Acciones decisivas ante la violencia escolar
Acciones decisivas ante la violencia escolar América Castillo Investigadora Asociada Instituto libertad 1 1 La discusión sobre seguridad en los establecimientos establecimientos educacionales está en ci centro dci debate público, a propósito de la muerte de una inspectora de un colegio en Calama, lo que motivó la urgencia de los proyectos de ley recientemente ingresados al Congreso, orientados a establecer nuevas sanciones frente a la violencia esco1ai Lejos de ser una reacción desproporcionada -como algunos han sugerido-, estas iniciativas responden responden a una realidad que dejó de ser excepcional. Hoy la violencia escolarya no es un fenómeno aislado; aislado; las denuncias por agresiones a docentes se han vuelto cada vez más frecuentes.
Las cifras lo confirman: confirman: en 2023 la Superintendencia de Educación recibió 22.680 denuncias, un alza de 18,7% respecto del año anterior (75% corresponden a problemas de convivencia escolar). Este deterioro sostenido no soio afecta el ambiente ambiente educativo, sino que erosiona las condiciones más básicas para enseñar y aprender. Cuando el espacio espacio escolar se ve tensionado por la violencia o el narco-control, deja de ser un lugar protegido para convertirse en uno marcado por el miedo.
En ese contexto, medidas como la revisión de mochilas, la regulación de elementos que impidan la identificación identificación como los pasamontañas o el fortalecimiento fortalecimiento de las atribuciones disciplinarias no solo son razonables, sino que necesarias.
El resultado de no incluir estas herramientas mucho antes, está a la vista y se refleja en una libertad mal entendida que, lejos de ampliar las posibilidades de los estudiantes, estudiantes, ha terminado por deteriorar la convivencia y debilitar la autoridad en las salas de clases. Pero, reducir el problema a una dimensión exclusivamente exclusivamente normativa sería un error. La crisis que atraviesa nuestra educación es más profunda y tiene que ver con el deterioro de la autoridad en los colegios.
Durante años, se ha ido desdibujando el rol del profesor, tensionado por discursos que lo subordinan frente a los apoderados, por políticas que desconfían de su criterio profesional y por una cultura que ha relativizado el valor del respeto y el buen trato. Pero hay un área aún más incómoda que no puede seguir eludiéndose: el rol de las familias.
Por eso, si bien los proyectos en discusión avanzan avanzan en la dirección correcta al devolver herramientas herramientas a directivos y profesores, es imprescindible complementarlos con una mirada preventiva que fortalezca ala comunidad educativa en su conjunto.
La pregunta de fondo no es solo cómo sancionamos sancionamos más efectivamente, sino cómo reconstruimos vínculos, cómo logramos que padres y profesores vuelvan a ser aliados, de qué manera incentivamos una participación real de las familias en la vida escolary dotamos de sentido al proceso educativo. La educación enfrenta una encrucijada. Podemos seguir abordando sus síntomas de manera fragmentada fragmentada o asumir que estamos ante una crisis de autoridad, de comunidad y de sentido. Recuperar la disciplina sin reconstruir los vínculos será insuficiente, insuficiente, pero pretender fortalecer la convivencia sin restituir la autoridad tampoco será posible. Lo que está enjuego no es solo el orden en las salas de clase, sino el tipo de sociedad que estamos formando..