Autor: Crónica periodistas@elpinguino.com
El día que un halcón abrazó a un peregrino de la memoria
El día que un halcón abrazó a un peregrino de la memoria s a d i d e c s o t o f Hay guerras que se miden en años y otras que caben en apenas dos meses y medio, pero dejan marcas que duran generaciones.
La Guerra de Malvinas fue exactamente eso: un conflicto breve y feroz que estalló el 2 de abril de 1982, cuando tropas argentinas tocaron suelo en las islas para reclamar una soberanía disputada durante más de un siglo. Setenta y cuatro días bastaron para escribir uno de los capítulos más dolorosos -y a la vez más inolvidablesde la historia argentina reciente.
Cuarenta y cuatro años después de aquel otoño austral, Pablo Beliera, un hombre que tenía apenas trece años cuando la guerra estalló en la Patagonia, sigue persiguiendo a sus héroes con la terquedad de los que no olvidan.
Una brújula vieja en el bolsillo del abrigo “En mi vida diaria siempre persigo el anhelo de conocer a todo soldado que combatió por convicción en la batalla por las Islas Malvinas en el otoño de 1982”, confiesa Beliera al inicio de su relato.
Esa búsqueda, que él mismo describe como una “curiosidad” insaciable, lo llevó hasta la 50ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en el predio ferial de Palermo, un sábado 9 de mayo por la tarde.
El motivo era concreto: Google le había revelado que en el stand de la Fuerza Aérea Argentina estaría firmando libros el Comodoro (R) Pablo Marcos Carballo, uno de los pilotos que durante la guerra atacó varios ! buques británicos volando al ras del mar. “Esto me entusiasmó y me empujó a ir”, recuerda. Para dimensionar la figura que Beliera fue a buscar, hay que recordar el contexto. A inicios de 1982, la junta militar argentina liderada por el teniente general Leopoldo Galtieri abandonó las prolongadas negociaciones con Gran Bretaña y lanzó una invasión de las islas.
La decisión fue principalmente política: la junta, criticada por la mala gestión económica y los abusos a los derechos humanos, creía que la “recuperación” de las islas uniría a los argentinos detrás del gobierno en un fervor patriótico. Lo que comenzó como un cálculo político se transformó pronto en una guerra real, donde el Reino Unido envió hasta 127 barcos frente a unas tropas argentinas poco preparadas, ya que los Autor: Crónica periodistas@elpinguino.com. Un relato que revive la Guerra de Malvinas desde la mirada de quienes aún buscan a sus héroes, mostrando cómo un conflicto breve dejó cicatrices profundas y memorias que siguen marcando generaciones. Crónica de un encuentro en la Feria del Libro de Buenos Aires Comodoro Pablo Marcos Carballo y Pablo Beliera. El día que un halcón abrazó a un peregrino de la memoria cuerpos de élite estaban en la frontera con Chile. En ese desigual escenario, los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina escribieron páginas heroicas. Entre los episodios más recordados se encuentran el hundimiento del crucero General Belgrano el 2 de mayo por el submarino británico Conqueror, y el ataque argentino al destructor Sheffield el 4 de mayo. Carballo fue uno de esos “Halcones” -apodo con que se conoció a los aviadores argentinosque volaron misiones casi suicidas contra la flota británica. Caminar la feria, tocar la historia Antes de llegar al stand de su héroe, Beliera se dejó atrapar por la feria. “Mi curiosidad me llevaba a tratar de ver, escuchar, enterarme de todo cuanto pudiera”, cuenta. Asistió primero a la presentación del libro Malvinas, el legado, un compilado de historias contadas por sus protagonistas. “Quería estrecharles las manos a todos, para mí son como superhéroes”, confiesa. Luego presenció la presentación de un libro ilustrado para adolescentes sobre la dictadura militar argentina iniciada el 24 de marzo de 1976.
Una historia que está íntimamente entrelazada con la de Malvinas: fue aquella misma junta militar la que tomó la decisión de invadir las islas, y fue precisamente la derrota la que terminó por desmoronar al régimen. La derrota en Malvinas aceleró el fin del régimen militar, y Argentina volvería a la democracia al año siguiente, en octubre de 1983. El hombre del traje gris Y por fin, el momento esperado. “Llegué al lugar y allí estaba, el Sr. Carballo, traje gris, muy humilde, con 2 rosarios colgando de su cuello, firmando amablemente los libros que la gente compraba”, relata Beliera.
El piloto que en 1982 voló a metros del mar para batir buques británicos era ahora un caballero pausado que dedicaba cada ejemplar al nombre del lector y “se interesaba en preguntarle a cada persona a qué se dedicaba”. Beliera compró el libro: Los Halcones no se lloran. Solo el título ya es una declaración de principios. En la cola conoció a Nicolás, un técnico aeronáutico tan entusiasta como él. “Nos pusimos a charlar sobre datos de la guerra, que cada uno había recolectado todos estos años, y los dos compartíamos el deseo de conocer a ese hombre de traje gris”, cuenta. La espera, que en otras circunstancias hubiera sido tediosa, se transformó en encuentro entre desconocidos hermanados por la misma memoria. Llegó su turno. El aviador lo recibió amablemente, preguntó su nombre y, al escuchar la respuesta, sonrió: “Me llamó tocayo, ya que ambos somos Pablo de nombre de pila”. Le dedicó el libro de puño y letra. Pero el Comodoro no se quedó ahí.
“Luego me prestó su campera verde de vuelo, con sus parches de la Quinta Brigada Aérea de Villa Reynolds, provincia argentina de San Luis, también me prestó su pañuelo y su casco de combate, con las islas dibujadas y su indicativo: Cruz”, relata Beliera. Después de la fotografía, vino el abrazo. “Este honorable caballero del aire, quien fue becado a los Estados Unidos para volar aeronaves como F-16 y F-18 Hornet”, lo estrechó como a un viejo conocido. Y luego siguió “brindando su humanidad al público”, como si entregarse a los demás fuera apenas la prolongación natural de aquel coraje que había desplegado cuarenta y tres años antes sobre el Atlántico Sur. El peso de los que no volvieron Beliera se retiró feliz. Pero su felicidad, como toda emoción ligada a Malvinas, tiene un fondo grave.
Porque la guerra que él investiga desde la adolescencia dejó cifras que duelen: la guerra duró 74 días y las bajas sufridas en total fueron 255 británicos y 649 soldados argentinos, de los cuales 123 continúan sin ser reconocidos sus cuerpos. Detrás de cada número hay un nombre, una madre que esperó cartas que nunca llegaron, un pueblo que cambió para siempre. Es por esos 649 que Beliera persigue Halcones. Es por los que no volvieron que estrecha la mano de cada veterano que se cruza en su camino.
El amigo del fin del mundo Su crónica termina con una mención que vale como dedicatoria: “Seguiré compartiendo con mi amigo Francisco, presente en lo más austral de la República de Chile, que un día me recibió sin conocerme, también con mucha humildad me dio cuanto pudo para que yo siga concretando este sueño, que es conocer un pedacito de la historia, cruel quizás, de mi país”. Quizás ahí esté la lección más honda de este relato. Que las heridas de Malvinas -tan argentinas, tan dolorosasencuentran también, del otro lado de la cordillera, hermanos dispuestos a sostener la memoria. Porque en el fin del mundo, donde los vientos del Atlántico Sur siguen susurrando los nombres de los caídos, hay quienes entienden que recordar es la forma más honesta de honrar. Y mientras existan hombres como Pablo Beliera, dispuestos a cruzar ciudades para abrazar a un piloto de traje gris y dos rosarios al cuello, los Halcones seguirán volando. Aunque, como dice el título de aquel libro firmado por la mano de Cruz, no se los llore. Autor: Crónica periodistas@elpinguino.com. El encuentro con un héroe y una inspiración para las nuevas generaciones.