Columnas de Opinión: El silencio que deja el visón en Chiloé
Columnas de Opinión: El silencio que deja el visón en Chiloé COLUMNA Recuerdo cuando llegué a trabajar a Senda Darwin hace algunos años. Caminaba por el puente de la entrada o por sectores del río Huicha, y muchas veces me encontraba con patos, garzas, yecos, coipos, martín pescador e incluso en un par de ocasiones con el huillín. Al recorrer la ribera el paisaje sonoro estaba lleno de anfibios y aves, eran parte de ese entorno vivo. Hoy, en esas mismas caminatas lo que más noto es el silencio. Un silencio que a veces dice más que cualquier sonido. Donde antes abundaban aves y pequeños animales, hoy quedan rastros de una presencia que no es de aquí: el visón americano. Recuerdo también mi primer encuentro con este animal en la estación. Fue hace un par de años, de noche cruzando el puente con una linterna frontal. A unos metros vi un pequeño animal oscuro, con los ojos brillando con la luz. Me detuve a observar, pensando con emoción que podía ser una guiña melánica. Pero en segundos se movió y entendí que era un visón. Caminó con seguridad hacia mí, sin miedo. Por precaución le grité para espantarlo. Se lanzó al río y desapareció.
Aline Hodges T., ingeniera en Conservación de Recursos Naturales y administradora de Estación Biológica Senda Darwin del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) Desde ese momento empecé a averiguar más sobre esta especie y sobre qué se puede hacer desde un área de conservación como Senda Darwin. El visón no llegó por azar. Fue introducido en Chile para la industria peletera y tras escapes y liberaciones, encontró en el sur un territorio ideal para habitar y expandirse. Sin depredadores naturales y con abundante alimento, su avance ha sido tan silencioso como devastador, tanto en Chile como en Argentina. Chiloé no ha quedado fuera. Vecinos de distintos sectores, especialmente de Ancud, cuentan que lo ven desde hace más de una década. Algunos incluso relatan haberlo visto cruzando el canal de Chacao o viajando en barcazas como un pasajero más. Otros recuerdan antiguas instalaciones peleteras más al sur de la Isla y cómo tras su cierre estos animales quedaron libres. El problema no es menor. El visón afecta directamente a la fauna nativa, depredando aves, anfibios y pequeños mamíferos, muchos de ellos vulnerables o endémicos. Es un depredador generalista y muy eficiente. Pero su impacto no es solo ecológico: también afecta a comunidades rurales, donde ataca gallineros y genera pérdidas económicas. Lo que algunos pensarían es "solo" un problema ambiental se vuelve un problema cotidiano para quienes viven en el territorio. Su presencia es consecuencia de decisiones humanas que no consideraron sus efectos a largo plazo.
Sin embargo, las respuestas actuales siguen siendo fragmentadas, con poca prevención y muchas veces insuficientes. ¿ Estamos abordando realmente el problema de fondo, o solo reaccionando a sus consecuencias? El caso del visón en Chiloé nos obliga a hacernos preguntas incómodas: sobre el silencio de quienes deberían tomar decisiones, respecto a cómo introducimos especies sin medir riesgos, cómo enfrentamos sus impactos y sobre qué entendemos por proteger la naturaleza en territorios donde también hay vida y actividad humana. Porque al final, el silencio que deja el visón no es solo la ausencia de fauna. Es también el reflejo de una responsabilidad que todavía no sabemos o no queremos asumir como sociedad..