Alegres, jamás felices
Alegres, jamás felices M i amigo Lucho, veterano del periodismo regional, se queja porque mis columnas son amargas. Por esta razón, cuando vi el triunfo de Wanderers sub-20 en la Copa Libertadores juvenil el domingo pasado, me di cuenta de que era la gran oportunidad de redactar algo alegre y esperanzador.
Mi columna para este lunes iba a ser sobre este grupo de jóvenes que desafió la historia y venció a cada uno de esos gigantes que fueron apareciendo en el camino: Nacional de Uruguay (2-0), Belgrano de Argentina (2-0), Liga de Quito (3-3), Palmeiras de So Paulo (2-1) y, el broche de oro, Flamengo de Rio de Janeiro por penales. Ya la misma definición con gol de última hora y la tanda de penales daba para una columna entera.
Mientras que el plantel adulto hipotecó el ascenso el año pasado en similares circunstancias, estos alevines demostraron algo muy sencillo: si le pegas fuerte al balón, adentro del arco, da lo mismo si el arquero intuye el lado, no tendrá forma de atraparlo. Otro tema interesante era la comparación económica entre el plantel de Wanderers y sus rivales, pero se me adelantó el politólogo Jean Flores en una excelente columna que publicaron el miércoles.
También se me ocurrió quedarme en esas pequeñas historias: la del que estuvo a punto de perder el viaje porque quisieron asaltarlo; la del director técnico que renunció a su carrera de geógrafo para escuchar la brújula de su corazón y seguir sus sueños; la de los que se quedaron, etc. Asimismo, pensé en ese fenómeno colectivo que se generó en torno a esta final.
Un país conectado con los sub-20 y que volvió a reencantarse con ese "wanderito". Algo que no veíamos desde el 2001, con miles de personas que fueron al Estadio Nacional sin ser de Wanderers, pero vinculados con algún conocido que era VAI am hincha del Decano y al que le tenían cariño. Y es que el domingo pasado, a muchos wanderinos les escribieron otros amigos para felicitarlos, aunque no habían hecho nada por el equipo. Era una forma de conectarse con ese "viejo y querido" Wanderers del que hablaba Julio Martínez y que los "barras bravas" han tenido secuestrado. Tantos temas, tantas posibilidades a destacar, pero no. .. Wanderers es Wanderers y Reinaldo Sánchez, un empresario autobusero que trata a todos de forma despótica como si fuesen sus pasajeros. Si alguno cree que este triunfo es el resultado de un trabajo programado, de una visión a largo plazo o de una inversión sostenida, se equivoca. Es más, este año se cortó el programa de acompañamiento de estudios que tenían con la Universidad Andrés Bello. Si Wanderers tiene un grupo de jugadores excepcionales, es por la inercia de ser uno de los pocos equipos de regiones con una de las identificaciones más fuertes que existen. Jugar en el Decano no sólo es el sueño de los niños, sino también de los padres, abuelos y vecinos. Por esto mismo, da pena que Sánchez, en vez de sacar partido a esta victoria que ha valorizado como nunca la marca del club, se quede en la POR WINSTON pelea corta. Él ha decidido cobrar las camisetas, menospreciar al entrenador y no transformar esto en una fiesta. Apenas aparecieron estas noticias, algunos wanderinos recordaron como un déjà vu el ansiado triunfo del 2001. A los pocos días de esa Copa, se supo que Sánchez, el mismo de ahora, había echado al director técnico que lo había sacado campeón. La alegría, al igual que ahora, duró muy poco.
Y es que el sino de los wanderinos, como la canción de Pimpinela, es preguntarse ¿ por qué no pueden ser felices? El de Winston, en tanto, por qué no puede escribir algo alegre.. MIGUEL CAMPOS