Autor: NICOLÁS LUCO
Columnas de Opinión: Me arrepiento
Columnas de Opinión: Me arrepiento A estas alturas, reviso si puedo cantar con Edith Piaf “Je ne regrette rien” (No me arrepiento de nada). Puedo cantarla, sí, es una canción preciosa, pero no puedo firmarla.
Me arrepiento de varias chambonadas, pero destaco mi contrición por haber fomentado los videojuegos, por haber jugado tantas horas y días, por las consecuencias malas que, pienso, me han traído a mí, a mi familia y a la cultura. “No está mal videojugar, lo malo es la adicción”, me dice mi señora al desayuno. Yo conozco esa adicción. Fui uno de los primeros hipnotizados por el Pong. Y por mi Atari 800 XL. Sid Meier, autor de “Colonization” y “Civilization” me quitó noches de sueño. Solitario. A veces, en el trayecto a casa se me ocurrían estrategias para ser mejor. Los videojuegos me hicieron alcalde, piloto, detective, casi Dios. Y me entendía tan bien con otros videojugadores. “¿A qué nivel llegaste?”, era una pregunta clasificatoria. Intenté jugar en grupo, sin éxito. Quizás mis hijos recuerden tardes jugando juntos. Como periodista, me propuse responder al fenómeno, tan contemporáneo. Escribí sobre nuevas versiones de clásicos. A veces, la vida me inspiraba relatos para crear videojuegos. Me fascinó cuando amigos y amigas fueron metiéndose en la industria de mundos virtuales. Tengo una, Pía Manzur, quien trabajó en “El Mercurio” como brillante diseñadora, que ha saltado a altísimos niveles en la creación de videojuegos y hoy derrama su talento desde Europa al OPINIÓN mundo. Y ProChile mereció mis aplausos cuando generó un programa para fomentar la exportación de servicios de diseño. También conocí a fondo Autodesk, la firma que genera programas para calcular estructuras, arquitecturas. Y admiré los nuevos robots, especialmente los dedicados a la cirugía, la minería, los simuladores en las Fidae. En fin. Pero me inquietan mis nietos y nietas videojugadores. Me preocupa el traslape entre lo virtual y la realidad. Veo algunas estéticas en el vestuario, peinados y maquillajes que transforman a las personas en avatares. Y leo la declaración de un empresario de las ilegales apuestas en línea afirmando que él no está por la moral, sino por el negocio. Así es que me arrepiento de haber propiciado videojuegos, especialmente en estos días en que queda demostrado que resulta más fácil derribar civilizaciones oprimiendo un botón que encendiendo una antorcha. El traslape.
No dejo de admirar el talento en el diseño de lo virtual, pero a esos novios que nos envían listas de regalos les notifico que no será una consola de videojuegos lo que elegiremos para mejorar su vida matrimonial, ni la de sus hijos. Tal vez sea mejor un ludo. Yo tengo este peso en mi alma. Je le regrette. Autor: NICOLÁS LUCO.