Autor: Maria Pastora Sandoval
De Chuquicamata a Punta Arenas: viento y frío que lo hacen sentir en casa
De Chuquicamata a Punta Arenas: viento y frío que lo hacen sentir en casa Por G onzalo Mitrovich Carmona nació en Chuquicamata en 1973, hijo de Pablo Mitrovich y Elisa Carmona. Chuquicamata era entonces una ciudad minera de unas 10 mil personas donde todos se conocían, con un clima seco y frio de noche que, dice, no era tan distinto al de Punta Arenas. Hoy esa ciudad ya no existe. El nació en el Hospital Roy H. Glover y fue uno de los últimos chuquicamatinos: ya no nacen más. Tiene dos hermanos, Vladimir, el mayor, y Cristián, un año menor que él. Entro a la Escuela Naval a los 15 años casi por casualidad, siguiendo a un amigo entusiasta. Su madre le preguntó si iba a estudiar en una universidad. Salió 32 años después, con el grado de capitán de fragata, dos magisteres y una carrera que lo llevó de navegar por el mundo a los astilleros antárticos. Está casado con Gloria Torres y tiene dos hijos: Florencia, de 20 años, y Santiago, de 6. Egresó de la Escuela Naval en 1996 y partió al crucero de instrucción de la Esmeralda, recorriendo América del Norte y Europa. Al año siguiente se embarcó en un buque de la Escuadra Nacional, y al otro fue instructor en la propia Dama Blancaz. Luego cursó ingeniería naval eléctrica, su especialidad, y pasó 12 años embarcado en distintos buques, también en la escuadra. En paralelo comenzó el vaivén con Asmar: de los buques al astillero, del astillero a los buques, en una dinámica que duró décadas.
También hizo un magister en ciencias marítimas en la Academia Politécnica Naval, otro en dirección estratégica, y un diplomado en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos de Chile. "La marina permite estudiar mucho", dice. "Eso también me dio herramientas para llegar a ser administrador de planta de Asmar". En el astillero estuvo 12 años en total, con idas y vueltas, hasta que entre 2020 y 2025 fue líder de planta en Punta Arenas. Participó además en AGB 46 ALMIRANTE VIEL el desarrollo y construcción de la lancha skua antártica, un muelle modular de diseño magallánico que permite ser armado, bajado desde un buque, utilizado y desarmado nuevamente.
La clave del ingenio, explica, es precisamente esa modularidad: los sistemas que se usan en la Antártica no pueden ser Th art ASMAR SHIPYARDS Chil fijos. "Se han vendido varias skúas de esas", dice. "Y después se hicieron las más grandes, con mejor capacidad de motores". También creo la unidad de astillero antártico en Asmar Magallanes, convencido de que dicha empresa debe ser un actor central en el desarrollo antártico de la región.
FOTO ARCHIVO Innovación, tecnología y carbono neutralidad Uno de los capítulos menos visibles pero más significativos de su gestión en Asmar fue el desarrollo de proyectos de investigación e innovación bajo un modelo de colaboración público-privada que involucró a la empresa, la academia y el sector privado. Con la Universidad de Magallanes desarrollaron una máquina de manufactura aditiva para la confección de piezas metálicas en 3D robotizado, un avance relevante para la industria naval regional. También en conAutor: Maria Pastora Sandoval. Gonzalo Alberto Mitrovich Carmona nació en el campamento minero al interior de Calama. Fue marino, ingeniero naval eléctrico y administrador de planta de Asmar Punta Arenas durante cinco años. Sus colaboradores le decían cariñosamente "Mitro". La comunidad lo recuerda por otra razón: los carros alegóricos que Asmar presentó en el Carnaval de Invierno, bajo su conducción fueron, durante años, los más esperados. Con sus padres y hermanos. Con su señora Gloria, sus hijos Florencia y Santiago, y las mascotas de la familia.
Gonzalo Mitrovich, recuerda que desde Asmar, en 2016, presentaron lo que él mismo considera el mejor carro que han hecho para el Carnaval: Optimus Prime, un robot de más de 8 metros construido con platos de camión que se transformaba en escena. En total, estuvo 12 años de su carrera en Asmar, donde llegó a ser el administrador de la planta en Punta Arenas. Es de las últimas personas nacidas en Chuquicamata, donde ha vuelto de visita, con nostalgia. Luego de viajar en el crucero de instrucción en el Buque Escuela Esmeralda, volvió, años después, como instructor. Con sus padres, Pablo y Elisa. Entre los hobbies que cultiva hay varios deportes. Uno de ellos es el golf.
De Chuquicamata a Punta Arenas: viento y frío que lo hacen sentir en casa junto con la Umag y la empresa Concremag trabajaron en la recuperación de granalla -el material abrasivo que se usa en los procesos de limpieza de cascos y la reutilización de sus residuos para transformarlos en hormigón reciclable, con el que se fabrican adoquines y soleras. Y en el ámbito energético lideró una agenda pionera: en 2023 se inauguró con autoridades regionales un prototipo de hibridación energética instalado en el centro recreativo de Asmar en San Juan.
En desarrollo quedaron además un sistema de cogeneración para suministrar energía al astillero de forma eficiente y autónoma, y un sistema de hibridación con aerogeneradores verticales para el muelle Capitán Guillermos. "Son proyectos que buscan lograr una matriz energética sostenible para el astillero", explica. "Somos pioneros en la contribución a la carbono neutralidad en el ámbito industrial". Fuera de la oficina, Mitrovich juega golf, básquetbol y baby fútbol, y trota cuando la agenda lo permite. No es casualidad: tiene internalizada una filosofía que aprendió de un jefe y que desde entonces repite.
Hay que tener tres dimensiones en orden: el trabajo, el deporte y la recreación. "Uno puede ser muy bueno en la pega, pero si no comparte y no hace deporte, es una persona que quiere estar sola", admite.
El deporte y el compartir generan lazos de confianza, y esos lazos construyen equipos. "Finalmente, para la pega sirve mucho", concluye. "Se generan equipos con los que uno puede hacer cosas increíbles". El director de cine del desfile En 2006, cuando era jefe del departamento comercial de Asmar, el administrador de la época, Gabriel Barros, le preguntó si podía hacerse cargo del carro alegórico para el Carnaval de Invierno de Punta Arenas. "¿Qué carro alegorico?", respondió. Aprendió rápido. Ese año la temática fue Harry Potter. Al siguiente, Happy Feet. Al otro, Lazy Town. Siempre con un equipo voluntario, con espíritu de familia, nadie trabajando obligado. "Siempre con un trasfondo de entregar algo a la comunidad", dice. Cuando volvió a Asmar en 2015, el carro alegórico no era prioridad para el nuevo administrador. Lo convenció. Y en 2016 presentaron lo que él mismo considera el mejor carro que han hecho: Optimus Prime, un robot de más de 8 metros construido con platos de camión que se transformaba en escena.
La historia de ese Transformer tiene un capítulo que el mismo reconoce que a veces no le creen: lo llamó un alto ejecutivo de Hasbro, la empresa dueña de la franquicia Transformers, para comprarle el carro. Querían usarlo en una feria internacional. La respuesta fue "no": Asmar es una empresa autónoma del Estado, la actividad no tiene fines de lucro, no se puede vender. "Pero fue un carro que quedó muy bueno en todo aspecto", señalaron. En 2017 presentaron a King Kong, un mono de 8 metros, y ese año incorporaron algo que cambió el espíritu del proyecto: la participación familiar, con las señoras y los hijos de los trabajadores. Ganaron primer lugar en carro alegórico y primer lugar en comparsa. De ahí en adelante, siempre con comparsa. Le decían "el director de CHUQUICAMATA cine' porque el desarrollaba la puesta en escena completa: la coreografía, las luces, el humo, los efectos especiales, el relato. No era pasar nomás. Había una pelea, un clímax, un baile final. Volvió a la Armada en 2018, y cuando regresó a Asmar en 2020 estábamos en pandemia. En 2022 retomaron su participación en el Carnaval con los Avengers. En 2023, Toy Story. En 2024, Moana. Para entonces eran 120 personas entre comparsa, tramoyeros y seguridad.
Y la comunidad esperaba el carro de Asmar con anticipación: había un acuerdo de confidencialidad interno, nadie podía revelar el tema, la sorpresa era parte del show. "La comunidad siempre preguntaba: ¿ qué va a hacer Asmar?", recuerda. La decisión de quedarse en Punta Arenas no fue sólo suya. Su señora, Gloria, es química farmacéutica. Durante toda la carrera naval, cada traslado de él significaba que ella renunciaba a su trabajo y empezaba de nuevo. Cuando llegó el momento de decidir, Gloria fue directa: "Ahora te doy a ti". En 2023 decidieron quedarse. Compraron casa, organizaron todo, y esperaron el retiro de la Armada. Se dio en 2025.
Hoy trabaja en una empresa de soporte, entre otras cosas, a operaciones antárticas, donde ve la misma oportunidad que vio en Asmar: posicionarse como actor relevante para el desarrollo de la región en el continente blanco. De Valparaíso, la destinación que le asignaban cuando no era Punta Arenas, extrafia trotar por Las Salinas, pero no el tráfico. Le gusta Magallanes por su tranquilidad, por su gente, por la calidad humana, y por algo que repite con convicción: el potencial de desarrollo que tiene la región.
Identifica tres ejes estratégicos: la Antártica, con un crecimiento científico y turístico en alza permanente; los dos pasos bioceánicos, el estrecho de Magallanes y el paso Drake; y el hidrógeno verde, que aunque avanza lento, estima que hacia 2030 comenzará a materializarse con fuerza. "Toda la ciudad debería estar vinculada al tema antártico", dice. "La Antártica es parte de la región". Hoy, desde el mundo privado, ve la misma oportunidad que vio en Asmar: aportar al desarrollo que la región tiene por delante.
El marino casi por accidente que después no dudó de su profesión, que nació en una ciudad ventosa, con un frío extremo de noche, al alero del símbolo del desarrollo del país en ese momento, encontró un equivalente en el sur, donde hay una promesa de progreso y de una vida tranquila, sin mudanzas a corto plazo, y donde aporta al relato regional escribiendo su propio guión. Autor: Maria Pastora Sandoval.