EDITORIAL: Agua que se agota, futuro que se pierde
EDITORIAL: Agua que se agota, futuro que se pierde La escasez de agua que afecta a la provincia del Limarí dejó hace tiempo de ser una contingencia puntual. Es una problemática conocida, persistente y ampliamente diagnosticada, pero que no por ello puede quedar relegada a la normalización. Hoy, sus consecuencias se expresan con fuerza en el abandono de parcelas, la pérdida de cultivos y la incertidumbre de cientos de agricultores que ven amenazada su subsistencia. Los testimonios desde el mundo agrícola dan cuenta de una realidad desigual: mientras algunos sectores logran resistir gracias a pozos o infraestructura propia, otros simplemente quedaron fuera del sistema productivo. Esta brecha hídrica no solo impacta la economía local, sino que acelera el despoblamiento rural, profundiza la desigualdad territorial y compromete el relevo generacional en el campo. Que la escasez hídrica sea un problema arrastrado por años no puede transformarse en excusa para la inacción. Al contrario, exige mantener una vigilancia permanente y decisiones de largo plazo que aborden la gestión del recurso con seriedad, inversión y coordinación. Infraestructura, tecnificación del riego y una gobernanza más eficiente del agua son elementos clave para evitar que esta crisis siga avanzando. El Limarí no puede acostumbrarse a ver sus campos secos como parte del paisaje. El agua es más que un recurso productivo: es desarrollo, empleo y futuro. Mantener este tema en la agenda es una responsabilidad colectiva que no admite pausa.
Agua que se agota, futuro que se pierde Aunque la crisis hídrica del Limarí se arrastra desde hace años, su impacto actual --con parcelas sin producción y cultivos abandonados-obliga a mantenerla en el centro del debate público y de las decisiones de desarrollo. EDITORIAL.