Autor: Por Catalina Aliste y Felipe Rivera
Las nuevas águilas del Nido
Las nuevas águilas del Nido ara Padme Ahumada (18), la posibilidad de estudiar en uno de los colegios más caros y exclusivos del país comenzó casi como una broma.
Mientras cursaba segunP do medio en el colegio Monte Olivo, en la comuna de Puente Alto, se enteró de las becas del The International School Nido de Águilas gracias a Manuel Améstica (44), exprofesor de inglés de un colegio donde había estudiado en la básica.
Al conocer el programa a través de redes docentes, el profesor decidió difundirlo entre sus alumnos: aunque Ahumada ya no estaba en ese establecimiento, pidió que le hicieran llegar la información, convencido de que "si había alguna persona que podía hacerlo, era Padme". Sus amigos la animaron: siempre fue la compañera matea, buena para inglés, idioma que aprendió junto a su hermana mayor, viendo películas y series extranjeras. Para una adolescente de Bajos de Mena, en Puente Alto, no había mucho que perder.
Su padre, trabajador metalmecánico, y su madre, vendedora en un persa, cuentan que la oportunidad "llegó caída del cielo". Los principales requisitos eran haber cursado 7 básico, 8 básico o 1* medio en un colegio de carácter público o particular subvencionado, vivir en la Región Metropolitana, tener un promedio mínimo de 6,5 y un nivel intermedio de inglés. El proceso de Ahumada comenzó el 20 de septiembre de 2023 y duró cerca de cuatro meses, donde tuvo múltiples entrevistas en dicho idioma. También fue evaluada psicológicamente y una asistente social del colegio fue a su casa para evaluar su nivel socioeconómico. Su postulación se diluyó entre pruebas, tareas y el cierre del año escolar. Hasta que, en diciembre de ese año, un correo interrumpió su rutina: la citaban a una reunión online para avisarle el resultado de su postulación.
Horas después, en el living de su casa, con sus padres al lado acompañándola, llenos de lágrimas, le anunciaron que había obtenido una de las becas. "Una broma, una cosa muy ligera, se volvió algo que de verdad cambió la trayectoria de mi vida", dice.
Comenzó a levantarse a las 5.35 am, con el cielo oscuro, dos horas y quince minutos antes de lo habitual, para emprender un viaje de casi tres horas -ida y vueltadesde su casa hasta Lo Barnechea, donde se ubica el colegio más caro del país, históricamente pensado para hijos de diplomáticos y con una matrícula compuesta por 50% de estudiantes chilenos, 15% estadounidenses y 34% de otras nacionalidades. Entre las más representadas están Chile, Estados Unidos, Brasil, Corea del Sur y España. La iniciativa "Nido Scholars" nació en 2019, un año después del suicidio de la alumna Katy Winter tras ser víctima de ciberacoso. Brenda Paz Soldán, directora de Inscripción, Comunicaciones y Avances del Nido de Águilas, explica que el programa proviene "del sentimiento de responsabilidad pública", debido a que es financiado por la propia comunidad. Desde su página web, se pueden hacer donaciones que parten desde los 15 dólares. Para la admisión de este año se recaudaron $ 83.562.922, a través de 162 donaciones. El monto está destinado a cubrir la matrícula, comidas, transporte, materiales, tecnología, oportunidades extracurriculares y asesoramiento académico y universitario.
Para Juan Pablo Catalán, doctor en Educación de la Universidad Andrés Bello, este tipo de iniciativas, aunque positivas, dejan al descubierto las fallas estructurales del sistema educativo chileno: "Desde una mirada de política pública, su contribución a la movilidad social es totalmente marginal, porque estas becas no modifican el sistema educativo público: sigue siendo igual. Es un mecanismo de excepción dentro de un modelo profundamente segmentado", asegura. Antes de eso, Ahumada no tenía mayores ambiciones: "Yo pensaba que iba a ganarme la vida haciendo malabares en los semáforos", dice.
Tenía 16 años y estudiaba en un colegio donde no siempre se podía aprender en tranquilidad. "La vida acá en Bajos de Mena es dura, te descuidas un poco y te quitan el teléfono, o el camión", asegura Marco Ahumada, su padre. De su anterior colegio, solo el 65,2% de los estudiantes de su generación ingresó a una institución de educación superior, frente al 100% del Nido. La posibilidad de salir de ahí, en sus palabras, podía salvarle la vida. La expectativa de un niño genio El gusto de Bruno Loyola (23) por las matemáticas están desde que tiene memoria. De niño jugaba con los boletos de las antiguas micros amarillas y, en la básica, competía en olimpíadas de matemáticas en la Escuela Nuestra Señora del Carmen, en Quilicura. Darío Loyola, su padre, aún guarda una caja con las medallas que ganó su hijo. "Bruno no celebraba cumpleaños, porque pasaba los fines de semana en competencias. Pero a él le gustaba", recuerda. Así, en séptimo básico llegó al Instituto Nacional, sin imaginar que ese espacio también le quedaría chico. El anhelo de movilidad social fue siempre una expectativa familiar. Su papá, con formación técnica, y su mamá, con enseñanza media completa, imaginaron un futuro mejor tanto para él como para sus hermanos menores. En 2019, mientras cursaba tercero medio, Loyola se enteró por un compañero del Instituto sobre las becas del Nido de Águilas.
Se interesó en ellas por una promesa clara: poder estudiar fuera de Chile. "Sentía que si quedaba en el Nido estaba casi listo (. .. ). Entonces me puse las pilas en inglés", recuerda hoy el ingeniero mecánico de Lafayette College, en Pensilvania (EE.
UU. ). Sylvia Eyzaguirre, investigadora del Centro de Estudios Públicos (CEP), es crítica con el fin de los colegios emblemáticos debido a la Ley de Inclusión Escolar, promulgada en 2015 bajo el segundo gobierno de Michelle Bachelet que, en sus palabras, ha tenido un efecto indeseado. "Cumplían un rol social entregando oportunidades a alumnos talentosos para poder acceder a las carreras y a las universidades más selectivas del país. Ese rol ya no lo están cumpliendo, o lo están cumpliendo en bastante menor medida, perjudicando la movilidad social y las oportunidades de los alumnos de bajos ingresos", plantea la investigadora. En 2016, por primera vez, el Instituto Nacional quedó fuera de los colegios con las 100 mejores ponderaciones en las Pruebas de Acceso a la Educación Superior. Este año, según cifras del Demre, el Liceo Augusto D'Halmar de Ñuñoa fue el único recinto público y emblemático que estuvo dentro del ranking con las mayores ponderaciones PAES. El Monte Olivo, antiguo colegio de Ahumada, quedó en el puesto 1.303 frente al puesto 130 que alcanzó el Nido.
El 1 de enero se concretó el traspaso del Instituto Nacional, el Liceo 1 Javiera Carrera, el Liceo de Aplicación y el Internado Nacional Barros Arana y otros 39 establecimientos de la capital al Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Santiago Centro. Aunque el modelo busca mejorar la gestión e inyectar recursos, su diseño e implementación a nivel nacional han sido duramente cuestionados por la oposición. Para Gustavo Alessandri, presidente de la Asociación Chilena de Municipalidades (ACHM), "el modelo SLEP está priorizando SIGUE Autor: Por Catalina Aliste y Felipe Rivera. Seis estudiantes de colegios vulnerables han sido becados para estudiar en el colegio Nido de Águilas desde 2019. El programa financiado por el propio establecimiento, dicen los propios beneficiados, les salvó la vida. No sólo porque les permitió entrar a SIGUE Las nuevas águilas del Nido Padme Ahumada (18) junto a sus padres, Marco y Noemí.