzo Pérez nació en Porvenir, hijo y Noemi Pérez Díaz. Su padre tenía una orquesta popular, la Orquesta Espectáculo Manzo, y su abuela era profesora de piano. "Hay un gen ahf", afirma. A los 12 años empezó a tocar batería. Después la guitarra eléctrica, con la orquesta del padre. Luego, la guitarra clásica, en el Conservatorio de Música de Punta Arenas que dependía de la Universidad de Chile. La música lo eligió, fue el ambiente en el que creció y se convirtió en su destino. La vocación por la enseñanza llegó de forma Inesperada. En primero medio, un docente de Matemática, Carlos Garay Miranda, lo dejó a cargo de un curso mientras él salía a hacer un trámite. Cuando volvió, Italo había resuelto con los estudiantes todo lo que el profesor había dejado pendiente.
La frase que le dijo ese día lo marcó para siempre: "Acá hay un futuro profesor". Años después, ya en el Conservatorio, otro profesor le señaló algo que tam bién era evidente pero que él no había verbalizado: que vivía en el conservatorio, que salía a las dos de la tarde del liceo y se iba directo a estudiar guitarra, que la música ya era su pasión. Esas dos conversaciones definieron su camino. Estudió pedagogía en musica en la Universidad de Chile, pero no en Santiago. Un cruce de fechas con el servicio militar lo hizo llegar tarde a las pruebas especiales de ingreso y la única vacante disponible era en Iquique. Se fue. El cambio climático le afectó: de Punta Arenas al desierto. Entró como ayudante casi de inmediato gracias a su formación en guitarra clásica, tejió relaciones con sus profesores, que lo invitaban a sus casas porque venía de tan lejos. La carrera se cerró y terminó en Arica. Cuando estaba a punto de graduarse, sus mismos profesores le preguntaron pará que moverse de nuevo si en un semestre más terminaba. Se quedó. En 1981 se titulo como Profesor de Estado en Educación Musical. Tenía 44 años de carrera por delante. Volvió a Porvenir a hacer lo que el mismo no tuvo: un profesor de música de verdad. Fue director de la Casa de la Cultura, creo el coro de esa institución, el coro del liceo y la orquesta Orff del establecimiento. Fundó la Semana Musical de Porvenir, que se extendía una semana completa y convocaba músicos desde Punta Arenas y posteriormente desde Santiago.
El hito mayor fue traer, por primera vez, a la Orquesta Sinfonica de la Universidad de Chile a la capital de Tierra del Fuego: "La gente lloraba prácticamente", recuerda. "Escuchar un sonido como ese era tan impactante". Dada su proactividad y sus ganas de aportar actividades significativas para la comunidad, no querían que se fuera de la ciudad, pero las circunstancias C UNAMONOS PARA VIVIR LA PAZ Y LA FRATER DAD Autor: Por Maria Pastora Sandoval. Nació en Porvenir, estudió pedagogía en música en el Norte Grande y volvió a su región a hacer clases durante décadas. Fundó la Agrupación de Profesores de Música de Magallanes (Apromus) y ha sido un incansable gestor de instancias para sus colegas y la comunidad. Hoy ejerce la musicoterapia. ITALO ALFREDO MANZO PÉREZ, PROFESOR DE MÚSICA Y DIRECTOR DE COROS C UNAMONOS PARA VIVIR LA PAZ Y LA FRATER DAD Como director del Coro del Magisterio de Punta Arenas, año 1990. Italo Manzo y su hija Vida, hoy profesora de música en el Liceo Politécnico Cardenal Raúl Silva Henriquez y presidenta de Apromus. Fue director del Coro de la Casa de Cultura de Porvenir. Foto de 1987. 'La musicoterapia ya debería estar en los hospitales y las clínicas" lo empujaron a tomar decisiones y se vino a Punta Arenas. En Punta Arenas hizo clases en el Liceo Industrial, alrededor de siete años, donde surgió el cantante lírico Edson Villegas, profesor de música. Luego pasó al Liceo Politécnico Cardenal Raul Silva Henriquez, donde estuvo 24 años.
En ambos establecimientos formó coros y orquestas, trabajo siempre muy cercano a sus alumnos, y vio cómo varios de ellos siguieron vinculados a la música de una u otra forma: algunos como profesionales, en orquestas populares o coros, algunos simplemente con su instrumento en casa. "Cuántos alumnos salve a través de la música en cuarto medio", reflexiona. "Si no hubiesen estado con música, no hublesen terminado". También hizo clases en la Universidad de Magallanes. Tiene cuatro hijos: Vida, profesora de música; Pau la, ingeniera; Italo, ligado a la medicina, y Alejandro, el menor, que está terminando trabajo social. De la agrupación a la musicoterapia La Agrupación de Profesores de Música de Magallanes (Apromus) nació de una convicción: la música no puede quedar encerrada en la sala de clases. Italo la propuso primero en la universidad, sin éxito. Años después lo intento de nuevo. Empezaron diecisiete personas. Hoy son alrededor de sesenta. El la presidió durante diez años; lo siguió Fernando Alarcón, y hoy la dirige su hija Vida.
Desde que existe, los profesores de música dejaron de ser convocados por orden ministerial para pasar a ser parte activa de la organización de cualquier evento musical en la región. "Antes nos decían, los profesores de música tienen que estar acá. Ahora nosotros somos parte de eso. Opinamos, decimos qué se puede hacer y qué no", explica. La agrupación fue tan reconocida que desde otras regiones del pais les consultaban cómo la habían formado para replicarla.
Uno de los momentos más recordados ocurrió en 2018, en el marco de las conmernoraciones de los 500 años del estrecho de Magallanes: 5.000 estudiantes cantaron junto a las orillas del estrecho, en una actividad organizada junto a la Secretaria Regional Ministerial de Educación y la gobernación. "Los chicos se daban cuenta en el momento de lo que estábamos haciendo", recuerda. Fue también en ese contexto que organizaron, por dos ocasiones, el Encuentro de Coros de Profesores de Chile en Punta Arenas, convocando a más de 1.200 docentes. En una de esas jornadas, Italo dirigió a 1.500 personas cantando a cuatro voces. "Un recuerdo inolvidable", dice. La musicoterapia llegó por un libro. Lo vio en una libreria de Santiago (sus recorridos obligados en la capital son siempre las librerías, las casas de música y el Teatro Municipal de Santiago) y lo compró. Ya no pudo parar. Hizo un magister de esa especialidad y comenzó a ejercer.
Trabaja principalmente con tambores porque son el instrumento más accesible: a diferencia de una guitarra, que pone tenso a quien nunca la ha tocado, el tambor libera desde el primer golpe: "Yo lo estoy viendo en qué estado emocional llega según cómo percuta", explica. Las sesiones combinan percusión, expresión corporal y canto, todo a través de juegos en que los participantes no siempre advierten el proceso terapéutico que está ocurriendo. Ha trabajado con personas con Parkinson, a quienes después de 16 talleres ha visto bailar tango.
El problema es la discontinuidad: los proyectos se postulan, se ganan o no, y si se Interrumpen, las conexiones neuronales que se habían creado se adormecen. "La musicoterapia ya debería estar en los hospitales y las clínicas", dice, con la con vicción de quien ha visto los resultados. La neurociencia, agrega, ya lo demuestra: la música mejora el aprendizaje en matemática y lenguaje, y su Influencia en el cerebro está documentada. Alfred Tomatis, médico francés que estudio la relación entre el sonido y el oido, sostenía que la música es tan importante como la leche materna en el desarrollo del niño. Desde los cinco meses en el vientre materno, el sistema auditivo ya está activo. Italo Manzo lleva décadas sembrando esa certeza en aulas, coros, orquestas y talleres terapéuticos. Su legado, dice, no es sólo lo que hizo, sino lo que otros podrán seguir haciendo. "Seria egoista que lo que yo estudié no se lo entregue a nadie". "Estoy fascinado". Es un hombre imparable.
Al final de todo, después de los títulos, los coros, los proyectos y las sesiones de tambores, lo que sostiene todo es una idea simple y relacionada a que la música siempre implica sentimientos: "Creo que la música está muy cerca del amor". Autor: Por Maria Pastora Sandoval. Junto a sus profesores en el dia de su titulación, en 1981. Junto al Coro del Liceo Politécnico Cardenal Raúl Silva Henriquez en su aniversario. Interpretación en guitarra clásica.